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El ritual de empezar de nuevo

El inicio de un nuevo año ha sido, desde las civilizaciones antiguas, un momento simbólico de renovación, reflexión y establecimiento de compromisos que hoy se traducen en los propósitos de Año Nuevo.

El inicio de un nuevo año ha sido, desde las civilizaciones antiguas, un momento simbólico de renovación, reflexión y establecimiento de compromisos que hoy se traducen en los propósitos de Año Nuevo.

Cada inicio de año trae consigo una práctica que atraviesa culturas y generaciones: la formulación de propósitos. Aunque en la actualidad suelen estar relacionados con metas personales -como mejorar hábitos, alcanzar estabilidad financiera o crecer profesionalmente-, esta costumbre tiene un origen mucho más antiguo y profundo, ligado a rituales religiosos, ciclos naturales y compromisos sociales colectivos.

Lejos de ser una moda contemporánea, los propósitos de Año Nuevo forman parte de una tradición que ha acompañado a la humanidad durante miles de años, adaptándose a los cambios culturales y manteniendo vigente su significado simbólico.

EL ORIGEN DE LOS PROPÓSITOS EN LAS CIVILIZACIONES ANTIGUAS

De acuerdo con National Geographic, los registros históricos indican que una de las primeras civilizaciones en formalizar esta práctica fueron los babilonios, hace más de cuatro mil años. Para ellos, el Año Nuevo no iniciaba en enero, sino en marzo, durante el equinoccio de primavera, un momento clave para la agricultura y la renovación de la vida.

En ese contexto, los propósitos no eran metas personales, sino promesas hechas a los dioses. Devolver objetos prestados, saldar deudas o cumplir compromisos pendientes formaba parte de un acto ritual que buscaba asegurar prosperidad, estabilidad y protección divina durante el nuevo ciclo anual.

EGIPTO Y LA CONEXIÓN ENTRE LOS ASTROS Y LA VIDA COTIDIANA

Otras civilizaciones también desarrollaron rituales similares. En el antiguo Egipto, el inicio del año estaba determinado por la salida heliaca de la estrella Sirio, un fenómeno astronómico que coincidía con la crecida del río Nilo. Este evento era fundamental, ya que garantizaba la fertilidad de las tierras y el sustento de la población.

Durante este periodo, los egipcios realizaban ceremonias para honrar a sus dioses y reafirmar compromisos sociales y espirituales. El nuevo año se concebía como un momento de renovación colectiva, en el que el orden cósmico, la naturaleza y la vida humana se encontraban profundamente conectados.

ROMA, JANO Y EL SIMBOLISMO DE LOS COMIENZOS

Con la expansión del Imperio Romano, la tradición de marcar el inicio del año adquirió un nuevo significado. Los romanos dedicaron este periodo al dios Jano, deidad de los comienzos, las transiciones y los cambios. Representado con dos rostros, Jano simbolizaba la capacidad de mirar simultáneamente al pasado y al futuro.

El mes de enero, cuyo nombre deriva de esta figura, se convirtió en un tiempo propicio para renovar votos de lealtad, establecer compromisos cívicos y reafirmar el orden social. No se trataba únicamente de un acto simbólico, sino de una reafirmación de la cohesión y los valores de la comunidad romana.

EL CALENDARIO JULIANO Y LA CONSOLIDACIÓN DEL 1 DE ENERO

Fue Julio César quien, en el año 46 a.C., estableció oficialmente el 1 de enero como el inicio del año mediante la implementación del calendario juliano. Esta reforma buscó corregir imprecisiones del calendario anterior y sentó las bases del sistema que, con modificaciones posteriores, continúa utilizándose en la actualidad.

A partir de entonces, el comienzo del año quedó formalmente vinculado a esta fecha, consolidando una referencia temporal que facilitó la organización social, política y económica de las sociedades occidentales.

DEL RITUAL RELIGIOSO AL COMPROMISO PERSONAL

Con el paso de los siglos y la progresiva secularización de las sociedades, los propósitos de Año Nuevo dejaron de estar ligados exclusivamente a lo religioso o comunitario. En su lugar, comenzaron a adquirir un carácter más íntimo y personal.

En la era moderna, estas metas reflejan valores individuales como la autorrealización, la disciplina, el autocuidado y la mejora continua. Hacer ejercicio, aprender nuevas habilidades o mejorar la calidad de vida son hoy expresiones contemporáneas de una práctica ancestral que ha cambiado de forma, pero no de fondo.

LA PSICOLOGÍA DEL "NUEVO COMIENZO"

Desde las ciencias sociales y la psicología, este fenómeno ha sido estudiado a través del llamado fresh start effect o "efecto de nuevo comienzo". Este concepto explica por qué hitos temporales como el inicio de un nuevo año funcionan como marcadores psicológicos que invitan a reflexionar sobre el pasado y a redefinir objetivos.

Sin embargo, investigaciones como las publicadas en la revista PLOS ONE advierten que los propósitos tienen mayores probabilidades de éxito cuando se acompañan de objetivos claros, planes realistas y redes de apoyo. En contraste, suelen fracasar cuando se basan únicamente en la motivación inicial y carecen de estructura.

UNA TRADICIÓN QUE TRASCIENDE EL CUMPLIMIENTO

A pesar de los altos índices de abandono, la permanencia de los propósitos de Año Nuevo demuestra su relevancia cultural. Más allá de si se cumplen o no, esta práctica continúa funcionando como un ejercicio colectivo de introspección y renovación simbólica.

Herederos de rituales antiguos, los propósitos de Año Nuevo siguen otorgando sentido al inicio de cada ciclo anual, recordando que, desde tiempos remotos, los seres humanos han buscado en el cambio del calendario una oportunidad para reflexionar, comprometerse y volver a empezar.

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Escrito en: columnas Editorial

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