La reciente charla telefónica entre los presidentes Sheinbaum y Trump consiguió por el momento contener las ansias intervencionistas del mandatario norteamericano en territorio mexicano, pero no será por mucho tiempo vistas las circunstancias.
De tiempo atrás Trump ha vislumbrado el ingreso a México con sus fuerzas militares para arrestar a los grandes capos y destruir los laboratorios de metanfetaminas y muy en especial los de fentanilo.
El operativo exitoso de Estados Unidos en Venezuela ha alentado estos deseos y para bien o para mal evidenció la capacidad técnica y militar de los norteamericanos para realizar incursiones rápidas y efectivas en otros países.
El poder del llamado comando Delta Force fue impresionante, en cuestión de minutos decenas de elementos descendieron de sus helicópteros para capturar al dictador Nicolás Maduro y su esposa para trasladarlo a un buque norteamericano.
Por lo mismo, nada difícil sería que una flotilla de naves aéreas despegara de la base militar de Arizona para llegar sigilosamente en dos horas a la sierra sinaloenses y capturar en menos de media hora a varios de los jefes del narcotráfico.
Seguramente la DEA ya tiene ubicadas las guaridas de varios de los más buscados por la DEA, entre ellos los familiares de Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera, en Sinaloa, y el temido líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, "El Moncho", por quien se ofrece una recompensa de 15 millones de dólares.
En días pasados The New York Times publicó que el gobierno de Trump seguía presionando a México para que le permita introducir fuerzas especiales del Pentágono o la CIA para destruir laboratorios de ventanilla en nuestro país.
Lo anterior no es nada nuevo, pero sí que las gestiones se intensificaron tras el operativo contra Maduro y paralelamente a la llamada Sheinbaum-Trump.
La solicitud contempla que las fuerzas estadounidenses acompañen a los soldados mexicanos en tales operativos contra los fabricantes de fentanilo y compartir información que conduzca a acciones más efectivas y contundentes.
El periódico informa que existen asesores estadounidenses que están trabajando dentro de las Fuerzas Armadas de México durante el sexenio de Claudia Sheinbaum, colaboración que el gobierno de López Obrador cortó de manera tajante.
Este tipo de colaboración data de muchos años atrás, usted recordará que en 1985 el agente de la DEA, Enrique Camarena, colaboraba activamente en las pesquisas contra el Cártel Jalisco cuando fue detenido y asesinado por sus dirigentes.
Ante el crecimiento del narcotráfico en México sería más que prudente y oportuno analizar las propuestas de Estados Unidos en lugar de mantener la cerrazón y una postura nacionalista que no aporta a la solución del problema ni a las relaciones diplomáticas con el vecino del norte.
Una incursión militar norteamericana unilateral sería sin duda una acción intervencionista, más no si se trata de un operativo conjunto que cuente con la autorización y el pleno conocimiento del gobierno mexicano.
Sucedió el año pasado cuando drones norteamericanos realizaron vuelos de observación sobre territorio mexicano para detectar laboratorios con resultados exitosos.
Lamentablemente en estos momentos el gobierno de Trump tiene la facultad de entrar a México bajo el argumento de que varios de los carteles mexicanos están clasificados como organizaciones terroristas.
Solo le faltaría la aprobación del Congreso que como ya vimos se la pasó por el arco del triunfo en la asonada de Venezuela.
Resistir eternamente a las peticiones de Estados Unidos podría resultar contraproducente, en el fondo lo que intenta Trump es cumplir la promesa de aplacar a los carteles mexicanos y detener el trasiego de fentanilo lo que no han logrado los gobiernos mexicanos.
No echemos en saco roto la repetida frase del controvertido Trump de que "algo debe hacerse" en el caso de los cárteles mexicanos.
Darle más largas al asunto alienta además las versiones de una franca complicidad de los carteles con los altos dirigentes de Morena que diera inicio con la fallida y terrible estrategia de "abrazos y no balazos".
COMENTARIO FINAL…
¿En serio los morenistas desean regresar treinta años el reloj cuando el gobierno organizaba a su antojo las elecciones y no permitía voces opositoras en el Congreso salvo las que ellos decidían? Estamos de acuerdo en eliminar los plurinominales, pero siempre y cuando el subsidio electoral sea parejo por candidatos y no por partidos.