México cuenta con recursos prospectivos de gas no convencional, pero su explotación requeriría inversiones de hasta 25 mil millones de dólares y podría tardar una década.
México cuenta con importantes recursos de gas no convencional, pero llevarlos del subsuelo a las industrias y centrales eléctricas requeriría inversiones multimillonarias, cambios regulatorios y nueva infraestructura.
El desarrollo de esta industria podría tardar entre siete y 10 años, de acuerdo con estimaciones del especialista en energía, economía y proyectos Ramsés Pech, quien advirtió que el país todavía debe superar diversos obstáculos antes de alcanzar una producción a gran escala.
“Al país le falta convertir el recurso prospectivo en un modelo de negocio operable”, señaló.
El especialista identificó desafíos contractuales, financieros, regulatorios y de infraestructura, además de la disponibilidad de agua y las condiciones de seguridad necesarias para desarrollar los proyectos.
¿Dónde podría desarrollarse el gas no convencional?
La discusión cobró relevancia en agosto, luego de que un comité científico convocado por la administración de Claudia Sheinbaum presentara recomendaciones sobre el aprovechamiento de estos recursos.
El grupo dejó abierta la posibilidad de realizar proyectos de fracturación hidráulica, conocida como fracking, en las regiones de Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, aunque estarían sujetos a nuevas evaluaciones.
Antes de avanzar, recomendó comprobar aspectos como la disponibilidad de agua salada profunda y el volumen de gas que realmente podría ser aprovechado.
En contraste, el comité recomendó no desarrollar proyectos de este tipo en Tampico-Misantla.
¿Cuánto costaría producir gas a gran escala?
Uno de los principales retos sería el financiamiento.
Pech estima que una primera fase piloto en Burgos podría requerir entre 2 mil y 3 mil millones de dólares, destinados a la perforación de entre 50 y 100 pozos, además de estudios, permisos, caminos, manejo de agua, compresión y sistemas para recolectar el gas.
Si los resultados permitieran avanzar hacia una explotación de mayor escala, la inversión acumulada durante una década podría alcanzar entre 15 mil y 25 mil millones de dólares, según sus cálculos.
Pemex no podría hacerlo solo
El especialista consideró que Petróleos Mexicanos (Pemex) difícilmente podría desarrollar por sí sola una industria de esta magnitud y en los tiempos requeridos.
Aunque la empresa cuenta con experiencia e infraestructura en regiones productoras, el desarrollo intensivo de gas no convencional requeriría también capital privado y tecnología especializada.
La propuesta apunta hacia un modelo de participación pública y privada, en el que Pemex conserve la rectoría sobre el recurso.
Para atraer inversiones de largo plazo, agregó Pech, sería necesario ofrecer certidumbre jurídica y reglas que permitan recuperar las inversiones.
“El cuello de botella principal es el diseño contractual y la certidumbre jurídica; después vienen agua, infraestructura y seguridad”.
Producción relevante podría tardar hasta una década
El impacto del gas no convencional en la producción energética nacional no sería inmediato.
Pech calcula que podrían pasar entre siete y 10 años antes de alcanzar un nivel de producción capaz de generar un efecto relevante en el sistema energético mexicano.
El proceso comenzaría con estudios y permisos, seguido de proyectos piloto para determinar la productividad y los costos de extracción. Solo después podría plantearse un desarrollo de mayor escala.
Por ello, el potencial estimado de 141.5 billones de pies cúbicos de gas no convencional representa apenas un punto de partida, pues se trata de recursos prospectivos cuyo volumen económicamente aprovechable todavía debe comprobarse.
México enfrenta una oportunidad energética
El desarrollo de estos recursos también ocurre en un contexto favorable para México debido a los precios del gas natural en América del Norte.
Mientras en esta región el gas se comercializa en un rango cercano a 1 y 3 dólares, en Europa y Asia los precios se ubican entre 18 y 21 dólares, según las principales referencias internacionales del mercado.
El reto, de acuerdo con el especialista, ya no consiste únicamente en determinar cuánto gas existe bajo tierra, sino en establecer cuánto puede extraerse de manera económica y ambientalmente viable, quién financiará los proyectos y qué infraestructura será necesaria para convertirlo en energía disponible para el país.