La más reciente encuesta presentada por la encuestadora Lorena Becerra en Latinus abrió un debate interesante sobre el verdadero momento político que atraviesa la presidenta Claudia Sheinbaum y el partido Morena, más allá de la percepción personal o filias y fobias partidistas.
Aunque los números continúan siendo elevados para estándares internacionales, el reporte mostró una caída en los niveles de aprobación presidencial y sobre todo en la percepción favorable hacia Morena.
La interpretación de la encuestadora parte de una idea central: el gobierno de Sheinbaum conserva una base social muy sólida, pero comienza a mostrar síntomas de desgaste temprano. Para Becerra, el dato relevante no es que la presidenta siga teniendo mayoría de respaldo, sino que la tendencia dejó de ser ascendente. Ya cae. En política, las tendencias suelen importar más que las fotografías momentáneas. Una aprobación alta con pendiente descendente puede ser el inicio de un deterioro más profundo, particularmente cuando comienzan a acumularse problemas de seguridad, desaceleración económica y tensiones internas dentro del oficialismo. Como claramente es el caso.
Carlos Loret de Mola fue obviamente más crítico. Loret sostuvo que la caída refleja el comienzo del "desencanto" con la llamada Cuarta Transformación después del efecto arrastre que produjo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Según su análisis, Sheinbaum todavía capitaliza la enorme popularidad del obradorismo, pero empieza a enfrentar el problema clásico de los sucesores: gobernar ya no con narrativa de campaña, sino con resultados concretos. De los cuales el propio periodista destaca la persistencia de la violencia en gran parte del país -Coahuila es un estado seguro y Durango aparentemente también lo es, siendo ambos excepción de la mayor parte de México- la presión internacional sobre casos de corrupción vinculados a Morena y el ya cada vez más palpable deterioro económico asociado al menor crecimiento.
En ese contexto, las recientes crisis políticas en estados gobernados por Morena -como el caso Sinaloa- comienzan a golpear indirectamente al gobierno federal.
Sin embargo, tanto Becerra como Loret reconocen que aún con las actuales circunstancias, el oficialismo pierde puntos, pero todavía conserva hegemonía política.
Intentando con los datos disponibles hacer una lectura de la posición actual de la presidenta es que se encuentra en una posición intermedia entre fortaleza estructural y vulnerabilidad creciente.
No me parece preciso afirmar que su gobierno esté en crisis. Sus niveles de aprobación siguen siendo altos para una democracia presidencial. En muchos países, un mandatario con más de 55% de respaldo sería considerado extremadamente fuerte. El problema es que Sheinbaum llegó al poder con expectativas de continuidad casi absoluta respecto a López Obrador. Y ahí surge la diferencia fundamental: AMLO gobernaba desde el conflicto político permanente; Sheinbaum intenta gobernar desde una lógica más técnica y administrativa y sin el carisma del primero, lo cual trae como consecuencias entre otras menos capacidades de movilización emocional. López Obrador convertía cualquier conflicto en una narrativa épica. Sheinbaum comunica mejor técnicamente, pero genera menos cohesión emocional, por lo que es más sensible al desempeño económico que ya resiente las políticas públicas instauradas por el actual régimen, de prácticamente nulo crecimiento.
Además, su partido Morena comienza a parecer un partido dominante tradicional.
El desgaste natural del poder ya empezó. Morena ya no es visto únicamente como "movimiento"; ahora también es percibido como aparato político, igual que los anteriores que han tendido a la corrupción.
Por ello, la verdadera posición de Sheinbaum no es de debilidad inmediata, sino de transición delicada: sigue siendo políticamente dominante, pero ya no políticamente invulnerable, porque la economía tarde que temprano llama a cuentas, por ello se debe haber recibido como señal preocupante que La influyente firma Moody's rebajó la calificación soberana de México de "Baa2" a "Baa3", dejándola apenas un escalón arriba del grado especulativo.
El deterioro fiscal, el débil crecimiento económico, la situación financiera de Pemex, fueron horadando los fundamentos económicos mexicanos.
Moody's considera que México enfrenta un problema estructural: el gobierno tiene obligaciones crecientes, pero ingresos insuficientes para sostenerlas sin endeudamiento adicional. Además, el rescate permanente de Pemex sigue drenando recursos públicos.
Sin embargo, no se debe soslayar que, pese a la rebaja, el tipo de cambio peso-dólar apenas reaccionó. El peso se depreció alrededor de 0.14% tras el anuncio, un movimiento relativamente pequeño para un evento de esta naturaleza. Claramente lejos está México de un inminente desmoronamiento económico
Así pues, México vive hoy una paradoja política y financiera. Por un lado, Claudia Sheinbaum conserva una aprobación alta y Morena sigue siendo la fuerza dominante. Pero comienzan a aparecer señales de desgaste que podrían marcar el inicio de una etapa más compleja del sexenio. El teflón que tenía López Obrador para él y para su sucesora ha comenzado a desvanecerse.