El título de esta columna refleja una preocupación que los laguneros tenemos: ¿Por qué los gobernantes, de todos los niveles de gobierno, no invierten los recursos públicos en crear la infraestructura y los equipamientos necesarios para mejorar las condiciones ambientales, para tener un ambiente sano?, si todos vivimos aquí y no hay quien circule en vías y espacios públicos que se prive de respirar aire contaminado, si una gran parte de las viviendas padecen desabasto de agua potable, o quien quiera trasladarse de un lugar a otro tiene que recurrir a un sistema de transporte público peor al existente hace una centuria o a hacerse de un automóvil por la razón anterior, ni modo de que nos quedemos en nuestras viviendas donde quizás unos pocos tendrán el confort que la mayoría carece.
Podríamos afirmar que la culpa es de quienes nos gobiernan al no ejercer los fondos públicos, considerando dentro de sus prioridades la intención de los ciudadanos de vivir en condiciones de un ambiente sano, lo cual es parcialmente cierto, porque la mayor parte de nuestros gobernantes, principalmente locales, municipales o estatales, son quienes tienen el primer contacto con los ciudadanos. Hasta ahorita, no se observan gobernantes que destaquen entre sus prioridades de gobierno poner atención en lo anterior, solo lo hacen de manera tangencial y para mitigar los impactos de las carencias de infraestructura y equipamientos señalados.
Los ciudadanos observamos esas carencias a la cual agregamos otra cada vez más visibilizada: nuestros gobernantes tienen una visión cortoplacista del desarrollo, sus agendas públicas no proyectan acciones estratégicas que consideren escenarios futuros que mejoren la calidad de vida de quienes vivimos en esta región.
Algunos ejemplos. Por los medios se anuncia la calidad del aire que se respira en Torreón, que ya es ganancia suceda en cuando menos en una de las quince municipalidades de la Comarca Lagunera, o en una de las cuatro o cinco ciudades que conforman su zona metropolitana (ZML), pero no se dice los alcances de la información publicada, que no son suficientes si esta proviene de una o dos estaciones de medición de la calidad del aire, no se dice que Torreón carece de una red de monitoreo de este, que de acuerdo a su capacidad presupuestal en una sola administración trienal se puede instalar si se priorizara atender este problema; esto, sin mencionar que en el resto de los municipios (algunos pequeños o que son en realidad ciudades rurales) o las ciudades de la ZML es un tema que ni siquiera existe en el vocabulario de los gobernantes.
El caso del agua potable es por demás conocido. Ciertamente, los pozos de donde se extrae se están agotando, pero no se escucha en la narrativa de los gobernantes locales que este problema es causado por la sobreexplotación del acuífero, no quieren hacer declaraciones comprometidas que inquieten a los causantes que lo provocan. Tampoco dicen que los organismos operadores de agua municipales están incapacitados para resolver este problema (no son los responsables de regular el agua del subsuelo) y que, por tanto, esas capacidades solo les dan para mitigarlo perforando nuevos pozos o enviando pipas a los ciudadanos afectados por el desabasto. Algo similar ocurre con el drenaje y el saneamiento de las aguas residuales.
En el transporte público ni se diga. La inversión gubernamental se ha centrado en atender la problemática de una ciudad diseñada para que el traslado de los ciudadanos se efectúe por medio del automóvil, no le alcanza para ver más allá que priorice un sistema de transporte colectivo eficiente, digno y accesible, para la mayoría de quienes vivimos aquí.
Los ejemplos pueden continuar, pero lo que los ciudadanos que vivimos aquí debemos reconocer que no echar la culpa únicamente a nuestros gobernantes, que también nosotros la tenemos de no vivir en una región donde no se puede afirmar que se goza de un ambiente sano. Finalmente, nosotros lo elegimos y los dejamos gobernar como mejor les parezca o puedan hacerlo, solo nos quejamos cuando el agua nos llega a los aparejos: cuando no sale agua de la llave en nuestras viviendas, cuando no tenemos en que transportarnos, cuando nos inundamos con los aguaceros, cuando se rompe una tubería del drenaje y emanan aguas negras, etc.
Quizás no debemos esperar a que se conozcan los primeros casos de personas afectadas en su salud por la contaminación del aire como los que se detectaron hace algunas décadas con el plomo o, poner atención a un asunto que los gobernantes han ocultado como es el de los afectados por el arsénico en el agua, por mencionar algunos. Finalmente, la última palabra la tenemos los ciudadanos porque somos los que aquí vivimos y quienes elegimos a quienes nos gobiernan, por ello debemos poner atención a las agendas de los aspirantes a gobernar durante sus campañas políticas, comprometerlos a que éstas contemplen planes y acciones que nos permitan vivir en condiciones ambientales sanas. Además, no se nos olvide que este es un derecho que la legislación mexicana nos otorga, mismo que debemos ejercer.