El presidente Donald Trump está escalando su campaña de presión contra Cuba, incluso sugiriendo que podría ordenar un ataque militar inminente contra la isla. ¿Pero son creíbles sus amenazas, o son teatro político?
El propio Trump y sus funcionarios han alimentado en días recientes la idea de que un ataque contra Cuba es cada vez más posible.
Trump dijo que está dispuesto a "tomar" Cuba si la isla no hace reformas económicas y cambia su cúpula gobernante, y que - tras los ataques contra Irán y Venezuela - "Cuba será la siguiente". Asimismo, el presidente firmó una orden ejecutiva que clasifica a la isla como una "amenaza inusual y extraordinaria" para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Pero más allá de las amenazas verbales, Trump ha tomado varias medidas concretas para aumentar la presión. Ordenó un bloqueo naval para limitar el suministro de petróleo a la isla, endureció las sanciones a empresas extranjeras que operan en Cuba y anunció sanciones contra nueve altos funcionarios y generales cubanos.
El 20 de mayo, el Departamento de Justicia anunció cargos formales contra Raul Castro, el poder detrás del trono en Cuba a pesar de sus 94 años.
Y en medio de todo esto, el portal de noticias Axios reportó que según supuestos informes de inteligencia de Estados Unidos, Cuba habría comprado 300 drones militares rusos e iraníes para atacar bases estadounidenses. El Gobierno de Cuba respondió diciendo que no pretende atacar a nadie, y que Cuba "no es una amenaza".
Según el portal de noticias Politico.com, Trump está frustrado por la falta de respuestas de Cuba a sus exigencias y cada vez más decidido a ordenar un ataque militar. 'Político' citó una fuente con acceso a discusiones internas en la Casa Blanca diciendo que "el estado de ánimo ha cambiado" en el círculo cerrado de Trump, y que "ahora se está considerando una acción militar mucho más que antes".
Michael Bustamante, profesor de estudios cubanos de la Universidad de Miami, me dijo que "evidentemente hay una creciente frustración de la Casa Blanca con lo poco que se ha avanzado" en las negociaciones para lograr cambios en la isla.
Según Bustamante, "hay señales crecientes" de que el Gobierno de Trump podría estar considerando seriamente una acción militar.
Sin embargo, el sentido común me dice que lo más probable será que ambos gobiernos lleguen a un acuerdo en el que Cuba haga cambios - aunque sean cosméticos - que ambas partes puedan vender como una victoria política.
Trump está buscando una victoria en política exterior - o algo que él pueda presentar como tal - tras su desplome en las encuestas luego de la guerra con Irán, y con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte. Quiere poder decir:"yo fui el primer presidente de Estados Unidos que logró acabar con el régimen cubano", aunque solo logre un cambio de nombres en la cúpula cubana.
Y el régimen cubano, a su vez, tiene pocas alternativas: necesita un acuerdo con Washington para salir de su crisis. Aunque Cuba y Estados Unidos han vivido varios momentos de crisis desde que Fidel Castro tomó el poder en 1959, esta vez las cosas son distintas.
Cuba nunca ha vivido una crisis económica como la actual, ni siquiera tras la caída de la Union Soviética. La isla está sufriendo apagones que duran todo el día, el turismo se desplomó y el propio Gobierno admite que las reservas de petróleo se han agotado. Y a diferencia del pasado, Cuba ya no cuenta ni con la Union Soviética ni con Venezuela para recibir petróleo subsidiado, o regalado.
También a diferencia de crisis anteriores, Cuba ya no tiene un líder carismático como Fidel Castro ni el respaldo diplomático de antes. En los últimos dos años, casi todas las elecciones de América Latina han sido ganadas por candidatos de derecha que ven a Cuba como una dictadura brutal y decrépita.
Entonces, por la necesidad de Trump de adjudicarse una victoria en política exterior y por la urgencia de Cuba de recibir un salvavidas económico, el sentido común indica que lo más probable es que Washington y La Habana lleguen a un acuerdo de mutua conveniencia. Pero, dicho esto, hay que recordar que el sentido común es un bien muy escaso en estos momentos en ambas capitales.