Los viajes ilustran. O deberían. En visita del director de Pemex a Brasil para firmar acuerdo con Petrobras, Magda Chambriard, su directora, refiriéndose al Golfo de México afirmó: "No es creíble que miremos la región y digamos: 'Todo el petróleo eligió quedarse en la parte americana'".
Obviamente no es así. AMLO decidió no invertir más en aguas profundas. Peor todavía, con el arreglo institucional actual México no podrá acceder con éxito a ese crudo.
México no ha buscado entender ni mucho menos emular qué hizo posible el que hoy Estados Unidos produzca más de 1.9 millones de barriles diarios en su parte del Golfo de México. La respuesta es muy sencilla: licitaron de forma competitiva el derecho a explorarlo. A diferencia de lo que sucede en tierra firme, donde el subsuelo es propiedad privada, en el mar es del gobierno federal.
El proyecto en curso más prometedor para Pemex es Trion, un campo de aguas profundas en el Golfo de México, descubierto por Pemex en 2012, pero sin la tecnología adecuada no era razonable explotarlo. Gracias a la reforma petrolera de Peña Nieto, el campo se licitó en el año 2016. La empresa australiana BHP Billiton se quedó con la responsabilidad de desarrollarlo, pagándole a Pemex 624 millones de dólares por lo que se había ya invertido en el campo. Pemex retuvo el 40 por ciento del campo y tiene que invertir en la proporción de su participación. Se espera produzca 109 mil barriles diarios en el 2030, cuando llegue a su pico. El gobierno obtendrá más de 10 mil millones de dólares en derechos de extracción a lo largo de la vida del campo. No invirtió un centavo.
Sheinbaum lo presumió hace unas semanas diciendo que era un proyecto de AMLO. No es cierto. Ni con las reglas de AMLO ni con las actuales se puede hacer algo parecido. Los contratos mixtos no sólo son negociados en lo oscurito, sino que parten del principio de que Pemex pone el valor estimado del campo, no lo que haya invertido en él. En el resto del mundo, incluido Brasil, se hace de otra forma. Se licita al mejor postor. Gana quien se compromete a pagar más al Estado.
Entre los acuerdos anunciados con Petrobras se incluye entender las mejores prácticas en el sector. Esto podría ser la lección más importante para el gobierno mexicano. En 1997, Brasil producía menos de un millón de barriles diarios frente a los tres millones de México. No parecía tener recursos petroleros suficientes como para dejar de ser un importador neto de crudo.
Fernando Henrique Cardoso llegó a la Presidencia de Brasil en enero de 1995. Era el momento idóneo de poner en acción su teoría de la dependencia, según la cual América Latina era pobre por depender de sus recursos naturales, entregados además a los extranjeros, y sin agregarles valor. No le hizo caso a la ideología de su pasado académico. Ese año Brasil abrió el sector petrolero a la inversión privada, brasileña y extranjera.
Gracias a la competencia, Brasil se convirtió en potencia petrolera. En enero del 2025 Petrobras producía 2.1 millones de barriles equivalentes diarios y los privados 1.3 millones barriles. En ese mismo periodo, dado que la CNH desapareció y se dejó de publicar la información, Pemex produjo 1.6 millones de barriles diarios de líquidos, y los privados 88 mil.
Tampoco los hidrocarburos optaron por migrar al norte del río Bravo. Hoy Texas produce cerca de 5.8 millones de barriles diarios de crudo, en buena medida gracias al fracking, prohibido también por AMLO. El año pasado Texas recabó 27 mil millones de dólares en impuestos y regalías del sector petrolero. Sheinbaum quiere explotar el fracking. Sin cambiar la Constitución no será posible.
¿Cuánto tiempo les tomará a los gobiernos de Morena entender que su reforma constitucional nos condena a sólo ser espectadores del éxito petrolero de otros países? No lo sé. Mientras en México la producción no crece y Pemex le cuesta al erario.
ÁTICO
¿Cuándo entenderá la 4T que el arreglo institucional actual nos condena a ser espectadores del éxito petrolero ajeno?