E uropa y México son en este momento compañeros de soledad y también de incomprensión. Estados Unidos ha dejado a un lado a sus aliados tradicionales. Se ha distanciado de sus geografías más inmediatas y de sus intereses más tradicionales. Y en esta confusión geopolítica, los mexicanos siguen con su destino atado al estadounidense, mientras los europeos se quedan solos en su conflicto con Rusia y como meros testigos de la coronación de China.
Al presidente Xi Jinping se le ha recibido en la Base Conjunta Andrews como siempre lo hubiera deseado Angela Merkel o Adolfo López Mateos. Observamos el pasado 24 de septiembre cómo el presidente Trump acogía al premier chino en Washington como un estadista mundial, con alfombra de honor, escolta militar y lo que muchos otros líderes mundiales anhelan: un trato de igual.
La amenaza de la frase atribuida a Napoleón se cumplió, “China es un gigante dormido…, cuando despierte, el mundo se sacudirá”. Lo que nadie vislumbraba es que Europa iba a ser la primera relegada. Estados Unidos ya no es su compañero de baile en Naciones Unidas, el paladín de la OTAN o el orador en coro a favor de la democracia. Los europeos se quedaron danzando un tango sin pareja y a media canción. Es irónico, una Unión Europea pacífica, democrática y de amplias instituciones ya no entusiasma a los “americanos”.
No eres tú, soy yo. La Unión Americana tiene un amor inexorable por las tierras raras de China que necesita para sus industrias y semiconductores. Y sin duda, un amplio interés en la segunda economía mundial, con un mercado de más de 1,400 millones de consumidores.
Aunque los europeos comunitarios mantienen el liderazgo con patentes de alto valor, su tecnología ya no seduce a EU. La actividad inventiva, científica y emprendedora se ha mudado a la tierra del medio.
Los chinos alcanzaron desde hace tiempo el primer lugar mundial en solicitudes de patentes y se calcula que —sólo en 2026– 2.3 millones de patentes chinas están en revisión. De los 100 clúster de innovación mundial, 25 son chinos, mientras los europeos más aventajados, los alemanes, sólo cuentan con 7.
Previo al distanciamiento reciente de Estados Unidos, la Unión Europea mantenía relaciones cercanas con Rusia y le proveía de euros a cambio de abundante gas ruso, a buen precio. Hasta 2021, cerca del 45% del gas importado era ruso; antes esa compra les aseguraba a los europeos la consideración y armonía rusa. Ahora la UE está en el peor de los mundos, tiene a un EU poco comprometido con la seguridad y a una Rusia que depende de menos euros, con una guerra en Ucrania.
El laberinto de la soledad mexicano es quizá menos trágico. Al igual que con Europa, EU está pidiendo un divorcio mexicano. A diferencia de que con México sigue pernoctando en el mismo lecho. También recordando a las paradojas de Octavio paz, los mexicanos apenas se acostumbraban a ser norteamericanos, después de la unión de TLCAN en 1994, cuando se dieron cuenta con el T-MEC de que están casados por bienes separados. Pero al fin, en la misma cama.