A pocos días de que inicien formalmente las vacaciones de verano en el sistema educativo básico, es común recordar aquella época en la que los adultos teníamos tiempo libre por lo menos durante un mes y no sabíamos qué hacer con eso.
Había días para disfrutar tanto los interiores como los exteriores, para jugar más horas sin tener que pedir permiso, para dormir un poco más y hasta para aburrirnos en casa. Pero en cuanto crecemos y adquirimos un empleo formal, el tiempo libre se va convirtiendo en un tesoro, una suerte a la que pocas veces al año tenemos acceso.
Vivimos en un tiempo dominado por la productividad, el ansia de vivir lejos de esa burbuja forma parte de la vida de muchos adultos: nos sentimos culpables si tenemos tiempo libre porque creemos que nuestra obligación es producir y no caer en el ocio.
Esto me ha llevado a recordar a dos pensadores. En su ensayo La Resistencia, el escritor argentino Ernesto Sábato definió el verdadero sentido del tiempo libre: "El ocio no es perder el tiempo, sino recuperarlo, en la calidad y disfrute, para una mejor jornada, para el ajuste emocional".
Sábato escribió que hoy en día la humanidad carece de ocio, “en buena parte porque nos hemos acostumbrado a medir el tiempo de modo utilitario, en términos de producción. Antes los hombres trabajaban a un nivel más humano, frecuentemente en oficios y artesanías, y mientras lo hacían conversaban entre ellos. Eran más libres que el hombre de hoy que es incapaz de resistirse a la televisión”.
Si trasladamos esa reflexión al tiempo actual, tiene la misma vigencia, solo que la adicción a la televisión se ha dirigido a los teléfonos celulares. Es difícil resistirse a navegar en las redes sociales o a estar siempre pendiente de las notificaciones: una ola de avisos intermitentes que nos invaden todo el día.
Por su parte, el filósofo español Fernndo Savater ha dicho que la falta de cultura en las personas lleva a gastar dinero para pasar el tiempo libre, mientras que el acercamiento a la cultura permite disfrutar el tiempo a través de la conversación, los libros, la música o el arte. En su opinión, el tiempo libre debe dedicarse a actividades valiosas y personales que nos definen como humanos.
Es cierto que México ha avanzado en políticas que buscan ofrecer más tiempo libre a la población trabajadora, como la ley de las 40 horas semanales y tiempo atrás con el aumento de los días de vacaciones por año de antigüedad, de seis a 12 días.
Aun así el tiempo de descanso laboral es menor en México comparado con otros países, por lo tanto las vacaciones se convierten en un valor demasiado alto en una época en la que la mayoría de las familias tienen poco tiempo para convivir.
Querida lectora y lector: si ustedes tienen vacaciones en La Laguna, no duden en disfrutar la gama de actividades que ofrecen los museos, teatros, galerías y librerías independientes. También podemos simplemente descansar, conversar con alguien cara a cara o cocinar algo que nos guste.
X: @Lavargasadri.