Imagen: FIFA
Los elementos visuales del Campeonato Mundial de la FIFA (emblemas, carteles y mascotas) tienen funciones distintas dentro de un mismo sistema. El emblema fija una identidad estable y reproducible, el cartel organiza una imagen más amplia del evento y la mascota facilita reconocimiento a través de objetos y medios. No operan en el mismo nivel ni responden a los mismos criterios, pero juntos construyen visibilidad.
En México, esta relación puede observarse con claridad a partir del Mundial de 1970, del que fue sede. Este torneo se sitúa en un ambiente marcado por los Juegos Olímpicos de 1968 y el sistema gráfico desarrollado por el diseñador Lance Wyman para dicho evento —lo que lo hizo el elegido natural para el Campeonato de la FIFA que le siguió—. Tipografía, patrones y uso del color establecieron un estándar de claridad y repetición a finales de los sesenta; aunque el Mundial no replicó ese sistema, sí se produjo bajo su influencia.
Para el Mundial de 1986 la estructura visual se diversificó. El emblema fue diseñado por Rubén Santiago Hernández, un globo integrado con los colores de la bandera mexicana cuya eficacia se debió a la síntesis y a la facilidad de reproducción logradas.
El campo de los carteles tuvo otro camino. La participación de la fotógrafa Annie Leibovitz introdujo imágenes en sitios arqueológicos. La fotografía de los atlantes de Tula, utilizada en la difusión del evento, muestra figuras monumentales en primer plano con un balón integrado en la escena. No hay ilustración ni tipografía dominante, sino que la imagen se sostiene en encuadre, escala y contraste entre piedra y figura humana. Estas fotografías son parte de una serie más amplia. Así, el emblema y los carteles operan en paralelo.
La mascota Pique —un chile jalapeño con sombrero y bigote— es un personaje simplificado, de lectura inmediata, que condensa referencias nacionales reproducibles a través de productos, publicidad y medios masivos. La autoría de esta figura no es conocida, lo que refuerza la idea de que la producción visual del Mundial no se concentra en un solo autor ni en una sola pieza.
La edición de 2026 modifica de nuevo el esquema, pues no hay un cartel único, sino una serie por cada ciudad sede.

IDENTIDAD VISUAL DE MÉXICO 2026
En el caso de México, Mario Cortés “Cuemanche” desarrolla tres imágenes para Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. La influencia de Jorge González Camarena en la propuesta es formal y estructural. El autor recurre a la composición geométrica y al concepto de integración plástica del muralista para resolver el problema de la dispersión visual. Al igual que en obras como Presencia de América Latina o Liberación, donde González Camarena enuncia diferentes discursos históricos en un solo plano armónico, los carteles de 2026 utilizan una geometría dinámica para integrar todos los elementos. Esta genealogía permite que el cartel mundialista sea una superficie donde el espacio se fragmenta mediante diagonales y vectores, logrando que la acumulación de escenas —el metro, el taco, los músicos, etcétera— mantengan una unidad orgánica y un ritmo visual heredado de la tradición del arte popular mexicano.
En el cartel de Ciudad de México, la composición se organiza a partir de una cancha vista desde arriba. Alrededor se acumulan escenas: los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, el transporte público, puestos callejeros de comida, jugadores, público. Los colores saturados estructuran la imagen. El recorrido de la mirada se desplaza entre zonas que se conectan por proximidad. La ciudad es un conjunto de actividades simultáneas.
En Guadalajara, la estructura se mantiene, pero cambian los elementos. Se reúnen el volcán de Tequila, músicos de mariachi, botellas de tequila y otras tantas referencias a la región. La cancha también aparece como eje y, alrededor, se despliegan escenas cotidianas, la riqueza artística de Tlaquepaque, nueve mariposas que representan las nueve musas y rasgos arquitectónicos de la ciudad.
En Monterrey, la composición incorpora el Cerro de la Silla como referencia visible dentro del conjunto. Se trata de una composición más angular de colores fríos en la que aparecen escenas industriales. La lógica sigue siendo la acumulación y conexión entre elementos, la ausencia de un centro único fuera del terreno de juego.
MEMORIA HISTÓRICA
La propuesta de Cuemanche para 2026 es una unidad gráfica basada en la reconfiguración geométrica de la cancha de fútbol como eje ordenador. Esta estructura permite una estética del cúmulo y de la simultaneidad.
En el caso de Ciudad de México, la retícula se inspira en la arquitectura art déco, especialmente las ventanas que permiten al espectador asomarse al ritual.
El artista busca integrar elementos históricos, de la biodiversidad, la gastronomía y la cultura popular bajo la custodia de “guardianes de la sede”. Así, los guerreros águila y jaguar en la capital, o las máscaras de los tastoanes en Guadalajara, son memoria histórica que da trascendencia al evento. De este modo, el cartel se transforma en un compendio de la memoria colectiva y la riqueza técnica del diseño contemporáneo.
En la Ciudad de México, el Guerrero Águila y el Guerrero Jaguar aluden a la hegemonía del México prehispánico; en Guadalajara, las máscaras de los tastoanes recuperan la tradición artesanal y performática de la región, mientras que, en Monterrey, los catrines buscan simbolizar la trascendencia del legado industrial y el valor del trabajo.
Estos carteles funcionan por continuidad de información dentro de una misma superficie. Su lectura permite incluir múltiples referencias sin separarlas en imágenes distintas. Asimismo, la relación entre las tres piezas establece una identidad común sin recurrir a la repetición literal de símbolos.

PROPUESTAS CONTRASTANTES
Dentro de la misma serie de 2026 participan otros autores para las sedes en Estados Unidos y Canadá, como Rich Tu y Dave Murray. Sus diseños se construyen de otra manera; trabajan con reducción de elementos y composiciones más controladas.
La saturación en la obra de Cuemanche establece un contraste con las propuestas de Tu y Murray. Mientras que la gráfica mexicana opta por una narrativa de multiplicidad, los artistas internacionales trabajan bajo una reducción y síntesis característica del diseño global contemporáneo.
Esta convivencia de lenguajes demuestra que el sistema visual del Mundial de 2026 permite que la identidad de cada sede se manifieste a través de sus propias tradiciones artísticas.
Las mascotas de la Copa Mundial de la FIFA 2026 son Maple (alce de Canadá), Zayu (jaguar de México) y Clutch (águila calva de Estados Unidos), y cabe mencionar que no compiten con el cartel ni con el emblema.
La difusión del cartel no hace visible a sus autores. Las imágenes se reconocen, se repiten y se consumen, quedando los diseñadores en segundo plano. Saber quiénes las producen no cambia su función en el evento, pero permite leerlas como resultado de decisiones específicas.
Los carteles heredan a la memoria colectiva historias, color y un imaginario popular.