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La ilusión de la comunicación perfecta

AZUCENA BÁEZ DURÁN
AZUCENA BÁEZ DURÁN

La ilusión de la comunicación perfecta

“¡La comunicación es el proceso de procesos!”. Hace años, el director de una empresa repetía esa frase como un mantra. Con el tiempo descubrí que detrás había una intuición acertada: pocas cosas ocurren sin que intervenga la comunicación. Se comunica para informar, coordinar, negociar, resolver conflictos y construir confianza. Es por ello que sobre la comunicación se han construido tantos mitos y expectativas.

Uno de ellos es la idea de que las y los comunicadores organizacionales deben conseguir que “todoMéxico se entere” de cada logro de una empresa. Les piden difundir, posicionar, generar conversación y “cacarear el huevo”. Recuerdo a una colega a quien esa expresión le chocaba. Su explicación era sencilla: “¡Yo no soy una gallina!”. Su comentario planteaba una pregunta: ¿realmente todo tiene que comunicarse? ¿Todo merece ser noticia? Otro mito, quizá más peligroso, es pensar que la comunicación es una varita mágica capaz de solucionar todos los problemas. Cuando algo no funciona, aparece la frase: “Lo que nos falla es la comunicación”. Y a veces sí.

Pero otras veces falta liderazgo, planeación, recursos, capacitación, coordinación o tomar mejores decisiones. La comunicación tampoco garantiza por sí misma el cumplimiento de las metas y objetivos. Puede ayudar a comprender una estrategia y orientar esfuerzos. Pero comunicar bien no sustituye hacer las cosas correctamente.

Hoy la comunicación enfrenta retos más complejos.

Uno de ellos es contribuir a construir culturas organizacionales basadas en la diversidad, la equidad y la inclusión (DEI). Implica revisar narrativas, prácticas y relaciones para que distintas personas puedan sentirse reconocidas, respetadas y escuchadas. Se vuelve fundamental para fortalecer la confianza e incrementar la productividad.

Otro desafío es el bienestar de quienes trabajan dentro de las organizaciones. Recientemente leí un artículo en el portal de la Asociación Internacional de Comunicadores sobre comunicación y desgaste profesional.

Una idea me llamó la atención: el silencio, tanto intra como interpersonal, puede incrementar el agotamiento laboral. Callar lo que preocupa, no pedir ayuda, no expresar desacuerdos o no contar con espacios para conversar, también tiene consecuencias.

Después de años de observar, estudiar y enseñar comunicación, he dejado de creer en la comunicación perfecta. Y eso no me parece una mala noticia. La comunicación es un proceso humano, complejo y fascinante. Incide en nuestra manera de ser en el mundo, de relacionarnos, colaborar, disentir y construir acuerdos. No es una solución mágica para nuestros problemas personales u organizacionales. No puede hacer el trabajo de otras áreas ni garantizar que todos pensemos igual.

Pero sí puede hacer algo valioso: abrir espacios para comprendernos, poner en común lo que nos importa, escuchar aquello que incomoda y encontrar mejores maneras de actuar juntos. Quizá ese sea hoy el verdadero poder de la comunicación: no hacerlo todo por nosotros, sino ayudarnos a construir mejores posibilidades para todos, siempre.

@azucena.baez@iberotorreon.mx

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