Expertos ven fin a los 'abrazos y no balazos'
La reducción de casi 40% en los homicidios dolosos registrada entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025 ha reavivado el debate sobre el rumbo de la política de seguridad en México. Para especialistas en la materia, este descenso refleja un viraje claro respecto a la estrategia aplicada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, particularmente en lo que se conoció como la política de “abrazos y no balazos”.
De acuerdo con Javier Oliva, académico de la UNAM y analista en temas de seguridad, las cifras oficiales confirman una disminución sostenida de asesinatos en el actual sexenio, lo que atribuye a un enfoque más estructurado encabezado por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. No obstante, advierte que algunos delitos, como la extorsión, continúan siendo un desafío pendiente.
Para el especialista, el cambio no es menor. Señala que la presidenta Sheinbaum ha marcado distancia no sólo del modelo aplicado por López Obrador, sino también de prácticas arrastradas desde inicios de los años 2000, cuando —afirma— las áreas de seguridad estuvieron ocupadas por perfiles sin preparación técnica suficiente.
Aunque Oliva descarta una ruptura total con la estrategia anterior, sí reconoce una transformación de fondo. “No es una continuidad, pero tampoco un corte abrupto. Es una estrategia distinta, con un énfasis claro en inteligencia y operación”, explicó, al subrayar que el mensaje hacia la delincuencia organizada ha cambiado de forma sustancial.
Este nuevo enfoque se ha visto reforzado por reformas legales aprobadas el año pasado, entre ellas la actualización de la Ley de la Guardia Nacional y la creación del Sistema Nacional de Investigación e Inteligencia en materia de seguridad pública, instrumentos que —según Oliva— permiten enfrentar al crimen organizado con mayor planeación y coordinación.
El especialista también destacó una relación más estrecha con Estados Unidos, especialmente en el intercambio de inteligencia y el combate al tráfico de drogas y armas. Dijo que esta cooperación ha sido reconocida incluso por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y consideró que uno de los factores clave es la profesionalización de los funcionarios encargados del área.
A diferencia de quienes atribuyen este giro a presiones externas, Oliva sostuvo que la designación de García Harfuch ya se perfilaba desde el periodo de transición, lo que indicaría que el cambio de estrategia estaba previsto desde antes. Entre los avances, mencionó más de 30 mil detenciones y golpes directos a estructuras criminales ligadas a Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada, el CJNG y el Cártel de Santa Rosa de Lima.
En la misma línea, Abraham Serrano, consultor internacional especializado en seguridad, geoestrategia e inteligencia, coincidió en que la disminución de homicidios confirma un abandono del enfoque permisivo hacia el crimen organizado. Sin embargo, puso el acento en el contexto internacional y en el papel de Estados Unidos.
Para Serrano, existe una presión geopolítica clara desde Washington para que México entregue resultados concretos, especialmente bajo las exigencias del gobierno de Donald Trump. A su juicio, la caída en los homicidios dolosos es consecuencia directa de esta demanda y del trabajo del grupo bilateral de seguridad entre ambos países.
Aunque el gobierno mexicano insiste en preservar la soberanía, Serrano considera innegable la existencia de una coordinación más estrecha, cuyos efectos comienzan a reflejarse en los indicadores de violencia.