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'Firmado con mi nombre', Lucía Olivares explora la escritura terapéutica en su tercer libro

Lucía Olivares ha publicado su tercer libro: ‘Firmado con mi nombre’

'Firmado con mi nombre', Lucía Olivares explora la escritura terapéutica en su tercer libro

'Firmado con mi nombre', Lucía Olivares explora la escritura terapéutica en su tercer libro

SAUL RODRÍGUEZ

Escribe porque su manera de habitar la vida es a través del lenguaje. Lo ha hecho desde muy pequeña. Fue la palabra quien la acompañó en esos rincones de soledad donde también se refugió su infancia. Lucía Olivares se sincera, habla sin máscaras ante la grabadora. Narra que cuando tenía apenas tres años de edad, perdió a un hermano casi recién nacido; le tocó afrontar la depresión de sus padres y entonces, como si se tratara de un poema de Alejandra Pizarnik, decidió nombrar las cosas del mundo.

“Desde chiquita empecé a ser una niña muy sola. La verdad es que yo lo disfrutaba. Y empecé a escribir cuentos, escribía canciones cuando estaba en primaria. Tengo muchos textos desde hace mucho tiempo y para mí empezó a ser muy sanador: como que las cosas que vivía y que me dolían, buscaba la forma de contarlas de otra manera, de alguna manera que fuera menos dolorosa y darles una explicación”.

Lucía Olivares ha publicado su tercer libro: ‘Firmado con mi nombre’ (2025), un texto que ofrece al lector la oportunidad de dialogar con sí mismo. La autora lo presenta en forma de rayuela; quien lee puede elegir en qué página empezar y en cuál concluir. “Ahora escribo pájaros / No los veo venir, no los elijo…”, reza un poema de Julio Cortázar. Olivares invita a tener el valor de mirar dentro de sí y depositar en un lugar seguro todo aquello que revolotea por la cabeza. Conversar desde el caos, desatar miedos e ilusiones. Y ante la blanca quietud del cuaderno, escuchar cómo la habitación es cubierta por una bandada de palabras.

“Cuando empecé a estudiar la maestría —que justó fue después de un proceso terapéutico—, yo ya había estudiado comunicación, aunque en realidad quería estudiar letras. Ahí nos empezaron a poner muchos ejemplos de cómo la escritura te ayuda en un proceso terapéutico o te ayuda para redefinir tu historia, encontrarle otra narrativa, otra forma de contarla. Entonces, me di cuenta que lo que yo hacía desde muy chiquita tenía ese beneficio, por eso me gustaba mucho, por eso lo hacía tanto”.

La escritura ayuda a sanar, pero no suple un proceso terapéutico de psicoanálisis u otra corriente psicológica. Lucía Olivares aclara que se trata de una herramienta que trabaja en el reconocimiento; ayuda a entender la vida y cómo se está contando, permitiendo observar una situación desde distintas ópticas al enfocarse en la conciencia y la honestidad del individuo, hasta que este se vea vulnerable.

“Yo siempre he dicho que escribir es desnudarte en público. A veces le tenemos mucho pudor al cuerpo. Creo que cuando compartes tus vulnerabilidades, realmente te estás exponiendo más a que la gente sepa por dónde te puede lastimar, porque ya estás diciendo dónde te duele. Y sí, sí se requiere un cierto tipo de valentía, pero soy fiel creyente de que cuando te expresas, no sé si te sanas, pero ya no te haces tanto daño. La gente que se reprime mucho luego empieza a somatizar desde otro lugar. La verdad es que todos mis libros tienen mucho de autobiográfico; son otros nombres, otros escenarios, pero uno no escribe cosas que no ha sentido”.

En ‘Firmado con mi nombre’, Lucía Olivares también comparte vivencias y aspectos personales de su familia (habla de la ausencia de su abuelo paterno, de sus padres, de sus sueños, de sus triunfos y fracasos), los cuales revelan la raíz de su escritura. Posteriormente, motiva al lector a escribir y convertirse en el autor de su propia historia.

“En 2024 empecé a dar talleres de escritura terapéutica. Ya quería hacer otra cosa aparte de los medios; me puse a diseñar un taller y empecé a darlo. Me ocurría que luego entraban personas que se dedican a cosas similares a mí o que dan talleres. Tomaban el taller que era el sábado y el lunes publicaban: ‘Taller de escritura terapéutica’, con mis mismos ejercicios y dinámicas. Entonces, quise dedicarle tiempo a poder escribir algunos ejercicios, diseñarlos, registrarlos, para que fueran una herramienta que la gente pudiera utilizar y que no fuese tan fácil (plagiarlos). Y justo quería poner un ejemplo completamente real de una historia, para que las personas supieran que no pasa nada si cuentas una historia que te duele y tratas de cambiar su enfoque”.

En un mundo donde la demanda por la utilidad es exacerbada, Lucía Olivares ve en la escritura terapéutica una ventana de conexión. Escribir, afirma la autora, permite tomar decisiones más conscientes y reconocer las máscaras que se emplean en el día a día. Tal vez aquí cabría citar esa pregunta cortazariana hospedada en el capítulo 97 de Rayuela (1963): ¿quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse?

“La escritura me sirve porque da mucha estructura: me ayuda a ordenar ideas. Es como si quisieras hablar con una persona, primero le escribes o le escribes una carta. Yo prefiero escribirle una carta a alguien si necesito compartirle algo de cómo me siento, porque sé que no me voy a desbordar emocionalmente si esa persona empieza a refutarme y decir cosas, y ya no logré el objetivo de lo que le quería contar. Escribir te ayuda a estructurar tus ideas y te permite ser muy honesto contigo mismo”.

FOTOS: Azul Contreras

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