Felices 250, vecinos
No es muy popular en México que algún nacional felicite a los vecinos del norte. Nos han enseñado a pensar que nuestro país es pobre porque Estados Unidos es rico. Que nos despojaron de la mitad del territorio nacional con la injusta guerra de 1847-1848 y que, además, se llevaron lo pavimentado y lo irrigado. Nos negamos a entender la influencia positiva que la Unión Americana ha tenido sobre nosotros y la importancia de su Declaración de Independencia firmada el 4 de julio de 1776, hace 250 años.
Para empezar, hay que reconocer el sentido práctico de los estadounidenses. Ellos celebran su surgimiento como nación soberana el mismo día en que proclamaron el acta de independencia. Nosotros ocultamos la nuestra, del 28 de septiembre de 1821, porque la impulsó Agustín de Iturbide, el verdadero padre de la patria, un personaje que 200 años después sigue incomodando a nuestros políticos e historiadores oficiales. Preferimos celebrar el 16 de septiembre, aunque en realidad el festejo se ha movido a la noche del 15, fecha en que, en 1810, el cura Miguel Hidalgo no solo no proclamó la independencia, sino que lanzó una sanguinaria rebelión en contra del mal gobierno y a favor de defender los derechos de Fernando VII a la corona española y novohispana.
Si bien las diferencias entre las 13 colonias originales de la Unión Americana eran grandes, una de sus virtudes fue que supieron forjar un sentimiento de unidad. Los padres fundadores, como Thomas Jefferson y Alexander Hamilton, tenían ideas muy distintas, pero establecieron una nación que respetaba las libertades individuales, especialmente las económicas, y construyeron un sistema democrático que permitía la celebración de elecciones justas para escoger a los gobernantes. En México, en cambio, nos pasamos las primeras décadas de vida independiente en pleitos y guerras civiles, primero entre centralistas y federalistas, después entre liberales y conservadores. Por eso perdimos Centroamérica y después Texas, y luego los territorios del norte que estaban virtualmente abandonados por el gobierno nacional.
La independencia de Estados Unidos influyó poderosamente en los novohispanos para impulsar nuestra separación de España. Los principios del Acta de Independencia y de la Constitución de Estados Unidos inspiraron los Sentimientos de la Nación y nuestras constituciones de 1824 y 1857. Los liberales mexicanos, como Benito Juárez, admiraron a Estados Unidos porque consideraban que el libre comercio, los derechos de propiedad, el estado laico, la inmigración y la eliminación de los usos y costumbres de los pueblos indígenas eran indispensables para lograr una prosperidad como la de ellos.
En 1600 Nueva España era más rica que las colonias británicas de Norteamérica, pero estas fueron mejorando y para 1800 los Estados Unidos nos habían superado, aunque la diferencia no era insuperable. Sin embargo, en los siguientes años, décadas y siglos, la Unión Americana siguió creciendo, mientras que México solo lo hizo de manera esporádica y a un ritmo menor. En los años de la 4T el proceso se ha acentuado. La economía mexicana se ha estancado desde 2019, mientras que la estadounidense ha crecido a buen paso.
Ni Estados Unidos ni ningún país es perfecto. Donald Trump ha tomado medidas para impedir el libre comercio y la inmigración que están debilitando la economía estadounidense. Aun así, no hay duda de que su país es la mayor potencia del mundo y una de las naciones más prósperas del planeta. No solo es de buena educación felicitarlos por el éxito de sus primeros 250 años, sino que deberíamos estar más dispuestos a imitar sus mejores prácticas.