Columnas la Laguna columnas editorial La Laguna

Columnas

Ibero Transforma

La evaluación: proceso clave en la mejora continua

CLAUDIA RIVERA MARÍN

El entorno actual se caracteriza por cambios constantes, mercados altamente competitivos y clientes cada vez más demandantes. Ante este panorama, las corporaciones necesitan conocer su situación con exactitud para tomar decisiones acertadas. El diagnóstico organizacional constituye una de las herramientas más importantes para lograr este propósito, ya que permite evaluar de manera integral el funcionamiento de la empresa, identificando fortalezas y áreas de oportunidad para establecer estrategias orientadas al crecimiento sostenible. Diagnosticar es una función interconectada con la mejora continua, a la que podemos definir como una filosofía corporativa enfocada en la optimización permanente de sus productos, servicios y procesos. Resalto la palabra corporativa porque es indispensable que esta visión sea compartida por todos los miembros de la organización y que cada uno realice su mejor esfuerzo para lograr las metas institucionales.

La mejora continua es un ciclo, no una línea vertical. Incluye una serie de etapas que es imprescindible evaluar para establecer el punto de partida de cada ciclo. "Lo que no se mide no se puede mejorar" afirma un conocido dicho atribuido al británico Lord Kelvin y en lo personal también me agrada el emitido por Miguel López: "Evaluar es conocer con la intención de mejorar". Ambas frases van de la mano porque la evaluación permite medir para así implementar cambios, de ahí que se asevere que la evaluación es un proceso clave de la mejora continua. Sin embargo, en la práctica muchas organizaciones convierten esta actividad en un ejercicio aislado que termina archivado en un escritorio, lo que representa una de las principales causas por las que numerosas empresas fracasan en sus procesos de mejora: realizan evaluaciones, recopilan información y elaboran informes, pero no traducen los hallazgos en acciones concretas que generen cambios reales.

La evaluación organizacional no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como el punto de partida para la transformación. Su verdadero valor radica en proporcionar información objetiva que facilite la toma de decisiones estratégicas y permita orientar los recursos hacia aquellas acciones que incrementen la productividad, fortalezcan la cultura organizacional y mejoren la competitividad. Uno de los errores más comunes al evaluar es hacerlo sin métricas objetivas y omitir la retroalimentación constante, lo cual deriva en la pérdida de confianza hacia el proceso al advertir que la información obtenida no se traduce en la implementación de cambios positivos. Es usual observar empresas que invierten tiempo, recursos económicos y esfuerzo humano en procesos de evaluación para finalmente guardar los informes sin un análisis objetivo de sus resultados y la formulación de un plan de mejora. Cada hallazgo debiera transformarse en objetivos específicos, acciones concretas, responsables, recursos asignados y fechas de cumplimiento.

La competitividad ya no depende únicamente de la tecnología, la infraestructura o los recursos financieros, sino de la capacidad de aprender, corregir y mejorar sistemáticamente a partir de un diagnóstico correctamente ejecutado.

En conclusión, y con base en lo expresado por Miguel López: si la intención no es mejorar, ¿para qué evaluar?  

Claudia.rivera@iberotorreon.mx

Leer más de Columnas la Laguna

Escrito en: columnas editorial

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Columnas la Laguna

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2495231

elsiglo.mx