Para algunas naciones, Trump ha sido una maldición que ha llevado a la cerrazón, decisiones viscerales, reacciones retardatarias y enquistamiento político. Para India, que ha tenido sus enfrentamientos con el presidente norteamericano, Trump parece haber sido el empujón que necesitaba para romper con la inercia y la parálisis que había caracterizado al segundo gobierno del primer ministro Modi. Hoy se percibe en India una palpable (y envidiable) urgencia por salir del letargo y del subdesarrollo para, de una vez por todas, pasar a otro estadio de desarrollo.
El ánimo reformista ha sobrecogido a India por segunda vez desde su independencia en 1947, ambas bajo el gobierno del actual primer ministro, Narendra Modi. El país entero parece una zona de desastre en la que se está intentando hacer todo al mismo tiempo. En Mumbai están por completarse las obras de un periférico y once líneas de Metro, construidas todas al mismo tiempo, con el consecuente caos vial que eso entraña. Lo mismo ocurre en el frente político legislativo, donde se ha reformado todo el sistema fiscal, se está legislando una reforma laboral, se discute la eliminación o modificación substancial de regulaciones diversas y se negocian tratados de libre comercio con el Reino Unido, Australia, la Unión Europea y Estados Unidos. India está muy lejos de haberse convertido en el país del mañana, pero su enfoque y empuje es impresionante.
El vocabulario que se les escucha a empresarios y funcionarios públicos es transparente: elevar la productividad, eliminar requisitos innecesarios, reducir impedimentos, bajar el costo de capital. El entusiasmo es perceptible, aun cuando haya un reconocimiento de que el camino hacia adelante será cuesta arriba. Interesante observar cómo las reformas emprendidas por Modi en su primer periodo permitieron cambiar la dirección de esa nación, que vivía sumida en un burocratismo corrupto e inescrutable. En solo unos cuantos años, hasta el horizonte urbano se transformó con la aparición de edificios, obras arquitectónicas y desarrollos urbanos que contrastan con las "favelas" que eran ubicuas y que todavía son visibles por muchos lugares. Las oficinas gubernamentales en Nueva Delhi, todas nuevas, son modernas y funcionales. Sin duda, un país en construcción.
En un momento del mundo en que lo que parece predominar son estrategias y liderazgos retrógrados, observar el entusiasmo que caracteriza a los habitantes y líderes de ese país es refrescante. Al mismo tiempo, se destila un sentido de reconocimiento de lo complejo del camino hacia adelante luego de la primera ola de reformas que, como mencioné antes, fueron enormes para ese país y, a la misma vez, solo un primer paso. Modi no ganó un mandato tan amplio para su segundo gobierno en 2024, lo que parece haberlo convencido de la urgencia de acelerar el paso, corregir errores y enfrentar los costos, sobre todo políticos, de afectar intereses. Como nación democrática y a la vez brutalmente compleja por su extraordinaria diversidad étnica, religiosa, política y lingüística, el proceso legislativo es sumamente lento pero, una vez lograda la aprobación de sus leyes, éstas adquieren permanencia, lo que constituye una fuente de gran certidumbre. Quizá de ahí se derive la confianza que se percibe por parte de la población.
Desde luego, no todo son flores ni buenas noticias. La economía está creciendo menos que en años recientes y las expectativas para el futuro mediato no son excelentes. Sin embargo, eso no parece haber disuadido a los empresarios e inversionistas, quienes dicen estar más dedicados a adaptarse para la competencia que vendría de aprobarse los tratados en ciernes que a quejarse de las circunstancias inmediatas.
Una publicación académica reciente, intitulada "200 formas de acabar arrestado", generó tal polémica por la evidencia que presenta sobre el enorme número de regulaciones absurdas que con celeridad pueden convertirse en delitos, que se ha adoptado una nueva forma de administrar asuntos vinculados con la economía. En lugar de castigos, el nuevo enfoque se orienta hacia incentivos, ya no en persecución, por lo que el lenguaje es de descriminalización, desregulación y eliminación de facultades arbitrarias. Un ambicioso y masivo proyecto gubernamental está dedicado a emplear la inteligencia artificial para empoderar al ciudadano frente a la burocracia, canalizando sus agravios, quejas y preocupaciones a través de medios electrónicos para encontrar satisfacción expedita. El punto es muy simple: se está intentando transformar a un país de casi mil quinientos millones de personas tanto en las alturas como para la población menos favorecida y más pobre.
Esto que pude volver a observar en una visita reciente me hizo pensar en otro más de los desafíos que se nos vienen encima. Si uno observa el panorama internacional, probablemente no está lejos el momento en que cambios en varias naciones relevantes para nosotros se traduzcan en severa y aguda competencia: India en manufacturas y algunos servicios; Cuba en turismo y creatividad; Venezuela y Guyana en energía y así sucesivamente.
No hay mayor riesgo para México que el de la inercia e inopia que nos caracteriza porque, de seguir así, se nos podría poner todavía más difícil el futuro.
ÁTICO
India parece estar en el umbral de una gran transformación que implicaría una creciente competencia manufacturera con México.