Exigir una disculpa
La Copa Mundial de Futbol fue el marco para el primer encuentro entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI de España. El 26 de junio, el monarca visitó a la mandataria en Palacio Nacional. Ella había buscado restar importancia a la reunión diciendo que sería una breve visita de cortesía. Y sí fue cortés, pero duró una hora y 29 minutos, lo cual no es breve.
La reunión fue “cordial”, dijo la presidenta. “Conversamos sobre la importancia de los pueblos originarios a lo largo de la historia y de los vínculos entre México y España. Coincidimos en fortalecer la relación bilateral en beneficio de nuestras naciones”.
La Casa de Su Majestad el Rey, que no puede intervenir en las acciones del gobierno español, simplemente manifestó que el monarca había “mantenido un encuentro con la presidenta de los Estados Unidos Mexicanos, Claudia Sheinbaum, en el Palacio Nacional de México”. El ministro de asuntos exteriores de España, José Manuel Albares, reportó, después de una reunión con su homólogo mexicano, Roberto Velasco, que “las relaciones fraternales España-México están entre las más intensas y fructíferas”.
Atrás quedó la “pausa” que ordenó el expresidente López Obrador tras exigir al rey Felipe una disculpa a los pueblos indígenas de México por la conquista ocurrida en el siglo XVI. El monarca nunca ofreció esa disculpa pública, pero el 16 de marzo, al visitar la exposición La mitad del mundo: La mujer en el México indígena en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, expresó que en la conquista “hubo mucho abuso” y “controversias éticas”.
La presidenta Sheinbaum usó esta declaración como pretexto para eliminar una pausa que no tenía ninguna implicación práctica, pero que envenenaba el vínculo con un país con el que México tiene muy importantes lazos económicos y culturales. Fue una decisión sensata, aunque quizá haya incomodado a algún político jubilado en Palenque.
Exigir una disculpa por la conquista es una insensatez. Ni España ni México existían formalmente en el siglo XVI. Los conquistadores pueden haber sido crueles, y sin duda muchos lo fueron, pero los españoles de hoy no tienen nada que ver con ellos. De hecho, la mayoría permanecieron en México y dieron lugar a la fusión de pueblos y culturas que hoy es nuestro territorio, una nación 93 por ciento mestiza. Además, el contingente más nutrido del ejército que derrotó a Tenochtitlan era de tlaxcaltecas oprimidos por los mexicas. ¿Deberíamos los mexicanos pedirnos disculpas a nosotros mismos por la conquista?
Si hubiera que exigir una disculpa a alguien, quizá tendría que ser a los gobiernos mexicanos. A más de dos siglos de la Independencia, la población indígena vive en buena medida sumida en la miseria. Las políticas públicas han sido un fracaso.
A fines del siglo XVIII, la vieja y la Nueva Españas tenían productos per cápita muy similares. La economía mexicana se desplomó en el siglo XIX, en especial a partir de la independencia en 1821, pero con el tiempo México recuperó terreno y ya para 1950 su PIB per cápita era virtualmente igual al de España. Hoy, sin embargo, los españoles son por lo menos dos veces más prósperos que los mexicanos.
No tendría que ser así. Mientras nuestros políticos seguían pensando en lo que sucedió hace 500 años, los españoles trabajaron para construir un país más próspero. Es a nuestros políticos a quienes los mexicanos debemos exigir disculpas.