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SIGFRIDO RODRÍGUEZ GÓMEZ (TERCERA Y ÚLTIMA PARTE)

HÉCTOR LÓPEZ VILLALPANDO

Luego de la derrota ante Mijares, en mayo del mismo año reapareció noqueando en dos rounds a Albaro Parra (así, con b) en la ciudad de Monterrey, Nuevo León; y dos meses después se enfrentó en Durango Capital a Jimmy Heair, un norteamericano que se encontraba clasificado entre los mejores 10 pesos ligeros de las listas mundiales, y al que Sigfrido se impuso por decisión unánime en 10 episodios; en septiembre del mismo año venció por la misma vía a José Luis Soberanes, en pelea celebrada en Sinaloa de Leyva; y en el mes de noviembre fue superado en 10 vueltas por el sinaloense Leonardo “Chino” Bermúdez, en ese tiempo uno de los mejores pesos ligeros de nuestro país.

En marzo de 1976 “despachó” en 6 rounds al norteamericano Victor Abraham, en el Olympic Auditorium de Los Ángeles, California; en julio del mismo año noqueó en 4 episodios al también norteamericano Norman Goins, en el Estadio Deportivo de Los Ángeles, y en agosto venció en 8 asaltos al fronterizo José “El Chamizal” Hernández, en el Forum de Inglewood, para cerrar el año derrotando en 4 vueltas al japonés Yasuaki Kadota, teniendo como escenario otra vez el Estadio Deportivo de Los Ángeles.

Precedido por esa impresionante racha victoriosa, “Pililo” regresó a su Comarca Lagunera, y en la tradicional función de año nuevo, el 1 de enero de 1977, derrotó por decisión unánime en la Arena Olímpico Laguna al veracruzano Leoncio Ortiz, un peleador de extraordinario cartel, que ya había sido monarca nacional de los livianos y que en 1975 tuvo la osadía de enfrentar en el Estadio Roberto Clemente de San. Juan, Puerto Rico, al que muchos especialistas en la materia consideran el mejor peso ligero de todos los tiempos: el panameño Roberto Durán, al que el mexicano soportó la friolera de los 15 asaltos que Durán necesitó para vencer al peleador azteca, y que en esa época era la distancia máxima en peleas de campeonato mundial.

En el mes de febrero se presentó nuevamente en la Arena gomezpalatina, noqueando en un solo episodio al brillante peleador duranguense José Luis (El Maestrito López), un fino estilista que ya se había enfrentado a los mejores ligeros de nuestro país, y al que el torreonense venció con lujo de facilidad. El Maestrito, fue el padre del ex campeón mundial welter del mismo nombre, que puso a la ciudad de Durango en el mapa boxístico mundial al medirse a los mejores exponentes de su categoría. Tres meses después, en el mismo escenario, volvió a derrotar por la vía de los puntos al experimentado tamaulipeco Aurelio Muñiz. Todas estas victorias llevaron a Sigfrido a ubicarse entre los primeros super plumas del mundo, y en el mes de septiembre del mismo año, recibió la tan anhelada oportunidad de disputar el campeonato universal de la división, en ese entonces en poder del boricua Alfredo (El Salsero) Escalera.

El combate se llevó a cabo en el Coliseo Roberto Clemente, de San Juan, Puerto Rico, y las crónicas del combate señalaban que, aunque el mexicano dominó la última parte de la pelea, el monarca había hecho lo necesario en los asaltos iniciales para llevarse una decisión unánime, y de esa manera retener el título, para mantenerse como uno de los mejores campeones en la historia de la división, y posteriormente protagonizar un par de fieros y encarnizados combates con quien le arrebató el cinturón; la leyenda nicaraguense Alexis Arguello, uno de los mejores peleadores en la historia del boxeo universal.

Sigfrido reapareció en diciembre del mismo 1977 en Ciudad Mante, donde fue superado por Juan Elizondo, pero en la Función de Año Nuevo de 1978, venció al fuerte peleador capitalino Lupe Galindo, en pelea celebrad en la Arena Olímpico de Gómez Palacio, y en mayo del mismo año derrotó al dominicano Modesto Concepción por decisión de los jueces, en el Auditorio Civico Memorial de Stockton, California.

En julio de 1978, sus dirigentes volvieron a enfrentarlo con el gomezpalatino Vicente Mijares, quien siendo un novato ya lo había vencido tres años atrás, y en esta ocasión, cuando ya Mijares era un peleador con mucha mayor experiencia, y venía de disputar también sin fortuna el campeonato mundial de los ligeros, se impuso en toda la línea al de Torreón, Coahuila, en una pelea que por cierto, Mijares dedicó al entonces alcalde de Gómez Palacio, Don Carlos Herrera Araluce, quien presenció el pleito en primera fila, y a la altura del sexto episodio un peligroso daño en el ojo derecho de Sigfrido, a consecuencia de los golpes recibidos, puso fin a la contienda y a la carrera de Sigfrido Rodriguez, quien tiempo después fue diagnosticado con desprendimiento de retina, terminando así, lastimosamente, una brillante trayectoria, que como señalamos al principio, junto a la de Vicente Mijares y Joaquín (El Petrolero) Macías, pusieron muy en alto el nombre de la Comarca Lagunera, en aquellos inolvidables años de la década de los 70,s.

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