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El reporte Oppenheimer

La hipocresía de México y Brasil sobre Nicaragua

ANDRÉS OPPENHEIMER

Brasil y México acaban de dar otra lección magistral de hipocresía política al negarse a apoyar una reunión de cancilleres de las Américas después de que el dictador Daniel Ortega anunció que en Nicaragua no habrá más elecciones.

La resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA) para convocar a los ministros de relaciones exteriores fue propuesta por Estados Unidos y logró 29 votos a favor, incluidos los de Argentina, Bolivia y Perú.

Los únicos que le dieron la espalda fueron Brasil, que votó en contra alegando que hay que agotar el camino del diálogo, y México, que se abstuvo diciendo que la reunión de cancilleres era una intromisión en los asuntos internos nicaragüenses.

Por supuesto, Estados Unidos tampoco se salva de la doble moral: convocó a los cancilleres para actuar contra la dictadura de Nicaragua, pero al mismo tiempo alaba y respalda a la dictadura de Venezuela.

Sin embargo, la hipocresía de Washington no es excusa para no hacer nada a favor de la democracia y los derechos humanos en Nicaragua.

Albert Ramdin, el secretario general de la OEA, me dijo en una entrevista que “es hora de actuar” para restaurar las libertades en Nicaragua. Ramdin reconoció que los embajadores ante la OEA ya han sacado varias condenas contra Nicaragua en años recientes sin mayores resultados, y agregó que “las declaraciones están bien cuando se hacen una o dos veces, sobre todo cuando la situación se deteriora, pero no siempre, porque de lo contrario se convierten en papeleo”.

Ramdin eludió hablar sobre las posturas de Brasil y México, diciendo que no comenta decisiones de países específicos, pero dejó muy claro lo que piensa.

Cuando le pregunté sobre el pretexto de que reunir a los cancilleres por las declaraciones de Ortega podría ser una injerencia en los asuntos internos del país, dijo que aquí se chocan dos principios: la no intervención y la defensa de la democracia.

“En este caso, creo que el principio que ahora se está vulnerando es más relevante” dijo, refiriéndose al derecho de vivir en democracia.

La reunión de cancilleres, cuya fecha aún no se anunció, no podrá suspender a Nicaragua de la OEA porque el régimen de Ortega se retiró por su cuenta en 2023. Para colmo, la Asamblea Nacional nicaragüense, controlada por el régimen, aprobó hace unos días una reforma constitucional para blindarse contra sanciones extranjeras.

Sin embargo, Ramdin me dijo que los gobiernos de la región pueden hacer varias cosas por su cuenta, siguiendo una misma línea, para presionar al régimen de Ortega.

“Sabemos que no podemos aplicar sanciones ni medidas como la suspensión de Nicaragua de la OEA”, me dijo Ramdin.

“Pero lo importante es que, cuando los ministros se reúnan, puedan acordar que todos ellos, individualmente, a través de la OEA, sanciones similares contra Nicaragua y contra las personas nicaragüenses involucradas en este proceso”.

Los cancilleres pueden acordar sanciones políticas o financieras, agregó.

“Algunos países pueden bloquear activos que poseen funcionarios nicaragüenses en su territorio. Pueden impedir que hagan negocios en el extranjero, pueden limitar las capacidades del sector bancario”, me dijo Ramdin.

Señaló que habrá que tener cuidado para evitar que las potenciales sanciones afecten al pueblo, “pero creo que es importante que, una vez que los ministros se reúnan aquí, lleguen a un acuerdo y todos hagamos lo mismo”, añadió.

Es una buena idea. El argumento de Brasil de que hay que agotar el camino del diálogo es absurdo: desde la brutal represión a las protestas callejeras que dejaron más de 325 muertos en 2018 se han aprobado más de 20 resoluciones y declaraciones formales de la OEA sobre Nicaragua, muchas de ellas convocando a la reconciliación nacional, sin resultados.

Y la excusa de México de que la reunión de cancilleres sería una intromisión en los asuntos internos de Nicaragua es el colmo de la hipocresía: el actual gobierno de México y su antecesor han interferido activamente en los asuntos internos de Bolivia, Perú, Ecuador y otros países en apoyo de sus amigos políticos.

Si los gobiernos de Brasil y México no se suman a un esfuerzo regional para exigir elecciones libres en Nicaragua y siguen haciendo piruetas verbales para justificar lo indefendible en Venezuela y Cuba, deberían dejar de pretender ser defensores de la democracia.

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