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El reporte Oppenheimer

¿Arrancó la transición a la democracia en Venezuela?

ANDRÉS OPPENHEIMER

Tras una ola de críticas, el régimen de Venezuela y el gobierno de Donald Trump anunciaron el inicio de negociaciones para una transición democrática a partir del 1 de agosto. Sin embargo, el diálogo planeado huele más a puro teatro para salir del paso que a una negociación de verdad.

Para empezar, el diálogo anunciado por Washington y Caracas no incluye directamente a la principal fuerza de oposición venezolana, liderada por la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. El movimiento de Machado arrasó en las elecciones del 2024 y, según todas las encuestas, es por lejos el que más apoyo tiene en Venezuela.

Sin embargo, Machado no estará personalmente en lamesa de negociaciones. En su lugar, el régimen negociará con Dinorah Figuera, una exlíder de la Asamblea Nacional escogida a dedo por el gobierno de Trump, pero que no tiene peso político propio.

Aunque Machado ha querido volver a Venezuela, el gobierno de Trump le ha pedido que no lo haga por ahora, alegando que el país primero tiene que estabilizar su economía y atender la emergencia del terremoto del 24 de junio antes de convocar a elecciones.

¿El motivo? Es un secreto a voces que la presidenta encargada — o dictadora interina — de Venezuela, Delcy Rodríguez, le ha exigido a Trump impedir el regreso de Machado a su país a cambio de ceder en casi todo lo que le pida Washington.

Y Trump está de lo más cómodo con Delcy Rodríguez en el poder, al punto de que la ha descrito como “una persona estupenda”. La gran prioridad de Trump no es la democracia, sino mantener la estabilidad y el flujo de petróleo venezolano en medio de su conflicto con Irán. Rodríguez le asegura ambas cosas.

Elliott Abrams, exenviado especial de Estados Unidos para Venezuela durante el primer mandato de Trump, me dijo que “la exclusión de María Corina Machado sugiere que ésta no es una negociación verdadera”.

Como me dijo Abrams, “la pregunta de fondo es si el régimen venezolano va a negociar con la oposición, y Figuera no representa a la oposición. Todas las encuestas coinciden en que la oposición es María Corina Machado”.

Además de la presencia personal de Machado, la otra cosa que falta en estas negociaciones es una presión real y efectiva por parte de Washington, continuó diciendo Abrams.

“¿Por qué Trump no exige que liberen a todos los prisioneros políticos esta semana o que permitan el regreso de todos los exiliados políticos mañana mismo?,” preguntó el ex alto funcionario. “Esto no va a funcionar sin la presión de Estados Unidos, y no veo esa presión ahora mismo”.

En segundo lugar, la mesa de diálogo anunciada en Caracas y Washington patea para adelante el tema de un calendario electoral. Eso le podría permitir al régimen venezolano ganar tiempo sin tener la menor intención de permitir un regreso a la democracia.

“Creo que están haciendo este proceso al revés”, me dijo Abrams. “Tendrían que fijar una fecha para las elecciones, porque esa es la herramienta para forzar que haya acciones concretas. Si esperan pactarlo todo antes de fijar una fecha, nunca va a haber elecciones”.

En tercer lugar, hace falta un mediador serio y un grupo de países que vigilen el cumplimiento de lo acordado para evitar que el régimen manipule a Figuera a su antojo.

Brian Naranjo, exfuncionario del Departamento de Estado con mucha experiencia en Venezuela, me dijo que el presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta, Jorge Rodríguez, “es un experto en manipular la narrativa, y le va a ganar la partida a Figuera una y otra vez”.

Naranjo me señaló que “debería crearse un grupo de países que apoye el proceso de diálogo” y aporte recursos para implementar una hoja de ruta hacia la democracia.

Lo que se ha anunciado hasta ahora parece “una gran improvisación” de Trump para salir del paso, agregó Naranjo.

Estoy de acuerdo. Todo indica que, ante la ola de críticas a Trump por no exigir un calendario electoral, se cocinó este diálogo con Figuera a las apuradas.

Si no se permite que Machado y su movimiento jueguen un rol central en las negociaciones, esta mesa de diálogo será en el mejor de los casos una declaración de buenas intenciones, y en el peor caso puro humo.

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