José Ignacio Valenzuela reconstruye la figura de la madrastra en Mi casi casi mamá
Con una trayectoria de más de 30 años como galardonado escritor de narrativa y teatro, guionista de cine y televisión y conferencista, José Ignacio Valenzuela “Chascas” (Santiago de Chile, 1979) ha retomado la temática de la familia para el público infantil y adolescentes, siendo el autor de la novela Mi casi casi mamá (Alfaguara, 2026), donde la figura de la madrastra se reconstruye socialmente desde una mirada infantil.
Mi casi casi mamá forma parte de una saga publicada por José Ignacio Valenzuela bajo el sello Anfaguara y de la cual se han registrado dos entregas anteriores: Mi abuela la loca (2015) y Mi tío Pachunga (2018).
“La gracia de estos libros es que se hacen cargo de temas incómodos o difíciles para la literatura infantil. Y yo trato esos temas desde el humor, desde la irreverencia, desde el gozo, desde el placer puro de escribir un humor muy fuerte. Y eso me permite tocar esos temas, sin ponerme denso ni triste ni complicado y llegar, literalmente, a toda la familia”.

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A José Ignacio Valenzuela le interesa abordar el tema porque considera que la sociedad, a través de los siglos, ha sido muy injusta con el tema de la familia.
“Durante mucho tiempo nos hicieron creer (o creímos) que había sólo un modelo de familia: el papá, la mamá, los hijitos y un perro. Y resulta que, en la realidad, esa es la familia más minoritaria. Toda la vida ha habido abuelas criando nietos, ha habido tíos criando sobrinos, ha habido hermanos criándose solos, huérfanos, ha habido un papá criando solo, una mamá criando sola. Ha habido dos mujeres o dos hombres criando, y me parece que, durante mucho tiempo, todas esas familias no contaron ni con el reconocimiento ni con la protección social y legal que merecían”.
En Mi casi casi mamá, José Ignacio Valenzuela muestra una historia que invita a descubrir que las familias pueden construirse de muchas maneras. Luisa, una actriz excéntrica de pañuelos extravagantes, turbantes y carismática personalidad, aparece en la vida de Clara, una niña de la que deberá convertirse en su “casi, casi mamá”.
“Me parece que es muy interesante hablarles a los niños de esas realidades, de esas familias, porque los niños están insertos en esas realidades. ¿Cuántas familias no conoces tú o conozco yo que son reorganizadas? Son padres que se casan en segundos, en terceros matrimonios, con hijos del primer matrimonio. Entonces, me parece muy interesante usar eso como material literario para trabajarlo, para reír y acercarnos a través de la literatura”.

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Para el autor, la mala imagen de la figura de la madrastra se remonta a siglos atrás, hasta autores como los hermanos Grimm y cuentos como La Cenicienta. En esos textos, la madrastra se muestra como antagónica, siniestra. En este tenor, Valenzuela se ha propuesto darle otro rostro a este arquetipo a través de Luisa, la madrastra de Clara.
“Sabía que tenía que trabajar con una madrastra completamente opuesta a lo que todo el mundo tiene en su mente cuando uno dice ‘madrastra’. La literatura infantil ha sido muy injusta con la madrastra; siempre es la villana, siempre es la bruja, la mala. Y a mí me parece que no tiene por qué serlo; al revés, cumple un rol muy importante. Por lo tanto, yo sabía que Luisa iba a ser lo opuesto al imaginario colectivo”.
En este viaje, José Ignacio Valenzuela es acompañado por Patricio Betteo, un ilustrador mexicano que se ha encargado de dar imagen a su obra a través de caricaturas que acompañan al texto.
“Con Patricio vengo trabajando desde el primer libro de esta serie, que es Mi abuela la loca. Patricio inauguró, fue el culpable de la ilustración oficial del primer libro y él ha sido el ilustrador oficial de los tres libros hasta ahora. Y ha sido un trabajo magnífico, ha sido capaz de darle una identidad a la serie, no solamente a cada libro”.
Otro de los temas que José Ignacio Valenzuela aborda en su libro es el de la pérdida, otro tabú en la literatura infantil. Lo hace de manera muy seria, pero empleando el humor como una herramienta narrativa que le permite trabajar la trama sin faltarle el respeto a los pequeños lectores.
“Es un tema al que le tengo mucho respeto, pero también creo que los niños merecen que los adultos les contestemos las preguntas. Yo soy un poco enemigo de no contestarles las preguntas o de esconderles ciertos temas a los niños, pensando que no los van a entender o son muy chicos para tocar esos temas. Yo creo que si tocas los temas con respeto, con altura de mira, y con la madurez necesaria para ponerte a la altura del niño y contestarle tú a tú a ese niño, con las palabras adecuadas, me parece que es importante hacerlo”.

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