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El reto de formar nuevos lectores en 2026

Volver a los libros en la era de la inmediatez

Imagen: Unsplash/ Aaron Burden

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SERGIO ARÉVALO

En un mundo de pantallas adictivas donde menos de la mitad de los niños y adolescentes leen por gusto, es fundamental incorporar formatos diversos como novelas gráficas y audiolibros, aprovechar plataformas digitales y, sobre todo, transformar la narrativa de la lectura de obligación a exploración.

Eran los años noventa y mis padres tenían una gran preocupación. Les quedaba claro que los deportes no eran lo mío ycuando me ponían a realizar alguna labor artística parecía que el surrealismo se apoderaba de mis creaciones, sólo que sin talento, por lo que querían buscar una actividad con la cual pudiera alejarme del televisor. En uno de esos intentos, en una tienda le recomendaron a mi madre los libros de Harry Potter. Al momento habían salido cuatro, pero estaban teniendo mucho éxito en diferentes partes del mundo. La señorita que hizo la recomendación jamás pensó que con ello se iba a formar un lector.

Hubo un momento —no tan lejano— en el que millones de niñas y niños esperaban con ansias la salida de un libro. No una película, no un videojuego: una historia escrita. La saga de Harry Potter no sólo fue un fenómeno editorial global, sino que logró algo que hoy parece cada vez más difícil: formar lectores jóvenes por gusto y no por obligación.

Harry Potter, de J.K. Rowling, fue publicada por primera vez en 1997, ganando rápidamente popularidad y atrayendo a jóvenes lectores a su mundo mágico ricamente elaborado. Las historias se centran en las aventuras de Harry Potter y sus amigos en Hogwarts, una escuela de magia y hechicería, abordando temas como la amistad, el bien contra el mal y el crecimiento personal.

El mundo de Harry Potter incentivó la lectura en toda una generación. Imagen: Unsplash/ Samuel Regan Asante
El mundo de Harry Potter incentivó la lectura en toda una generación. Imagen: Unsplash/ Samuel Regan Asante

Existen investigaciones que indican que la saga fomentó un renovado interés por los libros entre los niños. Los padres, a su vez, notaron mejoras en el rendimiento académico de sus hijos relacionadas con la lectura de Harry Potter. En general, el fenómeno del niño mago ha trascendido la literatura, convirtiéndose en todo un hito cultural. Las filas en librerías y la apropiación emocional de los personajes marcaron a toda una generación.

Más allá de la magia, lo relevante fue que convirtió la lectura en una experiencia emocionante, compartida y deseada. Ese quizás es el punto de partida para cualquier reflexión actual en torno al acto de leer: cuando se vuelve placer, deja de ser tarea. Claro, la producción de las películas ayudó al tema de ventas y seguramente en próximas fechas exista un repunte por el lanzamiento de una serie, pero no a todos los libros juveniles les ha ido así.

¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO AHORA?

Sagas como Cazadores de sombras y Percy Jackson o los relatos de Roald Dahl no han podido permear como el mago de la varita de sauco. En muchas ocasiones ni siquiera nos enteramos de que primero fueron libro antes de dar el salto a la pantalla.

A pesar de ello, en este momento existen autoras y autores que continúan conectando con las infancias y juventudes. Nombres como Jeff Kinney, creador de Diario de Greg, o Dav Pilkey, con sus historias irreverentes, han entendido que el humor, el lenguaje cercano y los formatos híbridos son clave. Fenómenos más recientes como Alice Oseman también han logrado atraer a las nuevas generaciones desde otras sensibilidades y plataformas. Las marcas, por su parte, han buscado reinventarse. Es el caso de Disney, que lanzó una serie de libros a cargo de la escritora Serena Valentino, donde se cuenta el trasfondo de los villanos de esta casa de animación y cómo es que se volvieron los seres malvados que conocemos.

Serie Villanos escrita por Serena Valentino para Disney. Imagen: Amazon
Serie Villanos escrita por Serena Valentino para Disney. Imagen: Amazon

¿CÓMO VAMOS CON LA LECTURA EN MÉXICO?

El contexto en nuestro país plantea desafíos importantes. Diversos estudios han señalado una disminución en el hábito lector, dondeuna parte significativa de la población reconoce leer poco o nada por iniciativa propia. La competencia con las pantallas, la inmediatez del contenido digital y, en muchos casos, la falta de acceso a materiales atractivos, hacen que el libro pierda terreno frente a otras formas de entretenimiento.

En México, la lectura infantil enfrenta retos significativos: sólo el 45.7 por ciento de niños de 5 a 17 años lee por gusto, y un alto porcentaje (73 por ciento en estudios previos) no alcanza una comprensión lectora suficiente.

Recuerdo que en una Feria Internacional del Libro de Coahuila una niña de aproximadamente 10 años se acercó con su mamá paraenseñarle un ejemplar que le llamó la atención. Le leyó la sinopsis que estaba al reverso y la mujer volteó con una fría indiferencia, lohojeó con lo que pareciera algo de asco y le dijo: “No porque no tiene dibujos; mucho texto”. La infante mostró tristeza al no cumplir con su cometido de llevarse ese volumen y para mí fue como presenciar el fusilamiento de un posible nuevo lector. ¿Acaso conocía las inquietudes de su hija lo suficiente como para rechazar el libro o simplemente se estaba proyectando?

Pero el problema no es sólo de oferta, sino de enfoque. Durante años, la lectura ha sido presentada como una obligación escolar más que como una experiencia significativa. Cuando leer se asocia con exámenes, resúmenes y tareas, difícilmente se construye un vínculo duradero con este hábito.

Por otro lado, también se cae en el error de creer que leer brinda en automático cierto estatus y nivel intelectual a los estudiantes,pero ¿cómo va a ser buena idea encargarle Marianela a alumnos de secundaria cuando prácticamente nunca han leído nada? Además, el acompañamiento del docente suele ser nulo cuando se deja a los jóvenes frente a un libro difícil de abordar.

El reto, entonces, es doble: formar lectores y hacerlo en un entorno que compite constantemente por su atención. Para lograrlo, es necesario cambiar la narrativa. Leer no debe ser sinónimo de silencio forzado ni de rigidez académica. Hay que ir más allá del diez en la boleta de calificaciones. Sólo así leer puede convertirse en conversación, exploración, incluso juego.

Incentivar la lectura implica acercar contenido adecuado a cada edad, permitir que niñas y niños elijan lo que quieren explorar, incorporar formatos diversos — desde novela gráfica hasta audiolibros— y, sobre todo, predicar con el ejemplo.

Según el Módulo de Lectura (MOLEC) de 2025, la población de 12 a 24 años presentó el mayor porcentaje de personas que leyeron al menos un material bibliográfico, con 89.1 por ciento. Siguieron los grupos de 25 a 39 años y de 40 a 59 años, que tuvieron 85.7 y 74.2 por ciento, respectivamente. En un país donde ocho de cada diez personas mayores de 12 años son alfabetas, sumemos lectores. No es necesario hacer magia.

En el mundo vertiginoso en que vivimos, los libros pueden convertirse en punto de encuentro y conexión dentro de las familias. Imagen: Unsplash/ Vitaly Gariev
En el mundo vertiginoso en que vivimos, los libros pueden convertirse en punto de encuentro y conexión dentro de las familias. Imagen: Unsplash/ Vitaly Gariev

¿POR DÓNDE EMPEZAR?

Partamos de ver el reto de fomentar la lectura como un trabajo colaborativo, pues si bien en las escuelas se deben desarrollar mejores estrategias para lograr este objetivo, también es cierto que en casa es algo que se está dejando de lado.

Tampoco sería prudente echarle la culpa al gobierno de las fallas que como nación tenemos en este campo, ya que, aunque faltan datos para saber si sus políticas han dado los frutos planteados, la realidad es que acciones como el apoyo a ferias del libro tienen sus virtudes.

Es necesario, además, que los padres de familia no teman que sus hijos “se estanquen” en un tipo de lectura para toda la vida. Se piensa en ocasiones que si no se les fuerza a leer narrativas “más avanzadas”, no tendrán una maduración lectora.La verdad es otra. El propio lector se va a ir exigiendo más, ampliando así su panorama.

Es fundamental entender que no todos los caminos son iguales. Hay quienes llegarán a la lectura por la fantasía, otros por el cómic, otros por historias cotidianas. Ninguno es menos válido. Lo importante es abrir la puerta y después vendrán el suspenso, el drama, la ciencia ficción, los grandes clásicos, etcétera.

Uno se puede apoyar por lo que tiene en casa. Hasta los libros de texto reúnen relatos que nos pueden ayudar para generar un hábito, así que no hay por qué correr a comprar la saga de Harry Potter. Además, los tiempos cambian y se deben buscar nuevos escenarios.

La dinámica en los hogares se ha complicado. En México, las familias nucleares constan en promedio de cuatro integrantes, donde en su mayoría ambos padres trabajan. A las demandas laborales y domésticas se ha añadido que el tiempofrente a las pantallas va en aumento. Sin embargo, los libros pueden ser buenos aliados para levantar la vista y conversar.

En plataformas digitales como YouTube y TikTok existen creadores de contenido (los llamados booktokers) que se dedican a hacer reseñas para público joven. Estos rincones de Internet suelen servir para ir generando interés. Si bien es común perder mucho tiempo frente a las pantallas —sobre todo la juventud—, también existe contenido que puede hacer aportaciones de valor.

Tampoco pasemos por alto los espacios que ofrecen las librerías y ferias del libro para lectores jóvenes e infancias. Ahí surgirá la oportunidad de observar qué les atrae a los más pequeños de la familia y qué puede incentivarlos a leer.

Al final, leer no es un privilegio ni una obligación: es una posibilidad, una herramienta que amplía el mundo, que desarrolla el pensamiento y que permite habitar otras vidas a la vez que se cultiva la propia.

Formar lectores no es tarea sencilla, pero sí debemos considerarlo una acción urgente. Quizá la clave no está en exigir que se lea más, sino en buscar que se quiera hacerlo. No es cuestión de hacer magia como Harry Potter, es mucho más simple y más complejo que eso: se trata de encontrar el momento, el libro y la curiosidad suficiente para empezar. 

Instagram: @sergioharevalo

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