Frío igual a hambre: ¿El clima aumenta tu apetito? Te contamos
¿Has notado que cuando hace frío tienes más hambre y antojos distintos? No es tu imaginación. En los días de bajas temperaturas, el cuerpo cambia su forma de funcionar y eso se refleja directamente en el apetito. La ciencia lo respalda: el clima frío sí influye en cuánto y qué comemos.
Con la llegada del invierno, los alimentos calientes se vuelven protagonistas. Sopas, guisos, café, pan dulce o tamales no solo reconfortan, también responden a una necesidad real del organismo.
¿Por qué el frío aumenta el apetito?
Cuando baja la temperatura, el cuerpo trabaja más para mantenerse caliente. Este esfuerzo implica un mayor gasto de energía, lo que provoca que aparezca la sensación de hambre con mayor frecuencia. En pocas palabras: el cuerpo pide más comida porque necesita más combustible.
Además, en temporada de frío solemos inclinarnos por alimentos más calóricos, ya que aportan energía rápida y ayudan a generar una sensación de saciedad que dura más tiempo.
El clima también cambia cómo percibimos el sabor
El frío influye en los sentidos. La percepción del gusto puede volverse menos intensa, por lo que el cuerpo busca sabores más marcados como lo dulce, lo salado o lo grasoso. A esto se suma el olfato: los alimentos calientes liberan más aromas, lo que los hace mucho más atractivos en comparación con comidas frías.
Por eso, un caldo caliente o una bebida humeante resultan especialmente apetitosos cuando las temperaturas bajan.
Comer caliente reconforta cuerpo y mente
El aumento del apetito en invierno no es solo físico, también emocional. Los platillos calientes suelen asociarse con descanso, hogar y bienestar. Al consumirlos, se activa una sensación de confort que ayuda a enfrentar el frío y el estrés cotidiano.
Este vínculo emocional explica por qué en invierno preferimos comidas reconfortantes frente a opciones ligeras o frescas.
Entonces, ¿es normal tener más hambre en invierno?
Sí. El frío estimula el apetito porque el cuerpo necesita más energía, percibe distinto los sabores y busca alimentos que aporten calor y bienestar. Entender esta reacción ayuda a tomar mejores decisiones sin culpa y a escuchar lo que el cuerpo necesita en cada temporada.
Durante los meses fríos, comer no solo es una necesidad básica: también es una forma de cuidarnos.