La mariposa es uno de los animales más antiguos, interesantes y bellos que existen. El registro fósil la sitúa en el Jurásico, periodo en que evolucionó de manera paralela a las plantas con flores. Su proceso de transformación abarca cuatro etapas: huevo, oruga, crisálida y mariposa.
Esa metamorfosis ha sido interpretada por distintas culturas como un proceso cargado de significado filosófico, científico y artístico. Asociada con la muerte, el renacimiento y la transformación, la mariposa también ocupa un lugar simbólico dentro de la tanatología. Elisabeth Kübler-Ross se inspiró en los dibujos que de ella encontró en los campos de concentración para representar el proceso de morir.
Entre las miles de especies conocidas, la Danaus plexippus o mariposa monarca, es una de las más estudiadas. Se reconocen tres subespecies. Danaus plexippus plexippus, migratoria, cada año recorre Canadá, Estados Unidos y México; Danaus plexippus megalippe, no migratoria, habita Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica, y Danaus plexippus leucogyne, situada en Sudamérica, con desplazamientos locales. Sus diferencias son: ligeras variaciones morfológicas, la región en la que se desarrollan y sus patrones migratorios.
Cada otoño millones de monarcas llegan a México. Pertenecen a la llamada generación "Matusalén", nacida a finales del verano. Su peculiaridad radica en que son capaces de vivir hasta nueve meses (plazo que las prepara para realizar completo el ciclo de la migración), una excepción entre las generaciones de las que sólo viven alrededor de cuatro semanas. Miden entre nueve y diez centímetros de punta a punta de sus alas, y su color es naranja, con venas y bordes negros con manchas blancas. Durante su etapa de oruga se alimentan de algodoncillo (Asclepias), planta que contiene cardenólidos tóxicos, los cuales las protegen de sus depredadores.
Viajan sin haber recorrido nunca antes esta ruta. Siguen el camino realizado por generaciones anteriores, se orientan por el sol, el campo magnético de la Tierra y una memoria corporal inscrita en la especie. Dependiendo del punto de partida, recorren entre 2,500 y 4,000 kilómetros. Salen entre agosto y octubre y, tras uno o dos meses de vuelo, llegan a los bosques de oyamel de Michoacán y del Estado de México, donde permanecen de noviembre a abril. No vienen a reproducirse, sino a resistir el invierno.
Durante la temporada 2024-2025 las colonias ocuparon alrededor de 1.79 hectáreas. En cada una pueden concentrarse decenas de millones de mariposas. Estos bosques las albergan y les proporcionan las condiciones necesarias para sobrevivir la temporada invernal: temperaturas moderadas, humedad, y refugio contra el viento y la lluvia.
Llegan alrededor del Día de Muertos y por eso en el imaginario mexicano, son mensajeras entre mundos, portadoras de las almas que regresan. Actualmente, la tala, los herbicidas que eliminan el algodoncillo y un clima cada vez más cambiante amenazan este viaje milenario. Las mariposas monarca constituyen un indicador ambiental y un recordatorio ético. Cada año México no sólo las recibe: las resguarda. Protegerlas es admitir que cuidar sus rutas, sus refugios y sus plantas también es cuidar la vida que compartimos.
laura.parra@ibero-torreon.edu.mx