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Imaginar la vida

Pensar la vida e imaginar la vida son dos territorios distintos. Le hemos dado prioridad a pensar y nos hemos olvidado de imaginar.

Imaginar la vida

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MARCELA PÁMANES

¿Qué no has hecho en la vida que te gustaría hacer? ¿Te lo has preguntado? ¿Tienes algún deseo guardado que descartaste por alguna razón? Y no hablo de lo factible, más bien quisiera ir más allá, de eso que denominamos sueños imposibles.

Sé que las circunstancias económicas, sociales y hasta culturales nos hacen olvidarnos de muchos de esos deseos, pero también creo que todo empieza a través de la imaginación, del poder visualizarnos alcanzando una meta. No podemos negar que la atención centrada en un objetivo da resultados increíbles, son los pequeños milagros por los que oramos todos los días.

Fue una película lo que me hizo pensar en ello, una lista escrita en una simple hoja de papel y la vida de la protagonista girando en torno a lo definido como acciones concretas a realizar. Es real que nos dejamos llevar por lo que la existencia nos pone por delante y dejamos a otros la definición de nuestro rumbo. ¿Cuánto de lo que hoy vivimos lo definimos con antelación? ¿Cuánto fue escrito en nuestra propia lista de deseos?

Desear es anhelar que algo acontezca o que deje de pasar, así que el deseo está sujeto a nuestra capacidad de imaginar, y esto implica activar la posibilidad de formular una representación mental de algo o de alguien; concebir en imágenes una fantasía. Imaginar demanda darnos tiempo de “dibujar” mentalmente, pero, por desgracia, ya no sabemos estar quietos para poder hacerlo. Nos hemos metido en un bucle de acciones mecánicas que no dan espacio para ello.

¿Imaginar y pensar es lo mismo? Pensar es analizar y generar ideas, lo que lleva consigo un esfuerzo consciente; imaginar trae implícita la creatividad para diseñar imágenes, historias y sensaciones que pueden ser reales o pueden pertenecer al mundo de la fantasía.

Pensar la vida e imaginar la vida son dos territorios distintos. Le hemos dado prioridad a pensar y nos hemos olvidado de imaginar. Cuando pensamos en el pasado pudiera haber un juicio de por medio —lo hicimos bien o lo hicimos mal—, pero cuando vamos al futuro necesariamente imaginamos porque no hay forma de hacerlo de otra manera. Y como tendemos a las preocupaciones, solemos dar rienda suelta a los obstáculos, es más, son ellos los que nos impiden ver las innumerables posibilidades que tenemos por delante.

Entonces, propongo que nos veamos en medio de un campo de lavandas, con las abejas ocupadas en recoger su dulzor, con el aroma inundando el ambiente y nos veamos recorriéndolo, con los brazos abiertos y una sonrisa dibujada en el rostro, el sol escondiéndose entre las colinas moradas. ¡Eso es imaginar!

¿No podremos imaginarnos en escenarios de la vida donde nos sintamos plenos, libres, sintiendo que el momento presente es milagroso? Yo creo que sí podemos hacerlo, necesitamos darnos permiso de ello.

Por ejemplo, imaginar la cara de asombro de tu hijo cuando juntos visitan por primera vez la pirámide del sol, o alcanzar a sentir el gusto de estar sentado con una copa en la mano viendo al horizonte de un mar que se confunde con el cielo. Cada quien tendrá que hacer su propia lista, donde todo cabe, nada sobra.

Habrá que valernos de imágenes, de experiencias compartidas, de consultas cuando algo salta en tu cabeza o en tu corazón. ¿Puedes imaginar cómo es el fondo del mar si no lo has visto? ¡Sí puedes! Incluso si lo que imaginas no corresponde con la realidad. A propósito, me imagino a Tolkien construyendo su mundo fantástico o a Verne imaginando la Vuelta al mundo en 80 días. Ellos no tuvieron los límites que, aunque no lo reconozcamos, la mayoría de nosotros sí tenemos.

La canción de John Lennon es un himno a la imaginación que parte de un pensamiento crítico: “Imagina que no hay Paraíso. Es fácil si lo intentas. No hay infierno debajo nuestro. Arriba nuestro, solo cielo. Imagina a toda la gente viviendo el presente”.

Imagina tu vida, es fácil si te das el tiempo. ¡Atrévete! Haz tu lista y pidamos que el tiempo alcance para que esos sueños imposibles sean posibles.

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