Museo del Desierto de Atacama en Chile. Imagen: Sergio Pirrone
Durante los últimos años hemos padecido un calentamiento planetario sin precedentes. Aunque a algunos políticos o empresarios avariciosos no les convenga aceptarlo, es una realidad comprobada por datos duros.
El impacto es mayor para quienes sobrevivimos en climas de calor extremo, como el desierto de Chihuahua, hogar de quienes nacimos y habitamos en Coahuila, Chihuahua, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Nuevo León y Tamaulipas.
Los arquitectos tenemos la obligación de mitigar este fenómeno de desertificación con todos los recursos disponibles si queremos aspirar a una mayor calidad de vida en el presente y futuro próximo.
Desgraciadamente, en la región —y en general en México— se privilegia lo ostentoso —por no decir lo superficial—, dando lugar a inmuebles mal diseñados y mal acondicionados por doquier. Prevalece la copia fácil y se toma muy poco en cuenta el confort térmico, que es uno de los ingredientes fundamentales de la arquitectura y el urbanismo. En muchos casos no entra en la ecuación de quienes se dicen arquitectos y mucho menos de los constructores y/o contratistas, todo por la velocidad de la vida, la falta de conocimientos técnicos o la rentabilidad del dios dinero.

Al final, el cliente es quien tiene que pagar por este gran error recurriendo a aires acondicionados y mini-splits, aparatos de los que termina por depender en su totalidad para mantener una temperatura interior agradable o, al menos, soportable. Esto no solo eleva la cuenta de la luz, sino que el enorme consumo energético genera CO2 y, con ello, abona al de por sí grave calentamiento global.
En esta realidad repleta de imágenes y de redes sociales, los clientes son convencidos para comprar y construir proyectos a partir de renders realistas espectaculares —y a veces muy mentirosos también—, recorridos virtuales, materiales ostentosos y otros recursos de moda que buscan vender la idea de un nivel socioeconómico superior. Es una arquitectura meramente aspiracional, sin llegar nunca a ser la expresión de una cultura o de una identidad.
Es necesario comentar que en la Comarca Lagunera se siguen copiando residencias proyectadas en Monterrey, incluso en los mejores fraccionamientos de la región, sin tomar en cuenta las diferencias entre ambas zonas metropolitanas, comenzando por el clima que, por sí solo, debería hacer que ambas arquitecturas fueran forzosamente distintas.
Pero la Laguna ya demanda obras más profesionales, surgidas de la arquitectura del desierto, como la hemos llamado en diversos foros. Aunque el nombre es lo de menos; lo importante es su alcance.

LOS ERRORES
Desde hace muchos años existen modas sin sustento en la Comarca, como el uso indiscriminado de molduras, canteras, rejas garigoleadas y hasta tejas para una lluvia prácticamente inexistente. Todas son innecesarias si se recurre a ellas sin motivo, pero hay muchos otros errores que, además, son dañinas para el usuario y el medio ambiente, por ejemplo:
• Puertas y ventanas demasiado grandes —además sin doble vidrio hermético (duo-vent), contraventanas ni cortinajes—, así como canceles corredizos, pues son vulnerables a los cambios bruscos de temperatura y permiten una entrada excesiva de polvo.
• Pavimentos claros que introducen calor en todas las áreas del inmueble.
• Uso de la piedra blanco Galarza en lugar de materiales de la región, como la piedra azul, ladrillo local y travertino.
• Cielos de falsa madera oscura que absorben cerca del 100 por ciento del calor y no tienen ninguna relación histórica o cultural con las maderas de la región.
• Vigas IPR negras de acero perimetrales que promueven el sobrecalentamiento.
• Proyecciones que no toman en cuenta la gráfica solar, es decir, los solsticios y equinoccios laguneros.
• Nulo cuidado con respecto a los vientos dominantes y máximos de la localidad, tanto para generar ventilación pasiva como para crear barreras de protección contra las tolvaneras frecuentes.
• Espacios interiores demasiado altos (de cuatro metros en adelante) que aumentan exponencialmente el consumo energético y la producción de CO2.
• Jardines verdes con flora mayormente foránea, particularmente el pasto en rollo, pues generan altos costos de mantenimiento.
• Paleta de colores cafés, beiges, negros o grises que, en tonos oscuros, promueven la absorción de calor.
• Muros relativamente ligeros hechos de materiales no aislantes.
• Losas no aisladas que permiten sobrecalentamiento por conducción y radiación.
• Apertura excesiva al exterior, exponiendo los edificios a la intemperie.
• Marcadas diferencias de humedad ambiental en la construcción.
• Dependencia total de la tecnología para el confort térmico, además de no proteger los aparatos de aire y la ductería contra los rayos solares.
No contrate arquitectos que solamente le vendan renders espectaculares. Por desgracia para todos nosotros, los errores aquí enlistados están presentes en casi la totalidad de nuestra Comarca Lagunera.

CÓMO RESOLVERLOS
El Instituto Americano de Arquitectos (AIA, por sus siglas en inglés) ha desarrollado criterios para construir en climas desérticos. En conjunto con los rasgos más comunes de la arquitectura vernácula del noreste de México, pueden dar como resultado una nueva Escuela de Arquitectura Lagunera que contenga todos los rasgos compositivos, de historia, identidad y culturales de la región.
Esta búsqueda ha encontrado eco en el Seminario de la Cultura del Desierto, de donde se desprende la llamada arquitectura del desierto que, a su vez, debe ser una arquitectura pasiva. Se le conoce así a aquella corriente que aspira a un bajo consumo energético y a una producción mínima de CO2. Para ello utiliza distintos recursos a fin de alcanzar un nivel de confort térmico ideal, es decir, una temperatura cercana a los 23 grados centígrados, con un rango de humedad relativa entre un 30 y un 50 por ciento, que permita vivir cómodamente reduciendo drásticamente los gastos de una vivienda o un edificio.

Aunque el diseño inicial de una obra de arquitectura pasiva puede requerir una mayor inversión, los costos de operación y mantenimiento suelen ser mucho menores durante la vida útil del edificio, ya que reduce al máximo el uso de calefacción, aire acondicionado e iluminación artificial.
Este tipo de arquitectura utiliza la orientación solar, la iluminación natural, la ventilación cruzada y el sombreado para mejorar el desempeño del inmueble. Una construcción con estas características mantiene temperaturas interiores más estables durante todo el año; incluso conserva el calor o el fresco cuando se interrumpe el suministro eléctrico.
Algunas estrategias para conseguir estos objetivos son el sombreamiento de fachadas y ventanas al este, sur y oeste; la proyección de espacios extramuros sombreados al norte; cocheras con cubierta al oeste, y porches. Asimismo se recomienda el uso de galerías y balcones tanto en planta alta como en baja.
Para el verano, la AIA destaca la importancia del enfriamiento por evaporación a través de técnicas como las masas de agua y vegetación en sitios estratégicos.
También considera el uso de materiales con mucha masa térmica en los interiores, taludes de tierra, áreas excavadas, un buen sellado contra la infiltración de aire y aislamiento en muros, losas y pisos. Todo esto atenúa el salto térmico del día a la noche.
Las ventanas son muy importantes para controlar la temperatura. Para el clima desértico deben ser pequeñas y no más de las estrictamente necesarias.
El lado sur no puede quedar desprovisto de ellas y deben permitir la entrada de sol en invierno. Los aleros son esenciales para esta tarea: cuando están bien diseñados, dejan pasar los rayos solares en invierno y los interceptan en verano.
En primavera y otoño, la función principal de las ventanas es favorecer la ventilación natural. Para evitar bolsas de aire, las ventanas verticales son la solución, en conjunto con algunas altas para controlar la iluminación y la temperatura.
El favorecimiento de ventilación natural reduce la acumulación de contaminantes y mejora el bienestar de los ocupantes de cualquier edificio. Además, un buen diseño de la envolvente —aislamiento, ventanas y control de humedad— ayuda a proteger la estructura y prolongar la vida útil de los materiales.
Los espacios con abundante luz natural, temperaturas confortables y buena calidad del aire se asocian con una mejor salud, mayor concentración y una mayor satisfacción de los usuarios. Pero no solo eso, sino que las edificaciones eficientes energéticamente suelen ser más atractivas para compradores e inversionistas debido a sus menores costos de operación.

DAR EL PRIMER PASO
La arquitectura pasiva es una de las estrategias más eficaces para diseñar viviendas y edificios preparados para enfrentar el cambio climático y reducir el impacto ambiental de la industria de la construcción. Por ello es muy necesario que todos los actores vinculados a las obras arquitectónicas y de urbanismo —clientes, arquitectos, constructores e incluso las autoridades federales, estatales y municipales— adquieran mayores conocimientos técnicos al respecto. La Laguna se está quedando muy atrás con respecto a otras regiones del país; debemos redoblar esfuerzos.
No olvidemos, además, que es necesario aprender a amar nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad regional. Los arquitectos y la sociedad en general tenemos la urgente tarea de promover un mayor y verdadero sentido de pertenencia. Estar orgullosos de ser laguneros.
Una vez que amemos nuestra región, podremos responder con sensatez a los siguientes cuestionamientos: ¿Quién está construyendo nuestras ciudades? ¿Merece la Laguna tener solamente construcciones de moda, sin alma y con innumerables errores garrafales? ¿O merece contar con una arquitectura que nos ponga en el mapa y nos brinde una mejor calidad de vida?
No olvide contratar arquitectos que realmente hagan obras atemporales, locales y de valor. Los laguneros estamos listos para crear, vivir y gozar una arquitectura de primer nivel.v


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