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El reporte de Oppenheimer

Si gana Bolsonaro, México se queda solo

ANDRÉS OPPENHEIMER

Si Flávio Bolsonaro gana la segunda vuelta electoral en Brasil el 25 de octubre, como es muy posible, México se va a quedar muy solo en América Latina. Todos los países grandes de la región, excepto México, tendrían gobiernos de derecha, lo que podría dificultarle la vida a la presidenta Claudia Sheinbaum en varios frentes.

En el plano externo, México estaría mucho más aislado en su oposición a los deseos expresos del presidente Donald Trump de bombardear laboratorios de drogas o atacar a grupos de narcotraficantes en territorio mexicano.

Sheinbaum ha dicho que ese tipo de acciones militares de Estados Unidos violarían la soberanía de México. Y el presidente de izquierda de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sido un aliado clave de Sheinbaum en ese tema.

Ambos países, los más grandes de América Latina, se han negado a participar en la alianza “Escudo de las Américas”, impulsada por Trump para combatir a los cárteles del narcotráfico, a la que ya se sumaron Argentina, Colombia, Chile, Perú y Ecuador, entre varios otros.

Lula también criticó, al igual que México, los ataques aéreos de Estados Unidos contra lanchas de presuntos narcos en el Caribe. 

Pero si Bolsonaro le gana a Lula, Brasil muy probablemente cambie su postura en temas de seguridad.

“Me parece muy probable que Bolsonaro, si gana, se una al ‘Escudo de las Américas’”, me dijo el politólogo Sergio Fausto, director de la Fundación Fernando Henrique Cardoso en Sao Paulo.

“Aunque los militares brasileños serían un poco renuentes, porque son bastante nacionalistas y no querrían ser vistos como súbditos de Washington, creo que Flávio iría por ese camino”, agregó. 

En ese caso, Trump podría señalar a México como el único país grande de la región, y el principal territorio por donde pasan las drogas, que se resiste a las acciones militares conjuntas con Estados Unidos contra los narcos en su territorio.

Asimismo, Sheinbaum perdería a su principal aliado en grupos regionales como la CELAC y su mejor puente con los BRICS, el grupo de potencias emergentes del que México no forma parte. Si Brasil se retira o toma distancia de estos grupos, México se quedaría sin un interlocutor clave ante ellos.

Incluso en foros como las Naciones Unidas, México podría perder otros aliados de peso. 

El debilitado presidente del gobierno de España, el socialista Pedro Sánchez, acaba de convocar a elecciones anticipadas para el 29 de noviembre, y casi todas las encuestas muestran que podría ganar la derecha.

En el plano interno, una presidencia exitosa de Bolsonaro podría servir de modelo de campaña para la rezagada oposición de derecha en México de cara a las elecciones legislativas de 2027. 

Al día siguiente de la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta, la bolsa de Sao Paulo se disparó y el real se fortaleció, señal de que los inversionistas están ilusionados con su posible llegada al poder. 

También podría darse un “efecto Bolsonaro” en México si un gobierno de derecha en Brasil tuviera éxito con su plan de aplicar la “mano dura” contra el crimen organizado y la violencia de los cárteles. Bolsonaro ha convertido la lucha contra el crimen en uno de sus principales temas de campaña.

Además de sugerir que podría unirse a la alianza de Trump contra el narcotráfico, propuso un plan llamado “Brasil sin Miedo”, que promete seguir el ejemplo de El Salvador y construir cinco megacárceles. 

En el plano económico, no creo que Brasil deje de tener a China como su principal socio comercial, pero Bolsonaro podría hacer una campaña formidable para atraer inversiones de Estados Unidos. Eso podría traducirse en una mayor competencia para México en industrias como los centros de datos para las grandes empresas de inteligencia artificial.

Tampoco es probable que un giro a la derecha en Brasil tuviera un gran impacto en el comercio con México. Comparado con Estados Unidos, el destino de más del 80% de las exportaciones mexicanas, el comercio de México con Brasil es ínfimo. 

Es cierto que lo que pasa en Brasil no le quita el sueño a casi nadie en México, que vive mirando al norte. Pero debería. Si Bolsonaro gana, Sheinbaum se quedaría sin su principal aliado en la región frente a las crecientes presiones de Trump. Y en política exterior, quedarse solo nunca es buena noticia.

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