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El Gerontodiseño: opción de bienestar para una sociedad longeva

DRA. ZAIDE SEÁÑEZ MARTÍNEZ

Cualquier diseño tiene como último fin crear soluciones que respondan a las necesidades humanas para mejorar la forma en que interactuamos con objetos, espacios, servicios, personas y hasta experiencias. Todo en el entorno cuenta con un diseño que fue pensado por alguien: transmite valores, identidades y mensajes diversos; refleja requerimientos sociales y culturales.

Recién descubrí un término que llamó mucho mi atención: el gerontodiseño. Esta rama del diseño destaca la importancia de innovar en propuestas dirigidas a las personas de la tercera edad, etapa de la vida en la que merman las capacidades, los intereses, las funciones y las necesidades. Parra y Marujo (2006) definen el gerontodiseño como la combinación de la gerontología y el diseño al proyectar, concebir y adaptar modelos para las personas mayores. Esta nueva perspectiva incluye aspectos sociales, culturales y emocionales, y busca entender la vejez no como enfermedad ni como algo deprimente, sino como un periodo en el que debe garantizarse bienestar, calidad de vida, autonomía y vínculos con la realidad.

El gerontodiseño tiene sus raíces principalmente en un problema de salud. Aún hay mucho por hacer para evitar que las personas mayores se sientan abandonadas ante el sistema y la sociedad en general. El deterioro asociado a la edad no es sólo fisiológico, también se sufre de envejecimiento social cuando las personas enfrentan la pérdida de memoria. Esta es una gran posibilidad para que los diseñadores rompan el paradigma de los estereotipos sobre el envejecimiento y la demencia, creando experiencias funcionales, estéticas y dignas. ¡Un diseño alineado a la evolución humana!

Si el gerontodiseño considera tradiciones, costumbres y apegos de una persona mayor, se puede retrasar el deterioro cognitivo, pues al envejecer hay cosas que se tornan más valiosas, y así se mantiene el vínculo con los recuerdos. Un adulto mayor con problemas de demencia, al verse rodeado de objetos que ha valorado durante su vida, tendrá efectos positivos en su bienestar y tranquilidad, y disminuirán los episodios de ansiedad. En 2003 el arquitecto John Zeisel demostró el potencial del ambiente sobre la demencia por Alzheimer.

Perder la memoria trae impactos en la identidad de la persona, sus capacidades y funciones corporales. En países desarrollados, el design for aging -diseño para el envejecimiento- es una práctica conocida, e incluso se ha incorporado en los planes de estudio de algunas universidades, porque la pirámide poblacional se invierte y el envejecimiento debe ser una dimensión transversal en la educación superior, pues ya que urge reconocer y atender los requerimientos de este grupo etario.

Con esta reflexión quisiera hacer un llamado para que los diseñadores y arquitectos replanteen su práctica profesional. Sin duda tener en mente a esta comunidad contribuiría a preservar su autonomía y recuerdos, frenando el deterioro natural de esa etapa a través de innovadoras experiencias y objetos. Hay que pensar el diseño de manera distinta colocando en el centro al adulto mayor.

zaideseanez@hotmail.com

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