(CORTESÍA)
Ante el hallazgo de una bolita durante la autoexploración, es fundamental mantener la calma, aseguran médicos del ISSSTE, ya que la práctica constante de esta técnica ayuda a las mujeres a conocer sus mamas y reconocer con mayor facilidad cuando se presenta algún cambio.
Aunque la noticia de una protuberancia suele generar preocupación, la realidad es que existen diversas causas de origen no maligno que provocan modificaciones en el tejido mamario.
Sin embargo, el ISSSTE enfatiza la importancia de no ignorar ninguna señal de alerta y acudir de inmediato a una valoración médica profesional si se nota algo diferente a lo habitual, incluso cuando la zona no presente dolor.
Para comprender mejor por qué ocurren estas alteraciones, es necesario analizar detalladamente cada una de las causas benignas y patológicas más comunes de las bolitas en los senos.

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Cada vez es más común en mujeres menores de 50 años debido a factores hereditarios o algunos hábitosEn primer lugar, la fibrosis y los cambios fibroquísticos corresponden a alteraciones del tejido mamario causadas directamente por las variaciones hormonales propias del ciclo menstrual. Estas condiciones pueden provocar zonas duras, rugosas o pequeños bultos que suelen generar mayor sensibilidad, hinchazón o dolor punzante justo antes de la llegada de la regla.
En segundo lugar, los quistes mamarios se diferencian claramente por tratarse de pequeñas bolsas o sacos cerrados que se encuentran llenos de líquido. Al tacto, se sienten como bolitas blandas, lisas y móviles, una consistencia muy similar a la de un globo lleno de agua. Este tipo de formaciones benévolas aparecen con mayor frecuencia en mujeres que se encuentran entre los 30 y los 50 años de edad.
En tercer lugar, los fibroadenomas representan otra de las causas más habituales, consistiendo en tumores sólidos benignos formados por una combinación de tejido glandular y conectivo. Son sumamente comunes en mujeres jóvenes de entre 15 y 35 años de edad. Al palparlos, se perciben bajo la piel de manera muy similar a una canica o una uva, ya que son firmes, perfectamente redondos y muy móviles, y por lo general no generan ningún tipo de molestia o dolor.
Por otra parte, la necrosis grasa y los lipomas se distinguen por ser acumulaciones de grasa corporal o tejido cicatrizal que pueden formarse después de que la paciente ha sufrido un golpe fuerte, una caída, un traumatismo directo o una cirugía previa en el área del pecho.

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En cuanto al cáncer de mama, aunque los tumores malignos representan la causa estadísticamente menos frecuente en comparación con todas las benignas antes mencionadas, constituyen la situación más importante de descartar. Una bolita sospechosa de malignidad se diferencia radicalmente por ser dura, rígida, con bordes totalmente irregulares y por encontrarse fija, lo que significa que no se desplaza ni se mueve al tocarla.
Además, una característica preocupante es que a menudo no produce ningún tipo de dolor en sus etapas iniciales de desarrollo.

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Se aconseja prestar máxima atención a cualquier señal de alarma complementaria, tales como cambios notorios en la forma o el tamaño de la mama, la aparición de hundimientos o modificaciones extrañas en la textura de la piel, alteraciones evidentes en el pezón, o bien, la presencia de cualquier secreción que no corresponda a la leche materna.
Ante cualquiera de estos indicios, la recomendación médica es acudir de inmediato a la unidad de salud para una valoración integral.
