Fracaso de los eléctricos
Stellantis, una de las mayores fabricantes de automóviles del mundo, dueña de las marcas Alfa Romeo, Chrysler, Citroën, Dodge, Fiat, Jeep, Lancia, Maserati, Opel y Ram Trucks, entre otras, anunció este 6 de febrero un cargo contable de 26 mil millones de dólares para reducir sus programas de desarrollo de vehículos eléctricos. Las acciones de la empresa registraronuna espectacular caída en las bolsas de valores. El director general, Antonio Filosa, comentó: “El cargo anunciado hoy en buena medida refleja el costo de sobreestimar el ritmo de la transición energética que nos ha distanciado de las necesidades, recursos y deseos del mundo real de muchos compradores de autos”.
Este es un resultado habitual en los intentos de los políticos por manipular los mercados. Desde hace años los gobiernos de muchos países han empujado a la industria automotriz a producir vehículos eléctricos, incluso han anunciado fechas fatídicas para prohibir la fabricación de los de gasolina, pero los consumidores no han aceptado y han seguido prefiriendo los de combustión interna. Como consecuencia, los fabricantes de automóviles han incurrido en pérdidas extraordinarias.
Stellantis no es la única empresa que ha sufrido. General Motors reveló en enero de 2026 un cargo contable de más de siete mil millones de dólares por la desaceleración de su producción de vehículos eléctricos; de hecho, en el cuarto trimestre de 2025 sufrió una caída de 43 por ciento en sus ventas de este tipo de autos. Ford también anunció en 2025 cargos por más de 19 mil millones de dólares para reducir su producción de eléctricos.
Los subsidios gubernamentales han sido clave para impulsar las ventas, pero en los lugares en que se han suspendido, el mercado ha caído. Los consumidores no han dejado de comprar vehículos eléctricos, pero están conscientes de sus desventajas, desde la falta de estaciones de servicio y el tiempo largo de carga hasta las distancias relativamente cortas que pueden recorrer antes de requerir una nueva carga.
Lo peor es que la idea de que los autos eléctricos salvarían al mundo se ha desvanecido. Para empezar, las temperaturas del planeta ya han alcanzado niveles de 1.5 °C arriba del nivel previo a la era industrial, sin que se haya producido el desastre ambiental generalizado que se preveía. Por otra parte, se ha descubierto que los vehículos eléctricos generan problemas ambientales propios, principalmente por la fabricación de sus baterías. Para que realmente ofrezcan una reducción en la emisión de gases de efecto invernadero deben usarse de manera intensa durante años, pero muchos de estos coches los compran familias de clase alta como segundo auto y los emplean poco.
No es esta la primera vez que las decisiones de los políticos resultan impracticables. En los años noventa y principios del siglo XXI, la Unión Europea apoyó con subsidios el consumo de diésel en autos con la idea de que era menos contaminante que la gasolina. Y quizá lo es respecto a la generación de ozono, pero su contaminación por partículas es mucho más dañina para la salud. Vino así una contramarcha y la UE hace ahora esfuerzos por reducir el uso del diésel.
Los gobiernos de Europa, Estados Unidos y Canadá han subsidiado las ventas de vehículos eléctricos, pero se han adelantado a las necesidades del mercado. Su error ha provocado un desastre financiero para los fabricantes de automóviles. No se puede forzar a la gente a comprarlos.
Twitter: @SergioSarmiento