Autora. Elena Palacios ficciona en Alianzas fragmentos de sus recuerdos y sueños al recorrer una casa del viejo sector de Torreón.
Elena Palacios aguarda en el salón de La Tinta Cafebrería, un espacio que ha abogado por la generación y difusión de la cultura de manera independiente en el centro de Torreón. La escritora está rodeada de libros, pero el suyo es el que funge como detonante de esta entrevista.
Fue el pasado 19 de marzo cuando Elena Palacios presentó su novela ‘Alianzas’ en la Galería de Arte Contemporáneo del Teatro Isauro Martínez (TIM). Durante la ceremonia se acompañó de Saúl Rosales Carrillo y Jaime Muñoz Vargas, dos de sus grandes maestros en el oficio de las letras.
La obra de Palacios toma de escenario el viejo sector del Mercado Alianza de Torreón.
La autora ha empleado fragmentos de sus recuerdos y sueños al visitar una casona que se ubicaba sobre la avenida Carranza, entre las calles Múzquiz y Viesca, y los ha tejido como parte de una ficción que, según escribe en su libro, necesitaba de un hogar.
Palacios tiene en claro lo que busca al momento de crear narrativas. El contexto histórico que eligió para Alianzas, un terreno de tiempo envuelto por los primeros años del siglo XX, responde a un requisito para situar a los personajes en una realidad que se sintiese propia. En ese tenor, se mencionan sucesos de relevancia histórica como la Matanza de Chinos de 1911 en Torreón.
También se trata de un texto al que regresó luego de siete años de ausencia. Describe a ese reencuentro como “terrible”. Revisar lo escrito fue complicado; tuvo que usar el borrador, cortar, quitar frases, párrafos enteros.
Lograr su publicación cierra un ciclo que ahora permitirá a la autora lograr alianzas con otros proyectos.
¿Qué aspectos de la realidad despertaron en ti la necesidad de escribir Alianzas?
Yo conocí esa casa desde que era niña por mis hermanas.
Vengo de una familia muy extensa porque estaban los hijos de mi papá, los de mi mamá, y luego nosotros tres: primero yo y después dos hombres. Mi mamá ya conocía a la familia en la que me inspiré para la novela porque trabajó ahí como empleada doméstica cuando enviudó, antes de conocer a mi papá. Ella se quedó con ocho niños, desde la más grande de catorce años hasta el más chiquito de dos a cinco años. Entró a trabajar con ellos precisamente en la “Casa de la Alianza”.
Como tenía tantos hijos, cargaba con dos que eran gemelas para no dejarle toda la carga a la hija mayor Las dueñas de la casa eran solteras de muchos años, ellas amadrinaron a las gemelas y la relación se estrechó mucho. Yo nací a la vuelta del Sagrado Corazón, en la calle Álvarez, entre la Cuauhtémoc y la calle 12. Una de las gemelas trabajó ahí durante más de 30 años, y visitaba esa casa esporádicamente.
Siempre tuve la curiosidad de saber qué había en la planta alta. En realidad, al que traté más fue al último de la familia, en quien inspiré mi “personaje malvado”. Aunque debo decir que el hombre no era así; si viviera, me denunciaría por daño moral porque eran gente muy tranquila, pero yo necesitaba ese antagonista para la historia.
Y surgió cuando llegué al taller de Saúl Rosales en un mes de marzo. Para julio, él me dijo: “Ponte a escribir algo grande; escribes muy bien, ya no me traigas cosas chiquitas, haz una novela”. Esa noche me pregunté de qué escribiría y lo único que se me ocurrió fue la “Casa de la Alianza”, porque cuando tenía pesadillas soñaba con ella. Me soñaba adentro, aunque realmente no la conocía; despertaba y sabía que estaba en esa casa, aunque todo lo demás fuera inventado.
¿Por qué escribes al principio de la novela que cada ficción que se inventa debe tener un hogar?
Porque don Saúl, que fue mi guía, me insistía mucho en que la novela fuera histórica y retratara a la ciudad tal cual. Pero yo no soy historiadora ni pretendo serlo, yo lo que quiero es inventar. Decidí que debía agarrarme de un escenario real porque, al redactar, necesito tener en la mente un lugar y un personaje para visualizar lo que escribo. Fue una forma de darle un cimiento a la ficción.
¿El mercado Alianza, tanto el contexto del mercado como el nombre de Alianza, qué imágenes literarias te arrojan?
Al principio se llamaba La casa de la Alianza y don Saúl le había dado le visto bueno, le gustó por la polisemia de la palabra, pero en 2017, Jaime Muñoz me dijo que no le gustaba porque ya había demasiadas “casas” en la literatura. Dejé el texto abandonado por siete años y al final le puse simplemente Alianzas. El nombre remite al mercado, pero también a un pacto o acuerdo. Le di ese sesgo para mostrar que entre los personajes existen alianzas de distintos tipos y tiempos.
¿Cómo experimentaste ese reencuentro con tu texto después de siete años?
Fue terrible, como mirar el pasado de uno mismo. La abandoné en abril 2017 y la retomé en serio en octubre de 2024. Se me hacía muy difícil revisar lo escrito porque yo ya no era la misma escritora de antes; pensaba que muchas partes no servían. Varias veces puse pretextos, como decir que estaba escribiendo cuentos, para no tocar la novela. Pero en 2024 les dije a mis compañeras de taller que les llevaría la novela para revisarla. Le quité muchísimas partes; incluso le confesé a don Saúl que no sabía si publicarla o pedir disculpas porque nome gustaba. Sin embargo, a las dos semanas él me escribió para decirme que le estaba gustando mucho y que era una buena novela, digna de publicarse.
En tu novela existen personajes que protagonizan algunas páginas y luego fallecen. ¿A qué necesidad narrativa responde esta relación con la muerte?
Casi todos mis textos son así.
En mi primera publicación formal en la revista Estepa del Nazas, el tema era la muerte y me felicitaron porque la presentaba de forma muy natural, no trágica. En 2018, en la presentación de mi libro, una comunicadora y terapeuta notó que en seis de los doce cuentos el tema principal era la muerte y me dijo que quería analizarlo conmigo. Yo solo pensé: “Que no me venga a psicoanalizar”.
Me interesa la muerte como un personaje más, no como un suceso trágico, y siempre lo he hecho así, lo sigo haciendo, estoy preparando cuentos para otro libro que se llama Cuentos cortos para gente que duerme sola, y estoy cuidando que la muerte sea diferente en cada cuento. Y la verdad, no sé por qué, simplemente me gusta.
Sitúas la novela en el Mercado Alianza a principios del siglo XX, ¿consideras que el contexto en el que hablas del suceso histórico en una novela también puede fungir como un personaje?
Sí, aunque me resulta difícil manejar datos duros porque no soy experta. De hecho, le quité cerca de cien cuartillas a la novela original porque era demasiado extensa en esos detalles. El contexto histórico fue una necesidad, pero para ubicar a los personajes en una realidad que se sintiera propia y darles un entorno adecuado.
También haces mención de la matanza de chinos, ¿tratas de hacer justicia a través de la memoria?
Sí, aunque no soy especialista en el tema. De niña me daban curiosidad las tiendas de los chinos; recuerdo que frente a la bodega de la Alianza había una tienda de abarrotes de ellos. La matanza me parece un hecho vergonzoso e injusto. Trabajé principalmente con la imaginación y espero que, si alguien de la comunidad china lee la novela, lo reciba como un homenaje respetuoso.
Sobre personajes como Lía y Aurora, ¿qué tanto les condicionan sus heridas?
Las condicionan totalmente.
Sobre todo, en el caso de Aurora, que fue un personaje que modifiqué mucho, porque estaba como muy borrado, y fui como dándole más facciones, más figura a través de sus heridas. Y Lía es una mujer apasionada que prefiere una estabilidad económica antes que romper un matrimonio de conveniencia, y que más tarde busca venganza. Intenta vengarse a través del hijo de quien fue su amante en la juventud, aunque después termina enamorada del muchacho.
Hay personajes que son complejos, por ejemplo, Teodoro, que es muy leal a Alberto y muy noble, pero a la vez tiene este miedo y este resentimiento hacia la población china, ¿Cómo abordas esos claroscuros tan propios de la naturaleza humana?
Para crear a Teodoro me inspiré en mi suegro, que ya falleció. Quise hacer un personaje entrañable, pero con matices, porque las personas no somos totalmente buenas. Por ejemplo, yo te puedo decir que me caen bien los chinos, pero puede ser que de repente me caiga mal la chica que vende de la comida china, porque el otro día fui y estaba espantosa la comida y me cobró muy caro. Entonces busco que mis personajes sean creíbles y no sacados de un cuento de hadas.
¿Qué proceso terminas con esta novela?
Uno que creí que jamás concluiría y con el que me sentía en deuda como escritora. Durante los siete años que la abandoné, me sentía incómoda cuando alguienme preguntaba por ella. Y ahora me da mucho orgullo decir que logré completar el ciclo y mostrar el trabajo final.