Ha surgido un ejemplo que ilustra muy bien dos narrativas de país y dos estrategias de argumentación del discurso político. Se trata de la valoración que hizo la presidenta Sheinbaum sobre la economía mexicana, a la que calificó de “fortaleza” en 12 puntos en una conferencia mañanera a finales de mayo.
La réplica la hizo un exfuncionario de las áreas económicas del viejo régimen, Guillermo Ortiz, que calificó la visión gubernamental como una “manipulación”, en un texto que escribió a finales de julio para Project Syndicate y que fue reproducido en varias publicaciones.
En este terreno no hay mentiras y verdades absolutas, lo cual se puede destacar ahora que se discuten los derechos de las audiencias y cómo regularlas. El discurso político es básicamente argumentativo, como dicen los clásicos, se trata de construir una estrategia para llevar los temas tratados a una conclusión, popularmente se dice “llevar agua a tu molino”. En este caso se mezclan intereses políticos con afanes de análisis, y se revuelve información oficial con adjetivos que llevan a una lógica política e ideológica.
Algunos de los temas que se pueden señalar son: sobre la inversión extranjera directa (IED), la presidenta dice que está en niveles récord, y Ortiz matiza y distingue entre la reinversión que es de 68% y la nueva inversión que llega a solo un 18%. La presidenta destaca el aumento al salario mínimo real, y Ortiz lo reconoce como positivo, pero lo contrasta con la baja en el índice de productividad que ha reducido los márgenes de competitividad de la economía. Sobre el desempleo, Sheinbaum afirma que solo llega al 2.5%, pero Ortiz señala que el 55% de la población económicamente activa se encuentra todavía en la informalidad, un porcentaje que no se ha podido reducir para aumentar el empleo formal. Sobre el comercio con Estados Unidos sobresalen los 839 mil millones de dólares, lo cual es positivo, pero el mérito no se debe a políticas internas de México, sino a la dinámica de integración de la economía estadounidense y a las cadenas globales de valor. Sobre el crecimiento de la economía, Ortiz señala que ha bajado prácticamente hasta llegar a las cifras que se tuvieron durante el sexenio de crisis de Miguel de la Madrid (1983-1988).
En la visión gubernamental no hay señales de alarma, no cabe la crítica y, por supuesto, se niegan los argumentos que han hecho las calificadoras Moody’s y S&P, que retoma Ortiz. Aquí hay dos elefantes en la sala que es necesario explicar, uno se trata de las razones por las cuales la economía mexicana no crece y, otro es sobre por qué el presupuesto público ha entrado en una tendencia complicada para mantener la política social de la 4T, sobre todo porque no se ha querido hacer una reforma fiscal. La falta de crecimiento apunta hacia la baja inversión, lo cual se debe, entre otras cosas, a la desconfianza y a la vulnerable gobernabilidad del país. Solo hay que ver lo que ha pasado con la reforma al poder judicial y la destrucción y captura de los órganos autónomos.
En junio pasado se hizo una medición con 41 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero del Banco de México, “Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado”, y resultó que entre los obstáculos más importantes para el crecimiento están los riesgos de gobernanza que califican con 5.7 sobre 7: inseguridad con 6.2, debilidad del Estado de Derecho 5.9, corrupción 5.8, impunidad 5.7, incertidumbre política interna 5.2. Otras preocupaciones son menores, por ejemplo, las condiciones externas 4.4, la inflación 4.5 o las finanzas públicas 5.0 (endeudamiento, gasto y política tributaria).
La gobernabilidad y la confianza para invertir en el país obedecen a múltiples factores, pero una parte fundamental se debe a lo que pasa con el actual Poder Judicial y la destrucción que se hizo para elegir con acordeón a jueces sin autonomía, capacidad y experiencia. Varias iniciativas presidenciales que se quieren promover ahora para recomponer —mínimamente— el desastre que dejaron las reformas obradoristas. ¿Fortaleza o debilidad de la economía? @AzizNassif