FOTO: Enrique Castruita
La música envuelve a la arquitectura de Casa Nava, una antigua casona ubicada en el corazón de Ciudad Lerdo.
Es la tarde de un viernes. Se escucha la sonoridad de un piano. Las notas son un paseo sobre las teclas, un retumbar de cuerdas vibrantes. En uno de los salones, Irving Rivas deja el alma frente a un Yamaha vertical. No hay hojas en el atril. La partitura de su autoría es invisible; está en su mente. Suena “Corazón de Sofía”, una pieza compuesta para su hija mayor y que a la vez refleja la pasión que el pianista siente por su instrumento.
“Hace falta más música. La música es terapéutica. Hace falta que más personas se animen a tocar instrumentos. Hace falta que los que ya tocan instrumentos se animen a tocar su música o a tocar la que se sepa, pero hacerlo público, porque hay mucho talento aquí en La Laguna. Yo espero que la música llegue a muchas partes”.
Irving Rivas es médico general egresado de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) y está convencido de que la música es capaz de curar esas heridas ocultas en el interior de cualquier persona. Su pasión guarda raíces. A muy temprana edad comenzó a practicar con un teclado que su padre compró en una tienda de autoservicio. Se enamoró del arte pianístico y de las obras de referentes como Raúl di Blasio y Richard Clayderman. Más adelante ingresó a talleres, estudió en recintos como Casa Nava y ahora intenta abrirse campo en la escena musical sin que ello signifique descuidar su consultorio.
Muchos sueños cobijan a Irving, pero uno en especial late con fervor: tocar junto al maestro Raúl di Blasio. El autor de ‘Corazón de niño’ visitará La Laguna el próximo viernes 27 de noviembre para presentarse en el Teatro Isauro Martínez, e Irving tiene la esperanza de conocerlo. Di Blasio ha sido su escuela, un maestro a la distancia.
“Me gustaría que me invitara a tocar al menos una pieza ahí con él. Él toca ‘Corazón de niño’, que es una composición suya, y a mí me gustaría tocar ‘Corazón de Sofía’ en algún concierto de este tipo. Sería lo máximo que Raúl Di Blasio pudiera conocer mi música, porque para mí fue un referente, de los primeros artistas que escuché y de los que me hizo entrar a este mundo tan genial de la música”.
UN HIMNO PARA SU HIJA
Componer no fue una herramienta que buscó, sino que se le dio. Irving Rivas recuerda que, al interpretar a otros artistas de jazz y música clásica, empezó a tocar notas por su cuenta. Si un sonido le agradaba, lo guardaba en su mente como si esta fuese un disco duro. Luego agregaba más notas, construía armonías, esculpía la melodía. No escribía en partituras, grababa todos sus avances con el teléfono celular.
Una de esas creaciones desembocó en la pieza ‘Corazón de Sofía’, dedicada a su hija, donde Irving Rivas marca el latido de ese corazón. Primero, la obra comienza como una balada a cuatro tiempos; luego el pianista agrega un ritmo de vals sin dejar de acentuar el latido. Después viene un paseo con guiños de jazz, para regresar al vals y cerrar de nuevo con una balada, pero con distinta estructura.
“Es mi canción más compleja por el momento, la más difícil. Se compone de distintos géneros, como te decía: balada, vals, jazz. Es como una rapsodia, por así decirlo, y me gusta mucho; fue de las primeras canciones que compuse, de las que más les puse adornos y me encanta, porque también va dedicada a mi hija”.
El origen de esta composición se remonta a la época cuando Irving Rivas se trasladó a la comunidad de La Purísima, en el municipio duranguense de Cuencamé, para realizar sus prácticas profesionales. Hasta allá se llevó un teclado. En esa soledad y en la nostalgia por su hija, las notas brotaron sin detenerse.
Hasta el momento, Irving Rivas ha ofrecido recitales de piano en Casa Nava de Lerdo y en el Hotel Marriott de Torreón. Próximamente, planea presentarse en el Teatro Alberto M. Alvarado de Gómez Palacio. En la actualidad busca colaborar con otros músicos de la región y, en su filosofía, tiene claro que la música y la ciencia están hermanadas por un hilo de creatividad y belleza.
“Es una pregunta difícil. Para mí, las dos son artes. El cuerpo es arte en sí, de la naturaleza, y la música es eso. No he encontrado una explicación de una relación directa, pero creo que va por ahí, va conectada a nuestras emociones y nos hace sentir eso”.

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