La respuesta certera, ajena a filias y fobias político-ideológicas-partidistas, deben tenerla sin duda varios millones de mexicanas y mexicanos que cotidianamente dan la batalla a la carestía (no en su significado de escasez sino en el de aumento excesivo de los precios de productos básicos) o de otros (por supuesto que no tantos) que ven decaer sus negocios y se niegan a invertir su dinero por incertidumbre jurídica y miedo a la inseguridad.
¿Qué dicen las cifras macroeconómicas del gobierno que muchos aseguran que son "maquilladas" y otros tantos que les debemos credibilidad por ser las oficiales?
Tales posiciones confrontadas hacen pertinentes otras preguntas: ¿Cuál es la situación real? ¿Es buena, regular, mala o catastrófica? ¿Se ve venir una crisis mayor? ¿Es necesario hacer ajustes?
Van algunos datos duros:
Estimaciones tanto públicas como privadas prevén un crecimiento del PIB de 1.4 por ciento en 2026, aunque analistas privados (encuestados por Citi) lo redujeron a 1.1 por ciento. Se trata, inequívocamente, de un crecimiento muy bajo para un país emergente como México.
La proyección de inflación general para finales de este año es de 4.2 por ciento con tendencia a bajar a 3.8 por ciento en 2027. En ese contexto, el Banxico anunció que mantendrá la tasa de interés de referencia en 6.5 por ciento durante lo que resta de 2026 y en 2027. No se ven venir en este rubro cambios bruscos, lo que manda una señal de estabilidad.
La tasa de desempleo abierto puede considerarse baja (entre dos y tres por ciento), pero con una informalidad estructural cercana a 55 por ciento del total de la población ocupada. El problema no es la falta de empleo, sino que el que hay es precario, informal y de baja productividad.
La inversión en maquinaria y equipo acumula más de un año de caída estimada en nueve por ciento, lo que refleja falta de confianza y debilidad en la inversión nueva; en tanto que solamente una tercera parte de la inversión extranjera directa es nueva, mientras que el tipo de cambio se mantiene estable entre los 18 y 19 pesos por dólar.
En el futuro inmediato hay un entorno de riesgos específicos: la revisión del T-MEC, los posibles ajustes arancelarios de Estados Unidos y la debilidad industrial global.
De los análisis consultados por esta columna sobre la base de sus datos, la situación económica de México no es catastrófica, pues la inflación es moderada y sin espiral, además de que el tipo de cambio y el sistema financiero están relativamente estables; pero tampoco es buena pues la confianza empresarial es frágil, la inversión sigue deprimida y el crecimiento es insuficiente para mejorar el ingreso per cápita, pese a los aumentos salariales y los apoyos sociales que sin duda han ayudado a mejorar los niveles de consumo.
Se infiere, luego entonces, que la situación económica es regular, tirándole a mala, por su bajo crecimiento estructural, informalidad persistente, inversión débil y riesgos externos relevantes.
Sin embargo, no se vislumbra una crisis mayor ya que no se observa una burbuja financiera masiva ni un colapso cambiario inminente, sin que se subestime el riesgo de una crisis silenciosa de bajo crecimiento prolongado. De manera que más que un estallido súbito, el riesgo es el estancamiento crónico: un país que no se derrumba económicamente, pero que tampoco despega.
Los ajustes parecen inevitables y de acuerdo con el staff menos radical en el entorno presidencial, no se descartan. Claudia Sheinbaum decidirá si le apuesta a la continuidad o si hace ajustes moderados o radicales. En cualquier caso, los haría hasta agosto de 2027, una vez pasadas las elecciones intermedias.