En las novelas policiacas, un asesinato se suele disfrazar de accidente. De manera original, Maigret y la joven muerta, de Georges Simenon, trata de una muerte azarosa que se presenta como un crimen. Con astucia, el autor belga revierte la lógica habitual de los sucesos. En México, esa trama no pertenece necesariamente a la ficción: una muerte azarosa puede ser más comprometedora que un asesinato.
El 25 de julio de 2024, Héctor Cuén, ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y líder del Partido Sinaloense (PAS), fue convocado a una reunión en el rancho Huertos del Pedregal, en las afueras de Culiacán, para dirimir las diferencias entre dos cárteles que desangran al estado, el de Ismael “El Mayo” Zambada y el de los “Chapitos”. Aparentemente (adverbio imprescindible en México), la convocatoria venía del gobernador Rubén Rocha Moya, antiguo aliado de Cuén y su máximo rival político. Se trataba, pues, de limar asperezas entre las bandas criminales y quienes competían por el poder. Rocha Moya ha declarado que en ese momento estaba en Estados Unidos, lo cual aumenta el teatro de las paradojas: el país que le sirvió de coartada, hoy pide que lo extraditen.
El quehacer público puede ocurrir en las tinieblas: “El Mayo” fue víctima de una emboscada que lo llevó en un avión a Estados Unidos; los “Chapitos” lo entregaron a cambio de recibir un trato favorable.
Sigamos con los asombros: Cuén y Rocha Moya amasaron su poder con un cargo ¡académico! Ambos fueron rectores de una universidad con 170 mil alumnos y presupuesto anual de 7 mil 800 millones de pesos. La educación superior fue su trampolín.
Sin miedo a la incongruencia, Cuén quiso ser diputado por el PAN, fue alcalde de Culiacán por el PRI, trató de ser senador por Nueva Alianza y acabó fundando su propio partido, el PAS. Nacido en Badiraguato, cuna de narcos como “El Chapo” y Caro Quintero, fue nieto de Melesio Cuén, tres veces presidente municipal, vinculado con el tráfico de opio. Apoyó la campaña de Rocha Moya, plagada de irregularidades y secuestros, y durante seis meses fue secretario de Salud. Todo cambió cuando el gobernador quiso apoderarse de la universidad. Las huestes de Cuén lo frenaron y la relación entre ellos se rompió.
¿Qué sucedió el 25 de julio? Según la fiscalía de Rocha Moya, “El Mayo” se entregó para ser llevado a Estados Unidos y Cuén murió en un asalto que nada tenía que ver con eso, ocurrido en una gasolinera a 12 kilómetros del rancho. “El Mayo” escribió una carta desde la cárcel en la que desmentía esta versión: fue secuestrado y Cuén murió en el encuentro entre los cárteles.
Bajo el mando de Gertz Manero, la fiscalía federal encontró rastros de la sangre de Cuén en el rancho. Solicitó que se interrogara a quienes hicieron la investigación, pero la iniciativa fue desechada por un juez local, y la FGR acabó archivando el caso.
Ernestina Godoy volvió a abrir el expediente con la detención de un testigo presencial, Fausto Corrales, hijo de otro ex rector de la UAS, Víctor Antonio Corrales, y brazo derecho de Cuén.
En 2024, Corrales repitió la versión de la fiscalía del estado: él y Cuén fueron asaltados en la gasolinera, el ex rector se resistió y le dispararon. En agosto de 2026 cambió su declaración, confirmando lo que “El Mayo” había dicho en su carta dos años antes: Cuén murió en el fuego cruzado entre los sicarios de “El Mayo” y los de los “Chapitos”. En una inversión de roles, un criminal fue verídico y un testigo falseó los hechos.
Todo esto se supo mientras Rocha Moya regresaba impulsivamente a su cargo. Durante 112 días había gobernado por celular. Ante el avance de las investigaciones, interrumpió su trabajo de home office para recuperar el fuero.
Cercano a López Obrador desde los años noventa, fue protegido por el gobierno en nombre de la “soberanía”, hasta que Sheinbaum dijo basta y se deslindó de él. En un gesto que podría indicar un deseable viraje político, todas las fuerzas del oficialismo apoyaron a la Presidenta.
El ministerio público ama los eufemismos. La historia aquí contada se escribe así: “Fausto ‘N’ acompañó a Héctor ‘N’ a ver a Ismael ‘N’”. Ese lenguaje revela que vivimos entre simulacros: en el “País N”.
Durante su campaña, Sheinbaum ofreció “continuidad con sello propio”.
Su legado dependerá de disolver ficciones para modificar la zona que numerosos actores políticos desean ocultar: la realidad.