El primer tren de alta velocidad se inauguró en Japón en 1964. Hoy tiene más de 3 mil kilómetros de líneas férreas. No ha tenido un solo accidente mortal. Más de 10 mil millones de pasajeros lo han usado. En el "incidente ferroviario" (como lo llamó la Marina inicialmente) del Ferrocarril Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (FIT) la mitad de las 250 personas que iban a bordo murieron o resultaron heridas.
En una lógica nacionalista agachona, México no se puede comparar con Japón, pero tampoco con América Latina. En este siglo, varios países de la región han expandido su red ferroviaria. En las líneas nuevas o renovadas se tienen registrados únicamente dos accidentes con víctimas mortales en trenes de pasajeros: el del domingo pasado y uno en Chile en 2024 con dos fallecidos. En este mismo siglo, el accidente más letal de un Metro en América Latina y el segundo en el mundo, es el de la Línea 12.
Los accidentes y la inutilidad de la infraestructura desarrollada por AMLO revelan algunos de los peores rasgos de los gobiernos de Morena: el capricho y la improvisación. Desde su prejuicio antitecnocrático, no tiene gran ciencia extraer petróleo y se puede cancelar un aeropuerto rigurosamente planeado por uno improvisado, lejano y complicado de operar simplemente porque a AMLO le latió. La producción de Pemex sigue a la baja y el AIFA funciona a alrededor del 35 por ciento de su capacidad, mientras que el AICM mostrará, una vez más, su saturación e inoperancia en el Mundial.
No les ha costado políticamente. Los dos responsables de la Línea 12, Marcelo Ebrard (quien lo construyó) y Claudia Sheinbaum (responsable de su mantenimiento), fueron los finalistas en la contienda interna de Morena hacia la Presidencia. La entonces directora del Metro nunca se presentó a declarar en la Fiscalía de la CDMX.
Detrás de la improvisación se asoma impúdicamente la corrupción. El responsable de supervisar los trabajos del FIT era Gonzalo López Beltrán, hijo de AMLO, según nos presumió su padre. Hay grabaciones de presuntos contratistas, entre ellos un primo de Gonzalo, jactándose de que el balastro era de mala calidad y que, si se descarrilaba el tren, el problema sería de otro. No pasó nada cuando salió la grabación y seguramente no pasará nada ahora. La FGR está más preocupada en perseguir a quien descubre actos de corrupción que a quien los comete. La trama del huachicol fiscal también conduce a la Marina, responsable de construir y operar el FIT. La investigación está atorada.
En un país democrático, donde se parte del principio elemental de que el gobierno debe rendir cuentas a la ciudadanía, se discutirían por semanas las razones del percance ferroviario, los presuntos responsables y las implicaciones jurídicas y políticas del incidente. El trabajo de la oposición y de los medios de comunicación debe ser señalar los errores del gobierno, máxime cuando ha dejado ya 14 muertos en el camino.
Uno de los rasgos de un gobierno autoritario es la capacidad de llevar el debate a donde no incomode. En esta semana han predominado las notas sobre qué hace la Presidenta, cuánto dinero se les va a pagar a los deudos, la firmeza para pedir peritajes, más temas impensables en medio de una tragedia, como presentar la estrategia en materia de trasplantes de órganos. En la narrativa, los 14 muertos son ya un mero incidente.
Deberíamos estar discutiendo el problema de fondo. Las Fuerzas Armadas no están para construir y administrar obras de infraestructura. Menos cuando en el sexenio van más de 50 mil víctimas de homicidio, más de 16 mil 500 desaparecidos, y el tráfico de estupefacientes se ha convertido en un asunto de seguridad nacional prioritario, dada la extracción de Maduro por parte de militares de Estados Unidos. Necesitamos a las Fuerzas Armadas haciendo su trabajo, y a la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes haciendo el suyo.
ÁTICO
Los accidentes y la inutilidad de la infraestructura desarrollada por AMLO revelan capricho e improvisación.