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Rudos, técnicos y laguneros: historia que se cuenta desde el cuadrilátero

EIKO GAVALDÓN

No hay lagunero ni lagunera que resista a gritar en la arena cada noche de jueves. Se puede decir que la identidad lagunera se ha construido a partir de diversos referentes colectivos que persisten con el paso del tiempo: el trabajo agrícola e industrial, el béisbol, el fútbol y distintas expresiones de cultura religiosa y popular. Entre ellas, la lucha libre ocupa un lugar singular. Durante más de siete décadas, este espectáculo ha sido parte de la vida cotidiana de miles de familias de la Comarca.

La consolidación de la lucha libre en Torreón y Gómez Palacio estuvo estrechamente vinculada al surgimiento de espacios especializados. Los antecedentes documentados por El Siglo de Torreón muestran que, durante las primeras décadas del siglo XX, las funciones se realizaban en teatros y espacios temporales. Sin embargo, fue en la década de 1940 cuando comenzaron a surgir escenarios permanentes dedicados al boxeo y la lucha libre, particularmente en estas dos ciudades. Diversos cronistas señalan que el antiguo Palacio de los Deportes de la colonia Moderna fue uno de los primeros.

El recinto más emblemático es sin duda, la Arena Olímpico Laguna, inaugurada en 1954 por iniciativa de los hermanos Dipp Orozco en Gómez Palacio, al que la propia afición regional comenzó a identificarla como un espacio representativo de la identidad deportiva de La Laguna, al grado de que hoy es conocida popularmente como "La Catedral de la lucha libre lagunera", y ha sido semillero de luchadores como Blue Panther, Mano Negra, Último Guerrero y Andrade, entre otros que contribuyeron a consolidar el prestigio de la llamada escuela lagunera de lucha libre.

La relación entre la lucha libre y la identidad regional se manifiesta también fuera del cuadrilátero. A diferencia de otras ciudades del país donde los luchadores suelen mantener una mayor distancia con el público, en La Laguna ellos han formado parte activa de la vida comunitaria de sus colonias. Un ejemplo es la venta de burritos y otros alimentos por parte de luchadores o exluchadores en la colonia Moderna de Torreón, una práctica que ilustra cómo estos personajes forman parte del tejido social de los barrios laguneros.

Más que figuras inalcanzables, los luchadores han sido vecinos, comerciantes y entrenadores, fortaleciendo así el vínculo afectivo entre el espectáculo y la población. Sin ser una afirmación, esta cercanía podría explicar por qué la lucha libre ha logrado mantenerse vigente a lo largo de generaciones y por qué continúa permeando en la identidad cultural de la Comarca Lagunera.

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