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Julio Faesler

El tiempo es oro

JULIO FAESLER

En efecto. El tiempo es oro y el de nuestro desarrollo se nos está yendo con la misma fluidez que se dan los cambios que se suceden en todo el mundo, obligando a los gobiernos y a los partidos políticos que los sostienen a cambiar prioridades y mejorar en respuesta a lo que sus miembros piden. En estilo y pronunciamientos se dan cambios tanto en agendas políticas internas, en las relaciones entre los países vistos como individuos o como miembros de un grupo.

Quedan atrás las definiciones conocidas. Las exigencias de poblaciones más conscientes que antes de sus derechos, aunque no quieran reconocer sus deberes, obligan a los gobiernos sean repúblicas, dictaduras o monarquías constitucionales, a proponer políticas con sentido pragmático. Al intentar solucionar los problemas que han persistido desde hace mucho tiempo, hay que asegurar como regla, una consistente eficacia como regla.

Las experiencias de los últimos dos siglos han enseñado que no vale la ideología con que se enfrente la realidad, sino la correcta percepción de ésta. Es el pueblo que ha de juzgar. Si los logros son tangibles, los gobiernos se mantendrán. Es éste el criterio que ha de seguirse al lado de la honradez con que se anuncie.

La inquietud que hoy día se percibe en todos los escenarios políticos expresa el fracaso que se observa en las áreas de la vida cotidiana.

Las instituciones que fueron creadas en nuestro país a lo largo de los siglos recientes diseñadas para proteger al ciudadano contra los abusos y desaciertos de las autoridades y clases dirigentes se encuentran gastadas en su utilidad inicial.

Enseñadas a razonar con crítica, las circunstancias en las que ahora nacen las nuevas generaciones no quieren continuar con los esquemas actuales que heredan. Es con razón que la dureza de la deprimente información actualizada y sus correspondientes pronósticos lleve a los jóvenes a rechazar lo que no tienen por qué someterse y aspirar a una sociedad digna y de amplios horizontes al desarrollo.

Lo que los nuevos ciudadanos buscan es crear sus propios modelos, nuevas instituciones que sean tripuladas por individuos responsables correctamente preparados.

En México, las cosas han cambiado en dimensiones demográficas, multiplicación de entidades gubernamentales y en índices socioeconómicos. Lo alarmante es que Morena no responde a la realidad por mucho que ésta haya cambiado. Insensata la masa gobernante no cambia de orientación, pese a que se escuchan insistentes voces, incluso dentro de la 4 T, sobre la necesidad de cambios estructurales.

Son las nuevas generaciones las que no deben recetarse continuar con las mismas visiones sin ajustes a las nuevas ideas y psicologías de un pueblo demográficamente distinto al de los siglos XIX y XX, por tener una nueva psicología y visión popular distinta que evita cometer los mismos errores de las generaciones anteriores que aceptaban con sumisión lo dictado desde arriba.

La transformación no será instantánea como si el cambio de una sociedad sujeta a la dictadura no se transforma instantáneamente en una sociedad respetosa de los derechos individuales.

La tarea será más fácil cuanto más contemos con dichos elementos básicos y lo muy lamentable es que dada la impreparación en que nos encontramos, es más fácil continuar en la molicie social con la que nos tiene recetada la 4T. El tiempo es oro.

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