La posible victoria del candidato de derecha Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta electoral del 25 de octubre en Brasil podría, en teoría, resultar en un bloque de países promercado capaz de atraer una ola de inversiones a América Latina. Pero hay varias razones por las que es difícil que eso ocurra.
Un triunfo de Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, dejaría a todos los países más grandes de la región, salvo México, con gobiernos de derecha.
Es cierto que eso podría llevar a acuerdos de cooperación contra el crimen organizado, ya que varios de los nuevos mandatarios han esgrimido el combate a la delincuencia como una de sus principales prioridades. Pero les será difícil formar una alianza económica o política fuerte.
Primero, el factor que aglutina a los presidentes de derecha de la región —su alianza con el presidente Donald Trump— podría diluirse muy pronto. Si las encuestas aciertan y el Partido Republicano pierde las elecciones legislativas del 3 de noviembre en Estados Unidos, Trump va a quedar como un presidente muy débil durante el resto de su mandato.
Trump ya tiene 80 años, y la Constitución le impide volver a postularse. Si pierde su actual control del Congreso, tendrá que lidiar con una ola de investigaciones por presuntos casos de corrupción y abusos de poder.
“A este bloque le va a faltar su padrino”, me dijo Diego Guelar, exembajador de Argentina en Brasil y Estados Unidos. “El artífice de esta ola de derecha en América Latina es Trump, pero lo más probable es que a partir de noviembre Trump entre en su ocaso”.
La plataforma de análisis electoral Silver Bulletin, que se basa en las últimas encuestas, dice que los demócratas tienen un 93% de probabilidad de ganar el control de la Cámara de Representantes y un 72% de ganar el Senado.
Segundo, varios de los nuevos líderes de derecha de la región son críticos de las organizaciones multilaterales y de los bloques de integración regional como el Mercosur, cuyas reglas les impiden firmar acuerdos de libre comercio por su cuenta con terceros países. El nacionalismo de los mandatarios de derecha puede ser más fuerte que las coincidencias ideológicas con sus vecinos. Así como Trump enarboló el “America First” (Estados Unidos Primero), puede que veamos un “Brasil First” y un “Argentina First” que impidan la formación de un bloque regional sólido.
“Yo no sería superoptimista de que una victoria de Bolsonaro resultaría en un esquema de integración como se pudo lograr en Europa”, me dijo el politicólogo Sergio Fausto, director de la Fundación Fernando Henrique Cardoso en Sao Paulo.
“Muchos de estos presidentes son un poco reacios al multilateralismo”, agregó Fausto. “Esta es una derecha que tiene mucha desconfianza a la renuncia de soberanía. Y creo que esto sería un freno en términos de la integración regional”.
Tercero, de ganar, Bolsonaro pondría como una de sus prioridades económicas alentar las inversiones de Estados Unidos, lo que podría dejar en desventaja a sus vecinos. A la hora de competir por centros de datos para las empresas de inteligencia artificial o fábricas de autopartes, Brasil podría aumentar su actual ventaja sobre Argentina, Chile y Colombia.
Cuarto, el tema migratorio ya está causando tensiones entre gobiernos ideológicamente afines.
El presidente chileno José Antonio Kast está construyendo barreras físicas y tecnológicas en las fronteras con Perú y Bolivia para frenar la migración de indocumentados. Los tres países tienen gobiernos de derecha o centroderecha, pero la cuestión migratoria genera fricciones entre ellos.
Finalmente, está el tema de los egos. Bolsonaro, aunque no ha mostrado mucho interés por la política exterior, podría encontrarle el gusto a convertirse en una estrella en los foros internacionales de derecha, como el presidente argentino Javier Milei. ¿Entrarán en competencia?
Si gana Bolsonaro, sería buenísimo que los países de derecha y centroderecha aprovecharan sus afinidades políticas para impulsar algunas iniciativas comunes. Como mínimo, podrían crear una visa regional para facilitar la llegada de millones de turistas chinos, o abrir oficinas comerciales conjuntas en el exterior para promover las exportaciones.
Pero, por ahora, más allá de declaraciones sueltas y la alianza contra los cárteles de la droga creada por Trump, no se ve nada concreto. Lo más probable es que América Latina tenga más presidentes de derecha que nunca, pero ningún bloque de derecha.