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Goles de cabeza

JUAN VILLORO

El futbol mejora con palabras. Cuando era portero del Atlante, Félix Fernández extrañaba el "tercer tiempo" del partido. Se refería al momento decisivo en que se comparten cervezas y se discute lo ocurrido.

En Escobedo, Nuevo León, municipio del área urbana de Monterrey, un festival pone la imaginación al centro de la cancha: Goles de cabeza. Pensar el futbol.

En esas discusiones surgió una pregunta intrépida: ¿qué se necesita para que México sea campeón del mundo? El escritor peruano Fernando Iwasaki encontró una respuesta que sólo podía ser esotérica. Dueño de una erudición impar, ofreció estos datos: en 1930, Perú perdió con Uruguay; en 1970 con Brasil; en 1978 con Argentina; en 1982 con Italia, y en 2018 con Francia. Todos los países que lo vencieron ganaron la copa. "¡Derroten a Perú!", recomendó Iwasaki, con la pasión con que apoya al Betis y otros equipos que se niegan a ser campeones.

No es por presumir, pero también los mexicanos conocemos la tragedia. Desde hace algunos días, una publicidad entusiasta lanza esta pregunta: "¿Sabías que México disputó el primer partido en los Mundiales?". Así fue, pero gracias a esa oportunidad recibimos el primer gol mundialista y salimos del estadio con un 4-1 a favor de Francia.

Toda victoria puede ser una impostura. En un diálogo con Javier Risco, Antonio Moreno describió su trabajo al frente del Salón de la Fama del Futbol, que tiene sede en Pachuca. Un jurado de periodistas evalúa las trayectorias de quienes han sudado en nombre del futbol. Sobran los que anhelan seguir la suerte de Pelé, Maradona, Cruyff y Beckenbauer para ingresar a uno de los pocos paraísos que se alcanzan sin morir. Pero hay una excepción. Moreno habló del ritual de ingreso, en que se reconocen los méritos del festejado; en varias ocasiones, Miguel Mejía Barón ha asistido a la ceremonia para hacer el elogio de un compañero. Sin embargo, cuando fue electo, rechazó el honor con insólita humildad: "No lo merezco".

Mejía Barón fue un defensa de recordada reciedumbre y el entrenador que llevó a la selección nacional al segundo lugar en la Copa América. Además, combinó los entrenamientos con los Pumas con el estudio de Odontología en la UNAM. Varios cracks se han sentado en su sillón de dentista. Aprovechando que el Salón de la Fama alberga memorabilia, el hombre que se niega a recibir honores hizo un regalo digno de los gabinetes de rarezas de los reyes: donó las muelas que les sacó a Enrique Borja y a Hugo Sánchez. El ADN de los principales goleadores mexicanos de los Pumas está en una vitrina.

Toda pasión tiene algo de fetichismo. El Palacio Municipal de Escobedo exhibe una muestra de la inmensa colección de Gabriel Bustamante. Cada prenda cuenta una historia, pero la más interesante es la del dueño, que comenzó su andadura lavando coches en el estacionamiento del estadio de Tampico, su ciudad natal. Cuando descubrió que sus clientes le podían pagar con camisetas, inició la principal colección del continente americano. Ya convertido en un empresario de éxito, buscó presas de alto calibre: la de Pelé en México 70 o la de Maradona en México 86. ¿Cómo conseguirlas? De nada sirve buscar a quien las portó porque fueron intercambiadas al término del partido. Hay que ir en pos del oponente. Las camisetas son peculiares símbolos de lealtad: ningún jugador tira a la basura la piel de un gran adversario.

No se puede hablar de futbol sin aludir al destino, que otorga sentido a las coincidencias. Andoni Zubizarreta es hijo de un cerrajero. De manera lógica, durante cuatro Mundiales, España confió su portería a quien creció sabiendo lo que vale abrir y cerrar puertas.

A Zubizarreta le gusta compartir recuerdos en los que evita hablar de sus hazañas. Cuando le preguntaron por su mejor momento en el futbol, podía mencionar las dos ligas que ganó con el Athletic de Bilbao, la conquista de la Champions con el Barcelona o su récord de partidos como capitán de la selección española. En vez de eso, destacó su debut en el estadio San Mamés. Salir al campo representaba el comienzo de algo aún incierto, pero definitivo. Con la serenidad que tuvo en el campo, el legendario número 1 ofreció una parábola: la felicidad no está en la meta, sino en la oportunidad de buscarla.

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