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El reporte de Oppenheimer

El derrumbe del comercio regional en América Latina

ANDRÉS OPPENHEIMER

El choque diplomático entre Argentina y Brasil, luego de que el presidente argentino Javier Milei tildara a su colega brasileño Luiz Inácio Lula da Silva de “ladrón” y “corrupto”, esconde una realidad mucho más preocupante: las peleas políticas en América Latina están frenando el crecimiento económico en toda la región.

Tras los dichos de Milei durante un viaje a Brasil para apoyar al candidato de derecha Flavio Bolsonaro, el gobierno brasileño llamó a consultas a su embajador en Argentina, y posteriormente postergó indefinidamente su regreso a Buenos Aires.

Pero mientras que este lío diplomático acaparaba los titulares, otra noticia — más aburrida, pero más importante — pasó casi desapercibida: el comercio interregional entre los países de toda América Latina cayó a su punto más bajo en casi dos décadas, según un nuevo estudio de las Naciones Unidas.

El estudio “Rupturas y Oportunidades” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), dice que el comercio interregional en Latinoamérica cayó de un pico histórico del 21% de las exportaciones totales de la región en 2008 a apenas el 14% en 2024.

Se trata de una de las tasas de comercio interno regional más bajas del mundo. En comparación, el comercio interregional en la Unión Europea es de más del 60% de sus exportaciones totales.

Los tres copresidentes del grupo que elaboró el estudio —el titular de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, y los expresidentes Michelle Bachelet de Chile e Iván Duque de Colombia— dejaron de lado sus diferencias políticas para buscar recetas comunes para impulsar las economías latinoamericanas.

El informe propone que, en lugar de buscar acuerdos presidenciales difíciles de cumplir, hacer acuerdos concretos en áreas específicas. O sea, menos discursos grandilocuentes sobre la patria grande, y más acuerdos puntuales para reducir las trabas aduaneras que dificultan la exportación de tornillos, o de cualquier otro producto, de un país de la región a otro.

Hoy día, a muchos productores latinoamericanos les resulta más fácil exportar a Estados Unidos o a China que a los países vecinos. México destina el 84% de sus exportaciones a Estados Unidos y solo el 4% al resto de Latinoamérica, mientras que Brasil envía el 28% a China, y solo el 15% al resto a la región, dice el estudio.

El comercio interregional es una gran oportunidad perdida para América Latina, porque representa un mercado de más de 660 millones de personas y un producto bruto conjunto de 6.8 billones de dólares, señala el informe.

La integración regional y la inserción en economía mundial no son aspiraciones contradictorias, sino que se complementan, dice el estudio. “La economía mundial parece estar reconfigurándose cada vez más en torno a bloques regionales”, agrega.

Además, una mayor apuesta por el comercio interregional le ayudaría a América Latina a diversificar sus riesgos, y a protegerse mejor contra shocks externos como los aranceles del presidente Donald Trump.

Como me dijo Duque, “necesitamos desideologizar la integración comercial. La integración no es de izquierda ni de derecha; por el contrario, nos fortalece, nos abre oportunidades de negocio y nos hace menos vulnerables”.

Citó como ejemplo negativo lo que pasó con la Alianza del Pacífico, el acuerdo comercial creado en 2012 entre Chile, Colombia, México y Perú, que después de unos años fue frenado por México por motivos políticos.

Estoy de acuerdo. Hace unos años escribí un libro titulado “Los Estados desunidos de Latinoamérica”, donde decía que América Latina siempre trató de hacer la integración al revés: de arriba para abajo. Se hicieron grandes cumbres presidenciales con declaraciones finales muy ambiciosas, pero que dejaban los detalles concretos para el futuro.

En Europa, hicieron exactamente lo contrario. Lo que hoy es la Unión Europea, de 27 países, arrancó en 1951 como un tratado que abarcaba solo dos productos —el carbón y el acero— y después le fueron agregando cada vez más bienes, hasta llegar a crear un mercado común europeo.

Es hora de que América Latina empiece a construir la integración regional de abajo para arriba. Si se logra despolitizar el comercio con acuerdos aburridos sobre productos concretos, los presidentes de Argentina y Brasil – o de cualquier otro país – podrían insultarse todos los días, pero la economía regional crecería más para beneficio de todos.

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