La euforia futbolera arrasa con todo. Pero, regresaremos a nuestra triste realidad. Los pronósticos de crecimiento van a la baja. Rondan el 1% y algunos menos. La creación de empleos formales va en declive. La informalidad crece. Por primera vez en nuestra historia reciente, la matrícula escolar desciende en todos los niveles. Justo cuando el mundo vive una revolución en las habilidades provocada por la IA, en México los jóvenes huyen de la educación media superior, de los tecnológicos y de las universidades. Por esos motivos, la movilidad social está estancada y el impacto de los apoyos sociales en directo, ya llegó a sus límites. El consumo se tambalea y la inflación hace travesuras.
Por más cacareo oficial sobre los niveles de Inversión Extranjera Directa (IED), la verdad oculta al gran público es que alrededor del 90% es reinversión. No llega nueva Inversión Fija Bruta, vamos, fierros. La inversión mexicana sale. La desinversión en el sector energético de la última década, generación y distribución de electricidad, para no hablar del caos en refinación, nos convierten en un territorio poco confiable en energía, factor clave de la nueva economía. Por eso países como Vietnam, sin un solo kilómetro de frontera con EEUU, se nos adelantan en el nearshoring. Raúl Olmos ya entregó un testimonio periodístico obligado: "Huachicol Fiscal". Francisco Barnés de Castro ha expuesto las dimensiones de los huachicoles, el bruto y el fiscal que creció aceleradamente en el primer trimestre. Estamos hablando de 165,000 barriles diarios. Barnés hace comparaciones provocadoras, el acumulado, en el caso de que se estuviera almacenando, sería el equivalente al 80% del volumen del Estadio Azteca o 600 albercas olímpicas. La merecidamente laureada -y atacada por el gobierno, Carmen Aristegui- se pregunta, con sentido común, ¿almacenar?, mejor venderlo ahora con precios altos. ¿Dónde se puede almacenar una cifra que ronda los 10 millones de barriles?
Pero el caos administrativo y la corrupción en escalas nunca vistas, hacen sombra a otros hechos que pudieran ser aún más graves. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admitió hace un par de días una demanda de la SIPDH (Servicios Internacionales de Derechos Humanos). Más de 400 jueces federales y magistrados mexicanos en contra de la destrucción del Judicial. La demanda colectiva, llevó a que CIDH, organismo de la OEA, dictara un emplazamiento oficial que obliga al Estado mexicano a justificar la nefasta reforma que desmanteló la carrera judicial. México tiene 4 meses para responder.
El daño es quizá el más profundo, pues el Estado mexicano, ante los ojos del mundo, está quebrado, roto, carece de un cimiento imprescindible para cualquier Estado nación. Por eso la inversión no viene o se protege con arbitrajes de todo tipo y asociaciones con empresas que puedan litigar en el exterior. Si la CIDH concluye que hay violaciones a la Convención Americana de DH, el caso ascendería a la Corte Interamericana cuyas sentencias son vinculantes. La probabilidad de que ello ocurra es muy alta. ¿Qué va a hacer el actual gobierno, ¿seguir fingiendo demencia?. Todo esto en medio de la renegociación comercial y de las transformaciones mundiales que, con ese claro motivo, nos descalifican como destino. La SIPDH lo pone muy claro: "No se trata de jueces defendiendo su cargo. Se trata de algo más incómodo: ¿qué pasa cuando quien decide (sobre) tu libertad, tu patrimonio o tu familia, empieza a depender de la lógica política. Un juez que tiene que mirar al poder antes de dictar una sentencia deja de ser juez …y la justicia deja de ser justicia". Y sigue: "No hay democracia sin jueces". Conclusión: "México tendría que reformar su reforma". Sheinbaum lo puede hacer, tiene las mayorías. Lo debería hacer lo antes posible, para poder gobernar por lo menos cuatro años en un estado pleno y no este, que camina como pato cojo, porque está cojo.