Japón apuesta de nuevo por la energía nuclear tras el desastre de Fukushima
A casi 15 años del desastre de Fukushima, Japón volvió a encender uno de los símbolos más controvertidos de su política energética, el reinicio de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa marca un nuevo intento del país por recuperar la energía atómica, en medio de preocupaciones por seguridad, altos costos y una sociedad que aún no olvida lo ocurrido en 2011.
¿Por qué Japón decidió reactivar su mayor planta nuclear?
El gobierno japonés autorizó la reactivación del reactor número 6 de la central Kashiwazaki-Kariwa, ubicada al noroeste de Tokio y considerada la planta nuclear más grande del mundo, se trata de la primera instalación de la empresa Tokyo Electric Power Company (Tepco) que vuelve a operar desde el accidente de Fukushima Daiichi.

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El arranque estaba previsto días antes, pero se retrasó debido a una falla en el sistema de alarmas, aun así, las autoridades confirmaron que el reactor comenzará operaciones comerciales durante el próximo mes, la decisión se tomó pese a la oposición de residentes locales, quienes han expresado dudas sobre la seguridad de la instalación.
Japón depende ampliamente de la importación de combustibles para generar electricidad, por lo que el regreso de la energía nuclear forma parte de su estrategia para fortalecer la autosuficiencia energética y reducir emisiones contaminantes rumbo a 2050.
El impacto de Fukushima y una capacidad energética limitada
El accidente nuclear de marzo de 2011, provocado por un terremoto y un tsunami, obligó al cierre total de los 54 reactores del país, la fusión en Fukushima provocó evacuaciones masivas, contaminación radiactiva y una pérdida profunda de confianza hacia el sector.

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Aunque Japón ha avanzado lentamente en la reactivación, el regreso no será total, en Kashiwazaki-Kariwa, el séptimo reactor no entraría en operación antes de 2030 y los otros cinco podrían ser desmantelados, lo que reduce significativamente la capacidad original de la planta, que antes alcanzaba 8.2 gigavatios.
Desde 2015, sólo 15 de los 33 reactores operativos del país han sido reactivados, antes del desastre, la energía nuclear aportaba cerca del 30% de la electricidad nacional, hoy, el objetivo oficial es que represente alrededor del 20% para 2040, una meta mucho más moderada que la proyectada antes de Fukushima.
Costos, escándalos y desconfianza social
El regreso nuclear no solo enfrenta resistencia ciudadana, sino también problemas internos, en los últimos años, Tepco se ha visto envuelta en incidentes que afectaron su credibilidad, como el extravío y la manipulación indebida de documentos confidenciales.
Además, la Autoridad de Regulación Nuclear ha reforzado los controles tras 2011, lo que elevó de forma considerable los costos de operación, expertos advierten que mantener los reactores activos resulta hoy mucho más caro de lo previsto, debido a las inversiones en seguridad y supervisión.

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Mientras el gobierno busca evitar subsidios o aumentos en las tarifas eléctricas, las protestas continúan, en la prefectura de Niigata, donde se ubica la planta, manifestantes han advertido que cualquier nuevo accidente afectaría directamente a las comunidades cercanas.
Aunque se han construido muros de contención, puertas herméticas y nuevos sistemas de protección, el recuerdo de Fukushima sigue pesando, las encuestas muestran que el apoyo ciudadano solo existe si se garantiza la seguridad total, un desafío permanente para un país que intenta equilibrar energía, economía y confianza pública.