Dago de la O y Katia Valenzuela.
Una tarde distinta tomó forma entre brasas y buena compañía en conocido residencial. El taller de parrilla reunió a entusiastas del asador en un ambiente relajado, donde el aprendizaje fluyó de manera natural entre consejos, práctica y ese toque especial que solo da el fuego encendido. Más que una clase, fue un momento para disfrutar, compartir y dejarse llevar por los sabores.
Quienes asistieron vivieron una experiencia completa, sumando técnica y convivencia en cada instante. Entre cortes bien preparados, charlas amenas y un entorno que invitaba a quedarse, el evento logró algo simple pero valioso: convertir una tarde cualquiera en un recuerdo que se saborea incluso después de que se apagan las brasas.




