Quizá usted recuerde cómo iba cayendo la popularidad del expresidente Enrique Peña Nieto, hasta que se hundió en la ignominia del descrédito político más absoluto (luego de las elecciones en agosto de 2018 tenía 77% de desaprobación y sólo 18 % de aprobación): fue por méritos propios y de los suyos (la casa blanca, las raterías de sus cuates gobernadores, sus desplantes, la intolerancia de su gabinete hacia la crítica), pero también ocurrió por la infausta realidad (la tragedia de Ayotzinapa, tal como hoy padecemos los desvaríos de Trump) y, en buena medida, se debió a la torpeza de varios allegados (la insensatez de la "verdad histórica" de Jesús Murillo Karam, por ejemplo). Nunca se repuso EPN. Encerrado en Los Pinos y refugiado en el golf, se tuvo que aguantar y -con una sonrisa Colgate- entregó el poder a Andrés Manuel López Obrador.
¿Le empieza a suceder algo similar a Claudia Sheinbaum? La Presidenta todavía está muy lejos de tener un balance aprobación/desaprobación como el que tenía Peña Nieto un año y medio después de que éste arribara al poder (50% de desaprobación en mayo de 2014), pero la encuesta más reciente de El País sí muestra algunas señales que deberían preocuparle. ¿Le empieza a pegar a ella algo así como el síndrome Peña Nieto a causa de pifias, negligencias, errores propios y de sus colegas?
"Síndrome", de acuerdo con la primera acepción del Diccionario de la lengua española, es el conjunto de síntomas característicos de una enfermedad o un estado determinado. ¿Cuál sería esa enfermedad de Sheinbaum y su 4T? ¿Cuáles serían los síntomas en ella y su movimiento? Los mismos del priismo reloaded del peñanietismo: vida suntuosa y ostentosa (así, en cacofonía de lo políticamente incorrecto) de gente como Andrés Manuel López Beltran y su hermano José Ramón, los Fernández Noroña y los Adán Augusto López, y todos los que sin recato han presumido sus posesiones y sus costosos viajes al extranjero en un movimiento social que llegó al poder criticando justamente esas formas excesivas.
También les zarandea la vida el sospechosismo por los presuntos nexos con el crimen organizado de varios de los suyos, como ocurre en los casos de Tabasco (La Barredora del mismo Adán Augusto) y Sinaloa (Rubén Rocha Montoya y el Cártel de Sinaloa), por no mencionar el caso Tequila (Jalisco) y otras linduras similares a las que se documentaban durante los años dorados del priismo.
Es la insolencia del poder y la codicia insaciable desde el poder. Y eso, todo eso junto, nos lleva a la segunda acepción de "síndrome": conjunto de signos o fenómenos reveladores de una situación generalmente negativa. ¿Cuáles serían esos signos o fenómenos reveladores de un negativismo político en Morena? La intolerancia a la crítica y la tentación para concentrar el poder y no cederlo democráticamente. Morena se aferra al poder de tal forma que ha vuelto constitucional una aberración digna del dictadorzuelo Maduro cuando mandaba en Venezuela: anular elecciones si hay "intervencionismo extranjero". Sí. Imagine usted la vaguedad: que se anule una elección federal porque el energúmeno Trump acusó a un gobernador de narco, porque tuiteó demencialmente (o sea, diario), o porque algún gringo financia a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.
¿Resultado de las insensateces? La aprobación de la Presidenta cayó siete puntos en dos meses (de escándalos): pasó de 75% de aprobación a 68%. Sigue siendo muy alta, una diferencia de dieciocho puntos respecto a lo que tenía Peña Nieto a estas alturas de su gobierno, pero la caída ya es de 15 puntos desde su nivel más alto (83%, justo hace un año). Otro año así de descenso y andará rozando los niveles de Peña Nieto en 2014 (50%), cuando inició la desbarrancada que lo depositó un año después (mayo 2025) en un humillante 33% de aprobación.
En Palacio Nacional y en la sede de Morena deberían recular en cuanto a sus desplantes y entender que no existe tal cosa de "tenemos todo el poder y es para siempre".
Recuperen la cabeza fría y las convicciones, o pregúntenles a sus primos-hermanos del PRI cómo acaban los desvaríos en el poder…
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