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José Paz Rivera, el poeta campesino que resiste a la desmemoria

Las huellas de un lagunero que el tiempo no pudo borrar

Imagen: Cortesía Martha Rivera

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JENIFER CRISPÍN RIVERA

Conocido como el Compositor del Campo, este trovador encarna la riqueza cultural de la Comarca Lagunera. Habitante de los ejidos de Matamoros durante la época del “oro blanco” algodonero, Rivera forjó una vida entre la tierra y la música: trabajó en la pizca, vendió sandías en ferias y circos, practicó la carpintería y pintó tumbas mientras componía versos que capturaban el alma rural de la región.

En los ejidos a las orillas de la Laguna existen historias que quedan plasmadas en la memoria de quienes las atestiguaron,pero que con el tiempo parecieran quedarse en el camino del olvido. No obstante, la resistencia de los relatos orales continúacreando una identidad comunitaria para cada localidad. La historia descrita en este texto es una de tantas que conjugan letras, música y experiencias, y que forman parte de la riqueza cultural de las zonas rurales de la región.

El 24 de enero de 1922 nació José Paz Rivera Rodríguez, conocido como el Compositor del Campo, un hombre que llenó toda una época de música vernácula y poesía. Era muy versátil en sus composiciones; cambiaba de temas y estilo según su vena. Hablabadel campo, del amor, el desamor y las alegrías; eran poemas convertidos en canción.

Su trayectoria fue larga y prolífica. En los años noventa todavía apoyaba a artistas locales concediéndoles algunas piezas musicales, entre ellas “Es mi padre”, una balada grabada por Las Hermanitas Zavala; “Dora”, una cumbia interpretada por Los Laguneros, o “Caminos de la Laguna”, corrido al que Raymundo Hernández prestó su voz.

Imagen: Cortesía Martha Rivera
Imagen: Cortesía Martha Rivera

UNA JUVENTUD EN LA ÉPOCADEL “ORO BLANCO”

José Rivera, en compañía de su madre y sus hermanos, llegó al poblado Buen Abrigo de Matamoros, Coahuila, a finales de la década de los veinte. Siendo el mayor de sus hermanos, comenzó a trabajar desde muy pequeño. Mientras su madre atendía su puesto de tacos dorados, José tiraba la basura y hacía mandados por una cantidad voluntaria de monedas para ayudar a su familia a salir adelante.

Con el paso del tiempo, la familia Rivera Rodríguez adquirió una casa en el ejido San Antonio del Coyote, otro poblado de Matamoros que, además, ostenta más de cien años de historia y tuvo gran relevancia económica entre 1850 y 1960. En ese periodo, la Comarca Lagunera pasó de ser desierto a convertirse en una potencia agrícola y la principal productora de algodón en México,lo que le valió el nombre de “el Reino del Algodón” durante la época del “oro blanco”. Sus campos generaron empleo para muchas familias.

De joven, José trabajó en la pizca de los cultivos de algodón y cuidando la hacienda de Buen Abrigo, donde conoció a Raquel Gutiérrez Chuca, quien iba con frecuencia al molino de maíz que pertenecía al lugar. Conquistándola con cantos al son de su guitarra y llevándola en caballo a su destino fue que nació el amor para, tiempo después, contraer matrimonio. La pareja tuvo 12 hijos y, a los años, se trasladaron de su pequeña casa del mercado a un nuevo hogar en el vecino ejido El Fénix.

Ahí se encuentra la hoy exhacienda El Fénix, que conserva un gran valor histórico y cultural. Según Carlos Castañón Cuadros, politólogo e historiador coahuilense, el edificio tuvo diversos usos a lo largo de las décadas: fue hacienda, clínica y centro de salud —donde nacieron miles de laguneros—, además de escuela y maquiladora. También fue residencia del empresario Andrés Eppen, quien desde ese sitio impulsó el primer plano urbano de la ciudad de Torreón, el cual encargó a Federico Wulff.

En un contexto social de lucha agraria que se remontaba a la Revolución Mexicana, fue que José Paz Rivera creció inspirado por la música y las letras, desafiando las limitantes que lo rodeaban y el ritmo de los campos.

Otros campesinos y él en la pizca de algodón. Imagen: Cortesía Martha Rivera
Otros campesinos y él en la pizca de algodón. Imagen: Cortesía Martha Rivera

UNA VIDA LLENA DE VERSOS Y MÚSICA

Martha Rivera Gutiérrez, hija de doña Raquel y don José Paz, recuerda con respeto y admiración la dedicación y la alegría que sus padres le brindaron a ella y a sus hermanos. “Mi padre me contó la llegada de él y su familia a estos rumbos, pero no recuerdo la fecha exacta. (En) la casa del mercado, donde nacimos todos, crecimos todos, pero en 1978 nos vinimos para El Fénix; tenemos 48 años aquí”.

Entre los recuerdos de la familia en la casa del mercado surgen las visitas de varios jóvenes que asistían para ensayar mariachi. Por las tardes, el patio de la pequeña vivienda se llenaba de sillas, mientras el señor Rivera Rodríguez compartía arte con su guitarra e instruía a quien quisiera comenzar a cantar, a escribir canciones o a tocar algunos instrumentos. En su mayoría, los asistentes eran jóvenes de la misma comunidad. Él era multiinstrumentista; no solamente sabía tocar guitarra, también la vihuela, la trompeta, el violín y el guitarrón.

“El tiempo que viví aquí con ellos, antes de casarme, empecé a ver que componía y me hablaba para que oyera lo que estaba componiendo, lo que estaba grabando, bien contento; también a uno que otro nieto le hablaba. Empecé a observar los momentos en los que él escribía: se llevaba su papelito, su lápiz, porque mientras estaba en el campo, él escribía. Trabajaba y se le venían ideas.Llegando a casa, sus letras se convertían en poemas. Ya cuando lo terminaba, le ponía la música, agarraba su guitarra yempezaba. Hasta que salía bien se grababa en su grabadora”.

El Compositor del Campo no sólo trabajó en la cosecha de algodón. En compañía de sus amigos, por ejemplo, conseguía “pepenas” —como se le conoce a las pequeñas cantidades de cosecha de maíz y frijol—, con las cuales alimentaba a su familia.

También trabajó como sandillero. Salía a los cultivos de Matamoros a comprar sandía para, después, en un negocio ambulante, prepararla y venderla en las fiestas, en los aniversarios, en los circos, ferias y cines. Sus últimos oficios fueron la carpintería y la rotulación de tumbas; su creatividad e inspiración iban más allá de la música y las letras.

“Mi papá era muy luchista. Él trabajaba en muchas cosas, pero lo que más le gustaba era vender sandía en su temporada; le gustaba ir por ellas hasta las bodegas de Matamoros, donde recién llegaban del campo. Pero enfermó de hemorragia, ya no podía andar en el sol, y desde ahí se quedó en la carpintería y como pintor de cruces y tumbas, dos de sus oficios, los cuales tambiéndisfrutaba demasiado”.

Martha Rivera Gutiérrez, hija del compositor. Imagen: Jenifer Crispín
Martha Rivera Gutiérrez, hija del compositor. Imagen: Jenifer Crispín

La familia del poeta esperaba con anhelo cada 24 de enero para compartir un momento agradable por su cumpleaños. Los festejos comenzaron con pequeñas reuniones en la casa del mercado, donde el espacio limitado impedía que la fiesta fuera en grande. Sinembargo, en la casa de El Fénix la celebración creció. Mientras su familia preparaba asado, arroz y pasta, Rivera Rodríguez se encargaba de extender la invitación a sus amigos y conocidos de los ejidos vecinos.

Alfonso, su hijo mayor, junto a sus amigos, los mismos que José enseñaba a tocar canciones de mariachi, llegaban con sus instrumentos, y Leticia, la hija mayor, cantaba. Uno de los hermanos del cumpleañero tocaba el acordeón mientras él cantaba sus composiciones.

Con el tiempo se fueron uniendo más personajes célebres de la región a los festejos: las hermanitas Zavala —quienes amenizaban con su voz—, Raimundo Hernández, Chuy y Mari Valdez, Juan Duque con sus shows de comedia, todos ellos figuras relevantes de la escena artística lagunera en ese entonces.

LEGADO CULTURAL

El Compositor del Campo se dio a conocer principalmente por su devoción católica, gracias a los cantos de su autoría para la Virgen de Guadalupe. También fue célebre por su declamación de poesía al campo y a Lázaro Cárdenas en los aniversarios de su comunidad y de algunos ejidos vecinos, como Purísima, Solima, Atalaya y Hormiguero. Además, en estos eventos solíancontratarlo para cantar el Himno Agrarista.

En 1974 participó en distintas ocasiones en los Domingos Culturales, eventos de arte y cultura en el centro de Torreón, organizados por el Ayuntamiento de esta ciudad a través del departamento de Prevención Social.

Luchando por sus sueños en la música y la escritura, viajó a distintas ciudades de México para reunirse con grandes intérpretes, buscando la posibilidad de que llevaran algunas de sus composiciones a la fama. No teniendo el resultado que esperaba, regresó a su localidad.

Fue en 1988 que don José Paz Rivera fue reconocido por las autoridades municipales de Matamoros como el Compositor del Campo, otorgándole un galardón en un evento público que se llevó a cabo en las calles de Coyote. Meses después le llegó una invitación a uno de los festejos de aniversario de la cabecera municipal en la plaza de armas de Matamoros, donde autoridades del estado de Coahuila hicieron nombramiento y entrega de su reconocimiento como el Poeta Campesino del ejido Coyote.

“En ese tiempo mi padre se encontraba un poco delicado de salud. Cuando supo que le iban a dar un reconocimiento, no sé ni de dónde sacó fuerzas. Sólo pocos de la familia pudimos acompañarlo; lo acompañamos mi madre, mi hija y yo a Matamoros, donde lo nombraron con algunos otros personajes históricos del municipio. Era tanta su emoción que desbordaba sus lágrimas. Sabía que la gente lo reconocía por lo que él había hecho, por sus logros, por sus poesías, por sus canciones. Él sí se fue muy contento por ese lado”.

Una de sus celebraciones de cumpleaños. Imagen: Cortesía Martha Rivera
Una de sus celebraciones de cumpleaños. Imagen: Cortesía Martha Rivera

Paz Rivera donó algunas pertenencias —canciones, poesías y su máquina de escribir— a la Casa Colorada, un edificio histórico de ladrillo en un canal del río Nazas, a la entrada de la ciudad de Torreón. Este recinto fue rescatado por el doctor Manuel Terán Lira, historiador y cronista conocido por promover la cultura lagunera. En 1983, la colección de objetos de la Revolución Mexicana que fueron donados por familias laguneras convirtió a la Casa Colorada en uno de los museos más importantes de la región, mismo queostentó un récord Guinness por ser el más pequeño de Latinoamérica en 2011, año en que cerró sus puertas.

La colección de la Casa Colorada fue donada al Museo de la Revolución en el marco de los festejos del centenario deTorreón como ciudad, aunque actualmente faltan varios de esos objetos, entre ellos la máquina de escribir del Poeta Campesino. Silvia Castro Zavala, investigadora, gestora cultural coahuilense y directora del museo entre los años 2007 y 2020, menciona: “La verdad, no recuerdo. Se privilegió lo que era armamento y objetos como la cámara fotográfica con fuelle”. No hubo respuesta por parte de la licenciada Irma Hortencia Espinosa Trujillo, actual directora del citado recinto.

Hoy, la biblioteca pública del ejido San Antonio del Coyote lleva por nombre oficial José Paz Rivera. Este espacioforma parte de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas (RNBP).

Don José Paz Rivera falleció el 13 de noviembre de 2003 a la edad de 81 años. “Al cerrar los ojos, quisiera volver a lo de antes. Una cosa sorprendente, todos sus hijos contentos ahí con él cantando. Yo me siento muy orgullosa de ser su hija, de llevar su apellido”,comparte Martha Rivera, quien aún conserva como un gran tesoro algunas escrituras de su padre, fotografías y los recuerdos de una vida llena de versos y música.

niffercr2@gmail.com

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