¿Hasta cuándo debe quedarse el árbol de Navidad según la tradición?
Cuando enero avanza y las rutinas regresan, hay un elemento que en muchos hogares mexicanos permanece intacto: el árbol de Navidad. Para algunos, su presencia prolongada puede parecer simple descuido; para otros, es una decisión cargada de simbolismo que conecta la vida cotidiana con antiguas celebraciones religiosas.
Aunque el calendario marca el fin de las fiestas decembrinas tras el Año Nuevo, la Navidad, entendida desde la tradición católica, no concluye ahí. De hecho, su cierre formal ocurre semanas después, siguiendo un ciclo litúrgico que ha marcado por generaciones la forma en que se viven estas fechas en México.
El nacimiento de Jesús, celebrado el 24 de diciembre, abre un periodo que continúa con la llegada de los Reyes Magos el 6 de enero y culmina el 2 de febrero, Día de la Candelaria. Es esta última fecha la que, para muchas familias, señala el momento adecuado para guardar el árbol y despedirse oficialmente de la temporada navideña.

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No todas las bodas pesan igual: estas son las uniones que, por influencia, simbolismo o alcance mediático, dominarán la conversación del próximo añoEl 2 de febrero no es una fecha cualquiera. Ese día se conmemora la presentación del Niño Jesús en el templo, una celebración que suele ir acompañada de rituales familiares como vestir al Niño Dios y compartir tamales. Retirar el árbol antes de esta jornada, para quienes siguen la tradición, significa interrumpir un ciclo que aún no ha terminado.
Esta costumbre explica por qué durante todo enero los adornos siguen iluminando salas y comedores. Lejos de ser una omisión, se trata de una forma de respeto a un calendario simbólico que une fe, memoria familiar y prácticas comunitarias que se repiten año tras año.
Sin embargo, con el paso del tiempo, las decisiones también se han vuelto más flexibles. Hay quienes optan por desmontar el árbol tras el Día de Reyes por cuestiones prácticas, espacio o simplemente por gusto personal. También sobreviven creencias populares que atribuyen buena o mala suerte al momento de retirarlo, aunque no tengan respaldo religioso.
Al final, no existe una única respuesta correcta. Quitar el árbol de Navidad es un gesto que cada familia interpreta a su manera: como un acto de fe, una tradición heredada o una elección cotidiana. Lo cierto es que ese momento marca el cierre simbólico de las fiestas y el inicio de una nueva etapa, cuando la casa vuelve a su ritmo habitual y el año, ahora sí, comienza del todo.