"Las estadísticas son como los bikinis: lo muestran todo, excepto lo esencial". Anónimo
Nadie podrá acusar a la presidenta Sheinbaum de pesimismo. Ha presumido que México es "el país más democrático sobre la faz de la Tierra", el segundo con menor desigualdad en América y el que ha tenido mayor crecimiento de la clase media en Latinoamérica. Hace unos días afirmó que "es el segundo país con menos desocupación en el mundo". Añadió: "La transformación da resultados".
Sin embargo, México no solo no es el país más democrático, distinción que corresponde a Dinamarca, Noruega, Islandia o Alemania, según el índice que se use, sino que ha tenido un retroceso democrático importante, de conformidad con The Economist Intelligence Unit, la Universidad de Wolfsburgo, International Idea y V-DEM. Tampoco es el segundo país con menor desigualdad en América, como ha apuntado verificado.com.mx. La definición de clase media que usó para su triunfante declaración, por otra parte, no es del Banco Mundial, como aseguró, sino de un centro de investigación de la Universidad Nacional de La Plata de Argentina que emplea un cuestionable piso para la clase media de 17 dólares al día, 9,180 pesos al mes, que difícilmente permite a una familia en México acceso a ese nivel social.
La afirmación de que México tiene la segunda tasa de desempleo más baja del mundo también es falsa. La presidenta usa una tabla elaborada por su gobierno que solo incluye 14 países. Las cifras están tomadas de datosmacro.com, una publicación en internet de la revista española Expansión, que registra 2.6 por ciento para Japón, 2.7 para México, 3.8 para Alemania y así sucesivamente hasta España, en el 14º puesto, con 10.5 por ciento.
Estos resultados no consideran la calidad del empleo, pero aun así la tabla es incompleta. La tasa de desocupación de Guatemala, por ejemplo, es de 2.2 por ciento, inferior no solo a la de México sino también a la de Japón. Los países con menores tasas de desempleo en realidad son Qatar, 0.1 por ciento; Camboya, 0.3; Níger, 0.4; Tailandia, 0.7; y Burundi, 0.9 (Investopedia, Banco Mundial). Una baja desocupación, por otra parte, no significa que el país sea próspero: los 10 con tasas de 1.4 por ciento o menos son todos pobres.
La presidenta puede presumir muchas cosas de México, por lo que no tiene sentido inventar triunfos inexistentes. El INEGI, por ejemplo, ha señalado que entre 2018 y 2024 la pobreza multidimensional bajó de 41.9 a 29.6 por ciento. Lo dije en su momento y lo reitero: es un gran logro, especialmente en un período en que el crecimiento económico ha sido virtualmente nulo. Una parte importante de esta disminución viene de las ayudas que el gobierno ha entregado directamente a la gente. El expresidente López Obrador decía que un 70 por ciento de la población recibía cuando menos alguna ayuda de su gobierno. ¿Dudas? Sí, claro. La extinción del Coneval, la institución autónoma que evaluaba la política social, generó cuestionamientos sobre los resultados, aunque parece que el INEGI hizo un buen trabajo, en parte porque contrató a quienes hacían la evaluación en Coneval. Más relevante es preguntar si la pobreza podrá seguir bajando si no hay crecimiento económico.
Que la presidenta pueda presumir el avance en la pobreza, sin embargo, no significa que México sea el país más democrático de la Tierra, ni el segundo menos desigual de América, ni el que ha tenido un mayor crecimiento de la clase media en Latinoamérica, ni el segundo con menor desempleo en el mundo. Si revisara las cifras del INEGI sobre economía informal y subocupación se daría cuenta de que todavía tenemos mucho trecho que andar para lograr una desocupación baja.
CUESTA
Dijeron que no habría aumentos de impuestos, pero los habrá y muchos, desde las retenciones al ahorro hasta el IEPS de la gasolina, los impuestos a plataformas digitales y los aranceles a productos asiáticos. Va a ser una pesada cuesta de enero para los mexicanos.