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El robot ilustrado

Ático

JUAN VILLORO

Además de operar a partir de la apropiación de obras ajenas, la capacidad de la IA para falsificar es cada vez más refinada.

Sócrates, Voltaire y todos los demás ya no opinan lo que opinaban antes. ¡Las máquinas reescriben la historia!

Antes de pasar a la falsificación cibernética, recordemos que la inteligencia artificial aún no piensa por sí misma; requiere de estímulos para actuar. Los códigos HLLM se crean a partir de los datos aportados por los programadores. Si el ChatGPT puede responder preguntas sobre la expansión de las galaxias o la fenomenología del espíritu, es porque asimiló numerosos textos de astrónomos y filósofos. Lo que parece un aporte cibernético es una apropiación de obras ajenas.

En 2024, Tom Turvey, que había dirigido Google Books, fue contratado por Anthropic para escanear "todos los libros del mundo". Una vez usadas, las obras fueron destruidas, lo cual causó escándalo. ¿Por qué hicieron eso? El crimen perfecto depende, no sólo de la forma en que se comete, sino de borrar las huellas. Al eliminar las fuentes, Claude, procesador de Anthropic, quedaba como "autor" de las respuestas y se abstenía de usar comillas. ¡Estamos en la época del robot ilustrado!

William Alsup, juez superior para el distrito del Norte de California, recibió el caso y dictaminó que la destrucción era legal, pues cada quien hace con sus cosas lo que quiere. Anthropic no había erradicado la literatura mundial, sólo una copia de cada libro.

Pero el problema más fuerte es otro: la compañía roba conocimientos acumulados durante siglos, producto de la investigación, la verificación y la escritura de millones de personas.

Desde su nombre, la empresa resultaba sospechosa. La publicidad y los logos pertenecen al arte de la seducción y el engaño. El neologismo Anthropic proviene del griego àntrophos ("humano") y su procesador se llama Claude en honor del matemático Claude Shannon. Como Robotina, la sirvienta de Los Supersónicos, la empresa y su principal mecanismo se "humanizaron" con esos nombres.

¿Qué sucede con el copyright de los autores que no pertenecen al dominio público? Gracias a la inteligencia artificial se pueden detectar las fechorías que ella misma comete y saber a qué escritores copia. A principios de 2026, quienes hemos sido fagocitados por las entrañas digitales presentamos una demanda contra Anthropic, que aguarda resolución. La especie humana se somete a distintas temporalidades: el plagio cibernético es instantáneo pero la justicia se demora.

La apropiación de la cultura avanza en forma exponencial, entre otras cosas porque la IA ya duró lo suficiente para alimentarse a sí misma. De acuerdo con la investigación que Google publicó en septiembre de 2025, el 90 por ciento de los desarrolladores de software y el 70 por ciento de los creadores de códigos (máxima élite de la sabiduría digital) usan IA.

Volvamos al tema inicial del artículo: la información se copia, pero también se transforma. La capacidad de alterar la representación de la realidad es cada vez más refinada. Hace unos días, El Universal recuperó una entrevista con Carlos Monsiváis, publicada originalmente hace 26 años, en la que supuestamente el autor de Amor perdido se desmarca en forma infamante de López Obrador. El pasaje no figuraba en la primera versión del texto (el entrevistador se justificó diciendo que fue suprimido por quienes lo editaron en su momento). Ante las críticas, El Universal pidió al reportero que presentara la grabación de la entrevista, algo que no ocurrirá porque el lenguaje y las ideas de Monsiváis eran distintos (la inteligencia humana puede reconocerlo).

A partir de esas presuntas declaraciones aparecieron fotos en redes del escritor con un muy joven Andrés Manuel. La intención política era obvia y lamentable. Quienes hemos criticado al ex Presidente debemos hacerlo sin falsear información.

Por suerte, la propia IA ayuda a detectar imágenes truqueadas. Veamos lo que pasa con la más "convincente" de las fotos, en la que los personajes mencionados aparecen en el Zócalo: deepai.org la consideró falsa en un 97 por ciento y quillbot.com en un 17 por cierto (suficiente para ser rechazada).

¿Qué sucederá cuando las máquinas produzcan imágenes que no puedan ser descubiertas como apócrifas por las propias máquinas?

Por lo pronto, en esta época de transfiguraciones, quien no cuenta con crédito para sostener sus propias opiniones, se las atribuye a alguien que ya no puede responder.

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Escrito en: Ático Columnas Editorial Denise Dresser

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