Los datos de la elección intermedia en Estados Unidos han generado todo tipo de lecturas, pues se trata ciertamente de resultados inéditos y sumamente alentadores para la vigencia de la democracia. Si alguien representa la ola autoritaria y de autocracias en el mundo ese es Donald Trump, y su derrota es una ventana de esperanza. No sé si los demócratas van a ser mejores o peores en el poder allá donde ganaron, en general eso no tiene que ver con partidos sino con personas y circunstancias concretas, lo que sí es seguro es que si no dan los resultados esperados la gente se encargará de correrlos en la próxima elección, y esa es la mejor noticia.
Uno de los datos más significativos de los resultados del pasado martes es que la frontera con México se tiñó de azul. Que los demócratas ganaran en la misma elección California, Arizona, Nuevo México y Texas no había sucedido desde finales de los años cuarenta. Además, ganaron todos los distritos electorales de la frontera y por primera vez dos méxico-americanos, estadounidenses descendientes de migrantes de primera y segunda generación, gobernarán simultáneamente California y Texas, la primera y segunda economías del país vecino. La madre de Xavier Becerra, gobernador electo de California nació en Guadalajara, y su padre, hijo también de migrantes, nació en Los Ángeles y creció en Tijuana. Gina Hinojosa, electa en Texas, es también hija de una mujer migrante nacida en San Luis Potosí y su padre, hijo también de migrantes, nació en la ciudad fronteriza de McAllen.
Los demócratas no han sido particularmente sensibles en el tema migratorio. Hay que recordar que lo que se conoció como el "muro de la tortilla", kilómetros de alambradas a lo largo de la frontera, fue ideado por la administración Nixon pero comenzó a construirse en la administración de Jimmy Carter, y que el récord de deportación de mexicanos, más de siete millones, la tiene la administración de Bill Clinton, tras la reforma migratoria de 1996. Sin embargo, el hecho de que los gobernadores ahora sean hijos directos de migrantes mexicanos puede generar un cambio, particularmente en Texas donde el gobierno del republicano Greg Habbot hacía segunda a la retórica trumpista, y un previsible conflicto con las autoridades federales de migración, el famoso ICE, está a la vista.
Otro efecto esperable es una mayor integración de las economías fronterizas. La línea más cruzada del mundo es la de Tijuana a San Isidro, y tan solo Texas representa una tercera parte del comercio entre México y Estados Unidos y por los puentes fronterizos de ese estado cruzan dos tercios de las mercancías de ida y vuelta. Si bien es cierto que esta integración va más allá de quién gobierne en uno y otro lado de la frontera y que tiene dinámicas propias e históricas, tener en California y Texas gobernadores que entienden y son hijos de esta integración es sin duda mejor que tener gobernadores que no comprendan esa dinámica.
El mayor impacto, sin embargo, será a nivel cultural. La identidad chicana y la cultura Tex-mex serán las grandes ganadoras de la frontera en azul. Este es, me parece, el gran motivo de celebración, lo demás es especulación.